La oportunidad de no ser ellos

Me di cuenta de que me estaba haciendo mayor cuando empecé a hablar con la televisión. En un momento dado me encontré gritando a algún contertulio de algún programa de alguna cadena. Recuerdo perfectamente a mi padre haciendo lo lo mismo, teniendo una opinión e intentando que alguien en la tele le escuchara. Así me encontré a mi mismo, cabreado, peleando por hacerme oír por un electrodoméstico que solo escupe información como un grifo abierto. Me hice mayor de pronto y supongo que a muchos les ha pasado como a mi. La televisión que me acompañó mientras crecía, no me dejó hablarle cuando tenía algo que decir. Despreciado, anónimo, como mi abuelo, como mi padre, y como la mayoría de los que a mi edad aun la ven.

Es poco discutible que la televisión es un reducto de incultura, movida por el “todo vale por la audiencia” y justificada en el falso supuesto de que esa misma audiencia manda y de que la gente es libre de apagar la televisión. Difícil definir dónde poner los valores, porque el ideal de la libertad de mercado hace que los medios se muevan como el agua, por el sitio por donde fluye de manera mas fácil el dinero, cauce reflejo de nosotros los consumidores, de nuestros miedos, nuestras angustias y nuestras miserias.

A mediados de semana asistíamos estupefactos a una entrevista en un telediario nacional que una periodista hacía al asesino (juzgado y condenado) de una chica, al que después de cumplir una condena en un centro de menores habían detenido por intentar robar un coche. Lo que este chico hizo es una de las cosas más horribles que nadie pueda imaginarse. Lo que no deja de ser irónico es que si yo quiero anunciar en televisión un producto que fabrico con mucho esfuerzo y cariño, tengo que pagar una millonada por treinta segundos de exposición. El otro día, la maldad absoluta conseguía siete minutos de pantalla. Como no le voy a gritar a la televisión.

Por suerte eso que vemos no es el mundo donde vivimos, es solo una parte, normalmente la parte fea.

Los medios, y todavía con un papel predominante, la televisión, son una herramienta fundamental en nuestro proceso de construcción de la realidad, en nuestra forma de valorar lo que está bien o mal y en nuestra capacidad de descubrir qué podemos hacer para encajar en la sociedad.

En teoría no te deberían decirnos qué debemos pensar de las cosas, pero una de las pocas maneras que tiene de diferenciarse es precisamente opinando, dando un mensaje parcial espejo de la “personalidad del medio” y marcándonos nuestra agenda ideológica. Por otro lado, y por si fuera poco lo anterior, nos dicen sobre qué pensar. Lo que no sale en los medios, no existe… ¿No existe? Si existe, pero no forma parte de nuestra realidad.

Creo que ya lo decía en otro de mis artículos, y estoy más que seguro que es algo que José Carlos León dice con regularidad; somos la sociedad que más información consume al día en la historia. Antes los medios eran unidireccionales y teníamos la información justa para tener luego conversación en el bar y hacer avanzar la sociedad en una dirección. Teníamos, más o menos, una realidad común a la que todos mirábamos como referencia. Mientras compartiéramos eso, todo iba bien.

El caso es que igual que nos hicimos mayores de pronto, dejamos de hablarle a la tele en cuanto encontramos una fórmula para ser escuchados y esta vez como realmente queríamos que fuera: sin exposición, anónimos, exigentes, caprichosos, llenos de opiniones. Educados por unos medios que no necesitaban oírnos, ahora somos nosotros los que no queremos escuchar. Nos hemos convertido en ellos. Los llamados medios tradicionales vuelven los ojos a los “new media” en busca de las claves de su atractivo para el público y parte de lo que somos capaces de darles, no es mas que el reflejo de la agenda y las opiniones que ellos nos marcan. Un cuadro de Escher.

Convivimos ahora con la subcultura del insulto, con los famosos trolls…. Los malos “molan”. Los críticos agresivos en los foros son ahora:

a) nuestros simpáticos iguales

b) parte del mismo medio al que gritar.

Sálvese quien pueda. Las página que generan polémica y suben de visitas, llaman la atención de los medios que, en su desconocimiento, piensan que ese es el filtro que hay que usar y lo trasladan a sus propios formatos. ¿La pescadilla que se muerde la cola?

Hoy en día tenemos en nuestra mano cientos, miles de fuentes de conocimiento para configurar una realidad muchísimo más completa, más rica, compleja… Hemos dejado de ser un ente abstracto, “la opinión pública”, para ser consumidores activos de información. Ahora nuestros mundos son mucho más amplios y en ellos cabe tanto lo malo (que suele ser lo que se publica) como lo bueno. Nosotros decidimos. Seguimos gritando sin control ahora que nos dejan, o nos hacemos responsables de nuestras palabras y de alguna forma hacemos que todos se responsabilicen de las suyas.

Ahora mas que nunca formamos parte del todo: medios, politicos, emprendedores…Hace falta valor para salir del circulo.

El secreto es no solo mirar, sino ver. Consumir contenidos y ser capaces de detectar incluso los mismos “filtros” que nos llevan a tomar determinadas decisiones y atrevernos a ser creativos para saltárnoslos. Y si la creatividad es la capacidad de asociar lo normalmente no asociable y esa capacidad aumenta cuando uno tiene más estímulos que asociar, el futuro ya sabéis dónde está.

Foto via: Yann!s: cc. TY!

Información Bitacoras.com…

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Trackback por Bitacoras.com — Febrero 4, 2010 @ 11:32 pm

Gracias por la mención y estás en lo cierto, lo repito con regularidad. Pero también creo que siendo los que más información recibimos de la historia, también somos los que más ruido recibimos y menos contrastamos.

La información nos entra en uno coma cero clicks y con la misma rapidez la asimilamos y….¡la compartimos!.

Cualquier cosa que vemos, la asumimos sin debate y la reenviamos…y cuando la reciben nuestros “amigos”…zas! otro cero coma click y es más real que antes.

Yo también me hago viejo (nos ha jo..somos de la misma quinta) pero tengo esperanzas en la nueva televisión pública sin publicidad y sin presión por la audiencia (aunque si logramos que sea independiente también del gobierno de turno, ya sería la pera).

J.

Comentario por Jose Carlos León — Febrero 5, 2010 @ 12:22 am

Comparto el criterio para determinar cuándo nos hemos hecho mayores. Eso de hablarle a la tele pensé que era algo que nunca haría hasta que me descubrí haciéndolo…

Lo bueno de la penetración de marcas, empresas y medios en las redes sociales es precisamente esa, la posibilidad que te dan de comentar, de desahogarte y de ser respondido a la inquietud concreta. Por eso aquellas que entran en Twitter sólo por reservar el nombre (Telefónica ocupando el nombre) o por hacer publicidad a bajo coste generan más descontento que las que no han entrado. «¿Vienes a hablar conmigo y te tapas los oídos? Para eso quédate fuera…»

Comentario por Jokin — Febrero 5, 2010 @ 1:31 pm

Estoy de acuerdo con todo lo que comentas David, y con los comentarios de Jokin, pero me preguntó qué podemos hacer. Es frustrante sentirte uno solo antes tantos miles de usuarios / consumidores / clientes que se tragan muchas cosas por aquello de “como llego a casa cansado…”. En fin, valor y al toro, que se puede, yes we can, we really can.

Comentario por Sara Sidle — Febrero 5, 2010 @ 2:07 pm

el problema es que la hiperinformación no produce necesariamente individuos informados, de la misma forma que conocer no implica saber. Alguien dijo que hemos desarrollado una civilización en la que las personas sabemos reconocer miles de marcas y logotipos pero no somos capaces de nombrar ni distinguir diez tipos distintos de árboles. Hagan la prueba.

yo decubrí hace tiempo las bondades de vivir sin televisión y así viví durante mucho tiempo, a pesar de trabajar en el medio, hasta que me di cuenta de que no podía privar a mis hijos de barrio sésamo y pocoyó ;-) y un buen día el pequeño gontxa (por gonzo) con siete años me espetó su irrefutable argumentación tipo “es que me aburro, no puedo participar” y la casa se llenó de internet y consolas.

el problema de los medios del mañana no es sino cómo formamos a los niños hoy. No hay más que coger al azar un libro de texto colegial para preocuparse. Porque tampoco permiten participar.

Comentario por peep jordan — Febrero 7, 2010 @ 3:14 am

Tu reflexión y los comentarios que está generando me han hecho recordar un artículo muy completo que leí hace años sobre este tema:

“Zen & The Art of Television Watching” http://www.shiftinaction.com/node/1636

¿Qué os parece? Lo he estado releyendo y me parece que sigue teniendo vigencia.

Comentario por Sergio — Febrero 8, 2010 @ 2:05 pm

Sergio gracias!!

Comentario por Idoia — Febrero 8, 2010 @ 3:20 pm

Hoy he visto en la 2 de tve la remasterización de El Hombre y la Tierra. Uno de los capítulos que la cadena tiene previsto emitir en homenaje y recuerdo a Félix Rodriguez de la Fuente que en marzo hará 30 años que nos dejó. Por narices he tenido que admitir que todo aquello de esos años yo lo vi en blanco y negro (aunque los cuadernos de campo ayuden a ponerle colores al Águla Real) y que el primer documento en color que se vió en mi casa fué la dimisión de Suárez en el 81. Podría haberlo visto en internet puesto que cada vez hay más información y hemeroteca disponible. De hecho hablo más con la pantalla del ordenador que con la de la tele… No soy de las de darle golpes, pobre, pero si he visto en más de una ocasión la violencia heredada de las teles de tubo que con un par de mamporrazos recuperaban la imagen sin ruidos, je, je. Como si los chismes estos fueran mulas. Que bien que podemos elegir y evitar la maleza que crece por doquier, incluidas las conversaciones de bar en torno a lo que han “echado” en la tele. Con criterio daremos con el medio adecuado y con sus contenidos. Qué queremos saber es la cuestión, que más y mejor queremos conocer y cómo queremos enseñar. Gracias David por exponerlo (y por el reto a los creativos)

Comentario por ZeliaBlue — Febrero 8, 2010 @ 10:01 pm

sergio, ese artículo que comentas juega en su título con el de “Zen and the Art of Motorcycle Maintenance”, mítico libro pionero en la divulgación filosófica y libro de cabecera de todos los moteros que crecimos con las imágenes de Easy rider en nuestra retina. A lo mejor ya sabes todo esto, pero hace varias mudanzas que perdí mi ejemplar y me ha hecho ilusión, jaja. Abrazos.

Comentario por peep jordan — Febrero 10, 2010 @ 11:00 pm

100% de acuerdo contigo Peep, en mi casa paso lo mismo y cual crees tu que sera la manera de gritarle a internet de nuestros hijos?…Por cierto muy buen articulo Sergio., gracias por el link..

Comentario por DavidCantolla — Febrero 11, 2010 @ 12:45 am

no creo que nuestros hijos vayan a necesitar gritarle al router. Frente al pequeño acto de rebeldía desesperada que nos ofrecía el zapping (no puedo ver lo que quiero pero sé que esto, desde luego, no lo quiero así que cambio) ellos tienen la posibilidad REAL de buscar y encontrar. Yo he pasado de controles parentales y he optado por adiestrarles en la esforzada búsqueda de sus verdaderos anhelos. Podrán ejercer su libertad de una manera plena y con ello influir decisivamente sobre el mercado. No hay grito más poderoso que la suma de millones de susurros. Los porrazos a la caja tonta han cambiado por el goteo imparable de unos silenciosos click click. Joder que sueño tengo hoy.

Comentario por peep jordan — Febrero 13, 2010 @ 12:15 am

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