¿Acabará el móvil con el dinero tal y cómo lo conocemos?

El 31 de octubre de 2018 los cheques británicos dejarán de existir, según acordaron hace 15 dÃas los miembros del Consejo de Pagos del Reino Unido, que pretenden finiquitar un sistema que hoy sólo utilizan jubilados. El final de los cheques es especialmente llamativo en el Reino Unido, no sólo porque durante varias décadas han sido una forma de pago muy popular, sino porque fue en Londres donde se firmó el primer cheque de la era moderna.
Hoy, los nostálgicos del papel moneda, en todas sus variantes, ven más que nunca cómo la sombra del final del dinero fÃsico se cierne sobre ellos. Según los expertos, en 2015 los pagos en efectivo serán por primera vez minorÃa en Europa. Más allá de las tarjetas de crédito, sustitutas naturales del efectivo, nos enfrentamos a una nueva era donde el dinero no se verá ni olerá.
El ser humano lleva años reclamando un sistema de pago seguro que reemplace al dinero en efectivo, que sirva para pagar desde las cosas más nimias, como un chicle, hasta las compras más elevadas. CientÃficos de la Universidad de Oxford han presentado una tecnologÃa que tendrá la capacidad de hacer pagos de persona a persona, tales como prestar dinero a un amigo, dar la paga a un hijo o abonar el butano a un repartidor, simple y rápidamente, utilizando los móviles actuales.

Hoy ya tenemos la tecnologÃa que permite a cualquiera crear fácilmente una conexión entre dos dispositivos: Bluetooth, WiFi, SMS…. ahora solo falta una codificación universal que impida que nadie intervenga en esa conexión.
El núcleo de la tecnologÃa de la Universidad de Oxford es un protocolo de seguridad que permite a los usuarios generar claves criptográficas que se producen tanto en el emisor como en el receptor, que son aleatorias y no necesitan ser secretas. Este código numérico corto (4-8 dÃgitos para la mayorÃa de las aplicaciones) es para ambas partes de la transacción el mismo. Esto garantiza que el cliente móvil se conecta a la tienda correcta, o al móvil de la persona que desea pagar, que debe tener el mismo número generado por el protocolo de seguridad.
El pago en sà mismo podrÃa hacerse de varias formas: usando el dinero electrónico o de crédito almacenada en un teléfono móvil, a través de la autorización de un pago con tarjeta de crédito, ordenando a un banco pagar a un comerciante o a otra persona una cierta cantidad…Pero siempre, tras comprobar a quién va destinado ese dinero.
Algunos ejemplos que sirven para digerir el concepto:
Fulano es un fontanero de urgencia y hay que pagarle después de que nos cambie un grifo. Simplemente hay que poner en contacto ambos teléfonos y asegurarse de que los dos códigos calculados por sus teléfonos están de acuerdo. Luego sólo hay que transferirle el dinero.
Mengano quiere comprar un billete de autobús. Su teléfono establece una conexión Bluetooth con el autobús, y se confirma que el código que aparece en su teléfono y la máquina expendedora de billetes son iguales, comprando el billete de su elección.
Zutanito necesita que le den su paga. La madre le transfiere el dinero sin problemas gracias a una clave permanente que ha creado previamente entre su teléfono y el de su hijo, una clave que le permite la transferencia de créditos sin que el niño necesita tomar ninguna acción.

En cada caso, la comparación de los códigos hace que sea inútil la existencia de un hombre un “in-the-middle” que intente romper el pago, ya que el beneficiario aparecerá como un nombre, con un logotipo de empresa o una fotografÃa que es verificada por el ordenante, unos datos que también se incluyen en la instrucción de pago electrónico que se dirige automáticamente al gestor monetario que proceda.
Y lo mejor, no hará falta ninguna modificación de hardware en los teléfonos, lo que alegrará sobremanera a los bancos, últimamente algo cansados por la poca penetración de los pagos a través de móvil
Se trata, en suma, de un sistema que busca parecerse lo más posible el acto de firmar un cheque, algo a lo que la gente ya está acostumbrada y que permitirá poner al ordenante a cargo de la conexión y dejar que él o ella tenga control directo sobre cuánto se paga y a quién. Al fin y al cabo los cheques no desaparecerán; simplemente se harán invisibles e inalámbricos, pero seguirán estando presentes en nuestras vidas.

Fuente; Universidad de Oxford
Muy interesante. Coincido con tu conclusión. Al final de cuentas, y aún cuando a los fines prácticos esto puede facilitar el acto de intercambio, el dinero –”estándar” del sistema monetario– seguirá siendo una constante como “concepto” de “valor” más allá de la manifestación práctico-simbólica de ese “concepto”… ¿No?
Existe un proyecto que años atrás trató el tema del “futuro del dinero” como “concepto”: http://www.kashklash.net/ –tal vez resulte interesante darle un vistazo.
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