Una cápsula del tiempo para Barcelona
El proyecto de crear una cápsula del tiempo para ser abierta dentro de 150 años se enfrenta a toda una serie de desafÃos logÃsticos y tecnológicos.
Este año se cumplen 150 años desde la aprobación mediante una real orden del gobierno español del Plan Cerdá, diseñado para regular la expansión de la ciudad de Barcelona más allá del área que ocupaba dentro de sus murallas, derribadas en 1854, y puesto en marcha definitivamente el 4 de septiembre de 1860 cuando la reina Isabel II colocó la primera piedra del barrio que recibirÃa el nombre del Ensanche en lo que hoy en dÃa es la plaza de Cataluña.
Aunque en su momento fue recibido con un fuerte rechazo, entre otras cosas por haber sido impuesto por el gobierno central frente al plan de Antoni Rovira i Trias que habÃa ganado un concurso a tal efecto convocado por el ayuntamiento de la ciudad, con el paso del tiempo el Plan Cerdá fue ganando reconocimientos, en especial porque en él se daba prioridad a las personas frente a las calles, edificios o jardines, y aunque con el tiempo también se ha ido desvirtuando debido a presiones de distinto tipo, entre ellas las de los propietarios de los terrenos y la especulación, la ciudad quiere celebrar este 150 aniversario de su aprobación con distintos actos.
Uno de los proyectos incluidos dentro de lo que se conoce como el Año Cerdá es la creación de una cápsula del tiempo que será cerrada en junio de 2010 y abierta en 2159, coincidiendo con el 300º aniversario de la aprobación del plan.
En ella está previsto introducir tanto materiales e información originales de 1859 como imágenes y mensajes actuales, imágenes que se están recogiendo mediante un «videomatón» que itinera por distintos puntos de la ciudad y mensajes que se pueden dejar en la web creada al efecto.

Videomatón de Barcelona 2159

Web de Barcelona 2159
Crear esta cápsula del tiempo no es algo trivial, ya que hay que decidir de qué material se fabrica, donde se guarda, si es necesario enterrarla o no, y quién será responsable de su custodia, ya que por muy resistente que se haga de poco servirá si alguien se empeña en vandalizarla o en robarla.
Pero sin duda va a ser mucho más complicado decidir en qué formato y soporte se van a guardar estos mensajes y vÃdeos que se quieren recoger, pues si bien la documentación en papel de hace siglo y medio seguirá siendo accesible cuando se abra la cápsula en 2159 a poco que se almacene cuidadosamente, nadie puede estar seguro de que para entonces existan dispositivos capaces de leer los soportes digitales que eventualmente se puedan escoger -suponiendo que estos no se estropeen de aquà a entonces- y los formatos en los que vaya esta información.
Y es que a poco que nos remontemos a los aproximadamente 50 años de historia de la informática moderna es fácil encontrar una mirÃada de soportes y formatos obsoletos que han ido condenando al olvido, sin necesidad tan siquiera de irnos a las tarjetas perforadas.
Con la popularización de las unidades de CD y DVD, y especialmente con la de las memorias USB los diskettes llevan ya años en franco retroceso, y aunque todavÃa es posible adquirir ordenadores con lectores de diskettes de 3 1/2 pulgadas, a estas alturas ya resultarÃa extremadamente complicado hacer lo propio con una unidad para diskettes de 5 1/4, por no hablar de cuando los ordenadores domésticos más populares almacenaban sus programas y datos en cintas de casette.
El problema tampoco se reduce a encontrar dispositivos capaces de leer esos discos, cintas o tarjetas, sino a la propia durabilidad de los soportes en cuestión, pues ya nos hemos topado con que soportes que según los fabricantes tenÃan que durar decenas de años, cuando no un siglo, han fallado mucho antes, como por ejemplo los CD, que poco tiempo después de salir al mercado empezaron a mostrar, al menos en algunos casos, una especie de putrefacción de la capa en la que se almacenan los datos que los hace ilegibles.
El almacenarlos en discos duros o memorias flash tampoco es garantÃa de que vayan a estar disponibles al cabo de estos 150 años ya que en el caso de los discos duros es más que probable que al cabo de todo ese tiempo los mecanismos de estos no funcionaran y, en cualquiera de los casos, la información en cualquiera de estos dos soportes podrÃa haberse borrado ya que las cargas magnéticas y eléctricas que la almacenan respectivamente en ellos respectivamente podrÃa haberse disipado antes.
Quizás algún tipo de ROM en el que la información está codificada fÃsicamente un un chip podrÃa ser la alternativa ya que a menos que este se destruya la información seguirá estando ahÃ.
En cualquier caso, conseguir que el soporte sobreviva fÃsicamente y con él la información que almacena es solo la mitad de la ecuación, pues como decÃamos antes, está también el tema del formato en el que se almacena esta y el hecho que tendrá que haber programas capaces de leerla dentro de siglo y medio, algo que puede no ser trivial, en especial si tenemos en cuenta que a veces versiones sucesivas del mismo programa publicadas por el mismo fabricante a lo largo de unos pocos años no son capaces de leer los archivos de las versiones más antiguas.
De todos modos, en este caso es más probable que la solución sea más sencilla y que pase por almacenar la información en formatos abiertos que no dependan de ningún fabricante como son el texto plano y el mpeg.

Cartucho de 8 pistas
Este problema, por cierto, no se circunscribe al ámbito digital y de los ordenadores, sino que llevamos años viviéndolo con las pelÃculas en Súper 8, su paso a VHS, Beta o, incluso a VÃdeo 2000, de ahà a DVD, y del DVD quizás a discos multimedia, y de ahà quien sabe a donde, o con los discos de vinilo y los casetes y su paso a digital en CD y más tarde a mp3, o las fotos, que con la popularización de las cámaras digitales ya casi nunca se imprimen.
Lo peor es que todo esto es un proceso que no tiene pinta de tener fin, ya que la evolución de la tecnologÃa y las ofertas de los fabricantes están siempre tentándonos, si no con el siguiente gran formato, con el siguiente gran soporte, «definitivo» hasta que invente uno nuevo.
Por todo esto la tarea del grupo de expertos que el ayuntamiento de Barcelona ha reunido para diseñar la cápsula y decidir los formatos a utilizar, cuyas deliberaciones se pueden seguir en el blog del proyecto, no es nada sencilla, aunque ni ellos ni nosotros, ni probablemente nuestro legado digital vayamos a estar aquà cuando esa cápsula se abra para comprobarlo.

Propuesta para señalizar un depósito de residuos nucleares
Pero para trabajo difÃcil y a muy largo plazo es el de los encargados de buscar la forma de señalizar la ubicación de un cementerio de residuos nucleares, que será peligroso durante muchos miles de años, intentando que cualquier señal que dejemos atrás pueda ser interpretada por una civilización futura que poco o nada comparta con la nuestra.
Información Bitacoras.com…
Valora en Bitacoras.com: El proyecto de crear una cápsula del tiempo para ser abierta dentro de 150 años se enfrenta a toda una serie de desafÃos logÃsticos y tecnológicos. Este año se cumplen 150 años desde la aprobación mediante una real orden del …..
[...] Una cápsula del tiempo para Barcelona 2159 [...]
Es una idea muy interesante…me recuerda a las cápsulas del tiempo que salen siempre en las pelis americanas…
En la misma lÃnia he encontrado otra iniciativa que se llama El mural del futuro… es un página colaborativa en la que se pueden subir las fotos sobre lo que son nuestras visiones de futuro. Yo ya he subido mis fotos
Aquà os dejo el link para que le hechéis un ojo
http://tiny.cc/1TMoT
Suscripción RSS a los comentarios de esta entrada.
Disculpa, los comentarios están cerrados.