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La imperfección de la perfección

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“If you want to ride the ultimate wave, you have to be willing to pay the ultimate price.” (“Si quieres surfear la mayor de las olas tienes que estar dispuesto a pagar el mayor de los precios”.

Esta historia de Mark Foo la cuento de oídas, y tal vez no todo sea exactamente así… Si alguien sabe mucho de surf que no se enfade. Lo importante de esta historia es la parte romántica:

A los 19 años, Mark Foo era un surfista profesional, uno de los grandes del ISP World Tour; pero sólo tres años después decidió abandonar la competición para surfear olas gigantes en Waimea, Hawaii y dedicó su vida a perseguir la ola inalcanzable.

La física de coger olas tiene que ver con variables y principios básicos como: velocidad de la ola, velocidad del surfer, tamaño de la ola, longitud de la tabla, energía cinética, etc… Teniendo en cuenta estas variables dentro de las ecuaciones, se llega a deducir que a partir de un tamaño de entre 12 y 15 metros es imposible subir o entrar en la ola de la manera tradicional, o sea “remándola”. Con esa altura, las olas se mueven a una velocidad de mas de 40 kilómetros por hora, y tus pocas posibilidades son:

1.- No llegar a la ola y que te pase por debajo

2.- Caer a plomo, cuando ya ha roto, bajo toneladas de agua (con muchas posibilidades de romperte el cuello, no sería el primero al que le pasa)

3.- En el límite del tamaño de ola y dependiendo de la longitud de la tabla, aunque consiguieras hacer el “take-off”, la inercia que te proporciona tu remada no te proporciona energía suficiente para deslizarte a la velocidad necesaria por la ola, y esta acabaría atrapándote (ver punto anterior).

Los surfers de olas gigantes lo saben, y ahora surfean esas olas con la ayuda de motos de agua, lo que se llama “tow-in” surf, pero para Mark Foo ese era el reto: subirse en la ola imposible sin ayuda. Y es a eso a lo que dedicó su vida.

El 23 de diciembre de 1993, murió en un accidente surfeando una ola gigante en Mavericks, tal vez la ola mas famosa de la costa de California.

Ahora una historia mucho menos mítica:

En 1997, y tras muchos años de afición, me apunté  a una escuela de ajedrez con el maestro Yan, donde estuve un par de años estudiando y compitiendo. Empecé a comprar montones de libros sobre aperturas, medio juego, problemas, defensas, sacrificios…Pasaba horas analizando finales y celadas, ensayando con el ordenador y resolviendo esos problemas del periódico que dicen “juegan blancas y ganan”. Tras dos años de intensísmo estudio y entrenamiento al límite, conseguí llegar a ser un jugador…lamentable

No exagero.

Jugaba cientos de partidas de todo tipo al mes: “Blitz” (rápidas); sin límite de tiempo; contra el ordenador; en la escuela o en campeonatos… y acabé entrando en un bucle obsesivo intentando ganar partidas imposibles. Si jugaba una partida y la ganaba era porque, o bien había tenido suerte o bien era mejor jugador que mi contrario, y ambos casos hacían de la partida algo insatisfactorio. Por otro lado, si jugaba una partida y perdía me sentía fatal por no conseguir ganar a alguien mejor que yo. En resumen: si ganaba, perdía, y si perdía, perdía.

La diferencia entre el caso de Mark Foo y la del lamentable jugador de ajedrez es obvia. La primera es la historia de un ser único. La segunda es una versión exagerada de la de aquellos que se retan a ser los mejores y al no serlo se frustran por el camino. Ambas historias hablan de la búsqueda de la perfección, pero la primera habla de la perfección como viaje y la segunda habla de la perfección como meta. Ambas, aunque salvando las distancias, son historias tristes porque, por desgracia, la gran mayoría de las veces alcanzar ese objetivo imposible conlleva un peaje elevadísimo.

La cuestión, en términos generales, no es si debemos aspirar a la perfección o no, sino cómo buscarla. Cuando estás dedicado en cuerpo y alma a hacer algo, ya sea un cuadro, un diseño, una serie de televisión o una empresa, la búsqueda de la perfección suele ser un peligroso compañero. Si no se consigue tomar la suficiente distancia como para saber parar a tiempo y permitirse el fracaso, lo que aparentemente era una motivación para sacar lo mejor de tí, puede convertirse en el principio básico de muchas desilusiones.

La curva del proceso de creación es muy gratificante y avanza muy rápido en el corto plazo, pero a partir de ahí, las pequeñas mejoras generadas por la obsesión de la perfección suelen ser poco rentables en términos esfuerzo/resultado. Peor aún, si sigues profundizando más y más en llegar a esa inalcalzable perfección (inalcanzable porque cuando llegas a ella inmediatamente quieres ir más allá, y el proceso se reinicia), es probable que en un momento dado te “ilumines” y todo lo que has hecho se desmorone, porque de pronto, “de manera objetiva”, te parece que lo que has creado es basura y carece de sentido.

Intentar alcanzar la perfección es la historia de intentar llegar al horizonte, a un punto que se mueve, a un lugar que no existe. En términos generales lleva a la ineficiencia y al sufrimiento, salvo que seas muy consciente de que sólo es el “drive” que te mueve y no el destino que te espera. Una buena máxima sería mantenerse en la búsqueda de la perfección, pero sólo mientras el viaje merezca la pena.

He hecho ese gráfico de arriba a ver si con un dibujo se entiende mejor a qué me refiero. aqui en grande

Comentarios: 11

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Tío eres un genio. La clave ahora es encontrarse siempre ante diferentes retos de modo que en alguno de ellos te encuentres en la motivante fase creativa. Esa energía te permite cocinar el resto de proyectos con buen humor e incluso acuñar algún buen guiso.

Al agua patos!

Comentario ALFONSO | noviembre 20, 2009 | 9:58 am

Buenísimo, ya está rulando por Twitter. Y me lo voy a pegar en la pared de la oficina y de mi casa.

Comentario Juan Quijano | noviembre 20, 2009 | 10:11 am

Muy bueno, muy bueno, EL VIAJE como objetivo, sentir y vivir cada día en lo que hagas, el destino puede variar, la ola más grande, o la más rápida, o la más arriesgada, VIVIR cada una es la clave. La gente que hace el camino de Santiago siempre habla mucho más del VIAJE que del propio Santiago, verdad?

Comentario Gaufrido | noviembre 20, 2009 | 12:57 pm
  1. e4
Comentario Richard Aaron | noviembre 20, 2009 | 1:29 pm

Mi opinión personal es que hay que buscar la perfección de uno mismo, buscar quién eres y perfeccionarlo, no querer perfeccionar lo que son otros en ti. Bueno, yo me entiendo…jejeje. Pero es cierto lo que dicen los comentarios, la vida no es un destino, es un viaje. Disfruta mirando por la ventanilla.

Comentario Jose Carlos León | noviembre 20, 2009 | 3:41 pm

Me ha gustado mucho. Muy bueno.

Comentario Toro Sentado | noviembre 20, 2009 | 6:08 pm

Uggrrrr…. ni te imaginas como recuerdo la imperfección que manaba a raudales de la perfección en ‘sonrissa’. Sabiduria enlatada. Beso ;)

Comentario Carlos González | noviembre 20, 2009 | 6:51 pm

David, que grande eres. Yo tuve prácticas de ajedrez en mi infancia (con el de los Juegos Reunidos…) hasta que, lleno de mocos y con peones de baja, pasé a uno “de verdad” con piezas de madera. Digo pasé cuando debiera decir pasamos. Jugábamos entre hermanos. Tanto era así que el mayor nos tumbaba al resto. Siempre. En todas las partidas. Un día, muy cerca del jaque mate y animada por los peques, yo veía con emoción la posibilidad de mi primera victoria cuando, ¡zasss! me enrocó. Y se fue. Gran momento para pillarle el manual de la parte alta de su estantería y empaparnos de sus ventajas, practicar entre nosotros y volverle a retar. Pasó tiempo hasta que volvimos a jugar ya más entre iguales. Aprendiendo a perder. Porque sabes las reglas del juego y que el otro es mejor que tu. O, chincha, que ya me aburro de ganarte. Cuando es con uno mismo es fácil caer en la obsesión. Nada parece suficiente y en el fondo, hablo por mí, no somos tan rectos. El gráfico es genial. Gracias por tu contar y por los enlaces a las olas. ;D

Comentario ZeliaBlue | noviembre 21, 2009 | 2:01 am

[...] La imperfección de la perfección [...]

Pingback La imperfección de la perfección | noviembre 22, 2009 | 1:18 pm

Hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana, escribí un artículo que se llamaba “Elogio de la incompetencia”. No está en Internet, era para una revista que… Bueno, esa es otra historia. Lo cierto es que el tuyo es mejor. Yo gano :-)

Comentario Iván Rivera | noviembre 22, 2009 | 4:57 pm

David. Excelente post de nuevo. Un buen simil que reafirma el 80/20 rule o la expresión que dice que “lo mejor es enemigo de lo bueno”. Y a los que os va el surf os puedo recomendar la peli “Riding Giants” donde se descubre la historia de las olas gigantes y como pasa gradualmente al tow-in. También se cuenta la triste historia de Mark Foo y su primera ola en Mavevricks http://www.youtube.com/watch?v=ADy8f6t4Ri8

Comentario Inigo | noviembre 24, 2009 | 8:14 pm

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