Empresas con alma: cultura, anticultura e incultura

Del 1994 al 2001 tuve la increíble suerte de vivir en primera línea el nacimiento de Internet en España y de aquello que se llamó la “burbuja”. Lo viví tan directamente que exploté a la vez que el “puntocom”, en una espectacular y terrible suspensión de pagos de un grupo de más de 600 personas. Vivir es equivocarse y equivocarse es aprender (a veces). Tiempos revueltos, que a mí me parecieron en aquel momento lo peor que me podría pasar, profesionalmente hablando, y curiosamente fueron justo lo contrario…(sin esa crisis no existiría Pocoyo por ejemplo)
Pero hoy no quiero hablar de esa ascensión y caída de una de esas compañías, ni de lo que vino después… Quiero hablar de la oportunidad que tuvimos en esa época de cambiar cosas y de soñar con nuevas estructuras de relación entre la gente que conformaba la empresa, equipo humano, líderes, fundadores y el objetivo del negocio. Por primera vez mirábamos un proyecto no sólo basándonos en el dinero que podíamos ganar, sino en el valor, el equipo y el amor que generaba…(sí, he dicho amor…)
Durante esos años pudimos hacer muchos cambios y ¡vaya si los hicimos!. Y ¡vaya si nos criticaron por eso!. En un brevísimo espacio de tiempo nacieron compañías por todos lados donde se hablaba de compartir beneficios, de “stock options”, de tiempo libre, de cultura de empresa, de sentimiento de equipo, de orgullo del trabajo realizado y hasta de masajistas y dj´s (yo lo era de Teknoland..:-D)… Durante esos años nuevos emprendedores vieron la oportunidad de construir de una forma diferente y a la vez, ironicamente, empresarios mas clásicos se dieron cuenta de que no podían acceder al talento sin ofrecer similares oportunidades. Muchos, y me incluyo, decidimos que “Empresa” no era un sinónimo de enriquecimiento sin más, sino que era un camino que iba más allá, relacionado mucho más con la pasión por productos de excelencia, y por sentirse pertenecer a algo grande y transformador.
Bien es verdad que aquello duró solo unos pocos años, y luego aquello se convirtió en un baile de especulación, de sinsentido y de bancos de inversión de dientes afilados…y así nos fue.
Y aunque a algunos todo esto les pueda parecer una frivolidad de “empresarios new-age”, la verdad es que 15 años después vemos que la mayoría de las iniciativas empresariales atractivas en el mundo, y en donde a muchos nos apetecería estar, son aquellas que pueden presumir de trasmitir un alma que esta en ese producto y a la vez en el trabajador, en la tienda, en el diseñador, en el comercial, en la decoración de la oficina, en la imagen corporativa o en la manera de repartir los beneficios que el éxito conlleva y por encima de todo, y permitidme que esto lo subraye, que es el reflejo de un proyecto que tiene sentido.
Un alma que se ve en la determinación de un grupo de profesionales que duermen en la oficina para acabar un trabajo, en como hablan de su compañía, en que consumen sus servicios y productos con orgullo o en cómo celebran los objetivos logrados. Cabezota como soy, he seguido empeñado en trasmitir en cada una de las empresas que he fundado mi pasión y mi forma de ver el mundo y en cada una de ellas he intentado ir un poco más allá. Creo que es vital hacerlo así y que eso diferencia enormemente una compañía de una COMPAÑÍA (en mayúsculas). Entiendo la tentación de ver este modelo como infantil e inservible, pero dejadme deciros que nos ha dado extraordinarios resultados empresariales en forma de grandes negocios y de proyectos transformadores y globales.
Aquellos tiempos del Boom de Internet pasaron y hemos vivido unos años donde, sobre todo en España, lo que hemos visto está lejos de este alma. Mucha especulación inmobiliaria o financiera; vuelta al pasado: dinero-y-sólo-el-dinero. De aquel “Internet Bubble” nacieron corrientes muy críticas con este pensamiento de cultura de empresa aparentemente poco práctico, “naive”, y que acababa generando gasto y falsas expectativas en los empleados.
Así que, además, ahora tenemos que luchar contra una visión tremendamente negativa de la figura del empresario/emprendedor, (y algunos políticos no ayudan mucho, la verdad). Es cierto que muchas veces esa visión está causada por el propio empresario, que en muchos casos ha recurrido, directa o indirectamente, a la “anticultura” del mal genio, a la muerte del espíritu de equipo, del no asumir la responsabilidad por tu trabajo, al recurso del descalificativo fácil y de la autoridad entendida como “mano dura”. Es verdad que hay también ejemplos de empresas que funcionan y prosperan aplicando esa “anticultura”, pero casi todas ellas fueron creadas en los años 70-80, en los que vivíamos una realidad social y económica muy distinta a la que vivimos ahora.
Necesitamos otra forma de ver las empresas, necesitamos conseguir que las gente las vea como algo diferente a “unos pocos queriendo enriquecerse”, hay que cambiar la fórmula a ” algunos-muchos intentando cambiar el mundo”. Afortunadamente hay bastantes ejemplos de empresas extraordinarias que se basan precisamente en una cultura y un espíritu fundamentalmente positivo, y lo sorprendente es que cada vez son más. Empresas que proyectan externa e internamente unos nuevos valores que el cliente reclama y que, ahora sabemos, no se consiguen más que por un camino.
Por ejemplo, todos los trabajadores de Patagonia, productora de ropa y equipos de montaña, son amantes del aire libre. Cuando hay buenas olas, abandonan las oficinas y se van a hacer surf. Esto crea un ambiente de trabajo caótico, pero también garantiza que los empleados sepan reconocer un material de surf extraordinario cuando lo ven y eso irremediablemente le llega al cliente final. ¿Quién no querría conocer este tipo de productos o incluso trabajar en esta empresa?
What If? Innovations ha sido nombrada varios años consecutivos como uno de los “lugares de trabajo más felices de Reino Unido” y destaca por una política de recursos humanos volcada en los objetivos personales y profesionales de los empleados y por un espacio de trabajo realmente divertido.
De hecho, si no me equivoco, la revista Fortune publica todos los años una lista con las “Cien mejores empresas en las que trabajar” en la que son habituales organizaciones como Google o Starbucks o como NetApp, que lidera el ranking del 2009 y destaca, entre otras cosas, por una política específica para los viajes de empresa: “Viaja y controla tus gastos, pero no vuelvas a casa cansado como un perro por ahorrar unos cuantos dólares”.
El alma de una empresa es responsabilidad del emprendedor, es una prolongación de su personalidad, de su forma de ver la vida y tiene que ser un ejemplo en su estilo directivo, en las relaciones con el equipo y en su relación con los clientes /usuarios/consumidores. Es una” marca” personal que acaba trascendiendo de uno o pocos individuos a una compañía entera, crece en la estructura, de una manera muy vertical, y hace que las personas que participan en ese proyecto o que lo consumen, acaben siendo extraordinarios amplificadores dentro y fuera de la compañía
El secreto, quizás, es no enfocarse tanto en hacer dinero como en hacer las cosas bien… las ganancias vendrán solas. El dinero es importante, vital , pero no es el principal factor para lograr, por ejemplo, empleados satisfechos, eficientes e implicados en los objetivos de un proyecto. El secreto está en crear empresas que aporten algo, que tengan sentido, sentido, sentido, sentido, sentido…(me lo repito como un mantra). Y creo que a ese concepto de bien es a lo que fundamentalmente debemos dar una vuelta de tuerca los emprendedores de hoy que vamos a intentar ser los emprendedores del futuro.
Lo de la foto no será tu jardín, ¿verdad?
Lo clavas. Pero que nadie piense que hablas de la imagen que hay que dar mientras te enriqueces, se trata de transmitir otra realidad. Que las empresas cambien su realidad, que a la larga mejora la imagen y los resultados llegan detrás. Muy bueno.
jajajaja, ojalá!, era la casa oficina donde vivía en California, en frente de la playa!!! fueron unos meses muy chulos la verdad…
Tenemos la suerte de saber de lo que estas hablando, y de haber disfrutado en nuestra vida de un momento tan especial.
Nunca pensé que hubiese alguien que lograra transmitir de una manera tan clara y cercana, el mismo sentimiento que tengo en mi día a día, cuando intento aportar valor a mi incipiente marca y lo hago desde un punto de vista del sentido, la profesionalidad y el valor de las ideas que transmito. El libro ” el arte de empezar ” fue el que encendió la mecha para pasar de la idea a la realidad y una de las cosas con las que me quedé que el libro destacaba en varias ocasiones fue: ” crea algo que consiga hacer de este mundo un lugar mejor “. Chapó. Talento en Juego.
No puedo estar mas de acuerdo. El problema ha sido historicamente (y sobre todo en algunas culturas) en la percepcion de la gente existian dos polos. Por un lado el empresario ser cruel y frio (y muchas veces aburrido) que se enriquecia; por el otro el buen rollo de amiguetes que nunca hacian nada serio y que no eran muy fiables pero se lo pasaban bien y trataban a la gente bien.
Eso binomio lo estamos destruyendo. Se puede crear riqueza y ganar mucho dinero y a la vez tener pasion, hacer crecer a la gente, crear.
Tu D, sabes mucho de eso
Bien David. Emprendedor en estado puro. Sueños factibles y nobleza productiva. Gracias a gente como tu vivimos hoy mejor.
Enhorabuena.
Leyendo esto me ha venido a la cabeza una historia de hace unos cuantos años. Alrededor de 1990 trabajaba como diseñador en una agencia de publicidad, durante unos meses un muchacho de una empresa de formación nos dió unos cursos de diseño, uso del Freehand, Photoshop y tal… era un chaval nervioso, algo inconstante pero con una energía enorme, quizá eso le dispersaba un poco y llegaba casi todos los días tarde, el director de la agencia le echaba unas broncas siderales por hacernos esperar a todos, éramos los dos muy jóvenes, casi ni 20 años teníamos, y nos hicimos amiguetes.
Una tarde de cañas en un bar, despues de una de las broncas, charlábamos sobre la tensión y el mal rollo que se vivía en todas las empresas entre empleados y directivos y nos alucinaba que un jefe no se dieran cuenta de lo negativo que era para todos y para la compañia que hubiera esa presión constante. “El día que yo tenga una empresa (me dijo él) todos mis empleados vendrán a trabajar con ganas, porque del primero al último tendrán libertad para hacer lo que les guste y disfrutarán trabajando, será una empresa diferente a todas, y si se hunde por eso me dará igual”
Aquel muchacho era David Cantolla.
Poco después yo entré como director de arte en otra agencia y le llamé para que diera más cursos a la gente del departamento, aunque esta vez fue todo más relajado y nadie le daba la brasa por llegar tarde, en esa compañía también se respiraba la misma tensión y yo desde mi puesto de jefecillo de chichinabo recién llegado tampoco podía hacer mucho al respecto. Cuando terminó su trabajo nos despedimos y me dijo que se marchaba a Estados Unidos por varias razones, pero básicamente quería vivir y hacer surf. “Si vuelvo dentro de unos años y nos vemos seguro que tu eres ya un superdirectivo de la publididad y yo sigo dando tumbos” me dijo “pero tengo que hacerlo…” por aquel entonces no teníamos ni teléfono movil ni email, y el fundador de Facebook debía tener ocho o nueve años; así que perdimos el contacto.
En el año 2000 aterricé en Teknoland por casualidad, sin tener ni idea de que él estaba detrás de todo aquello, me encontré una empresa como la habíamos soñado diez años antes, como ya sabéis todos que era, y me hizo darme cuenta de que otro mundo sí que es posible, él había conseguido lo que buscaba y cualquiera de nosotros también podría conseguirlo, hay que tener un objetivo… objetivo… objetivo… un sentido a lo que haces. Aquella aventura no duró mucho más, ya era demasiado grande, y tampoco he vuelto a coincidir con David, pero estoy seguro de que Zinkia y el resto de cosas que ha montado después respiraban la misma energía.
Vaya ladrillo de comentario que me ha salido, en fin… enhorabuena al que haya llegado leyendo hasta aquí. Ahora, casi veinte años después, el superdirectivo es David y yo el que continúa dando tumbos, pero me alegro de poder contar aquí esta historia, por si le sirve a alguien que la lea y esté comenzando ahora su aventura.
He compartido y comparto parte del camino y tienes toda la razón
¡qué bonito artículo!
jajajaja ole Cesar! cuantas cosas han pasado desde entonces!!!! que bonito comentario, mucho mas que el post!
Nos hacemos mayores ?
“Búscate el pan y haz luego lo que quieras” me recomendaba el sabio de mi padre cuando me empeciné en estudiar Bellas Artes… No lo tuve nada fácil pero ingresé y conocí a gente con Alma (y a gente sin ella). Nunca entendí cómo después de una jornada aún hay personas que vuelven al mundo intactos, cuando se supone has estado horas en talleres, entre herramientas, aglutinantes y disolventes. Cual mayo del 68 tuvimos lo nuestro con una huelga estudiantil, eso sí, japonesa. En mi opinión nunca antes se había trabajado tanto y tan bien aunque los intereses fueran entonces más políticos que artísticos. Chocábamos los unos con los otros. Tú, David, ya estabas pescando en California. Con todas las de perder un buen día me sonrió un Classic de Mac y aparqué la Escultura, tarifando eso sí, con todo el Departamento incapaz de calificar piezas conceptuales que hacía con cemento y otros materiales fuera de su Plan. No presentado, figuraba en las listas. Y me fuí con uno de los mejores tipógrafos del momento a empaparme de Autoedición y buen hacer editorial. (jo, viajaba la info en moto… ) Con aquella suitcase volvimos a coincidir en aquel “boom de las punto com” y bendita la hora, porque por doquiera que voy insisto en que hay una manera de hacer bien las cosas, con ese “mantra”, con sentido. Recuperando el trabajo en equipo, volviendo al taller a “mancharnos las manos” y a decidir entre todos si es mejor pegar, grapar, soldar o ensamblar las ideas con las necesidades, o cuando es preferible enharinar, salcochar o embutir la vida con la vida.
Un placer leerte y escribir en esta “cooking table”, y por muchas veces. Ahora que pronto soplas velas, vayan de postre unas de Vinalopó con Idiazábal y… ¡Salud!, que no nos falte.
Lo mejor de todo lo que has escrito no está en el texto sino en comprobar que existe gente como yo.
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