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La curiosa paradoja de la privacidad de la Internet actual

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  • 13.12.2011 |
  • 08:28 h.

Quienes lleven más tiempo en Internet recordarán que algunas de las primeras preocupaciones de los pioneros tenían que ver con la privacidad de los internautas en su vida digital en la Red.

Aunque en general en castellano se entiende que intimidad y privacidad son más o menos lo mismo –la información sobre el «ámbito privado» de las personas– en realidad son un poco diferentes. La intimidad es lo más absolutamente personal, en lo que nadie debería interferir, como por ejemplo las conversaciones privadas, el correo o el interior de tu casa. La privacidad, por otro lado, se refiere más bien a las cuestiones de carácter personal que tienen lugar en el ámbito público, como cuando uno va al cine, compra algo en una tienda o consulta un libro en una biblioteca. Los grados en que se pueden defender la privacidad y la intimidad varían un poco según las circunstancias, pero se consideran derechos constitucionales y están ampliamente protegidos por las leyes. En algunos casos –como en los de personas famosas o personajes públicos– el conflicto de la información pública y estos derechos suponen problemas de todo tipo. También es una situación anómala –pero no por ello inexistente– la violación de la privacidad y la intimidad de muchas personas, por ejemplo cuando se revelan secretos o conversaciones privadas o salen a la luz situaciones que se consideraban en el ámbito íntimo y personal.

Con la llegada de Internet hubo quien pensó que todo lo digital sería una tremenda amenaza para ambas cosas. Muchos tomaron grandes precauciones. También surgieron en aquella época grupos que hicieron un gran trabajo, como la Electronic Frontier Foundation para defender un amplio abanico de derechos digitales, entre ellos el de la «privacidad digital» entendida en su sentido más amplio. Derechos como por ejemplo comunicarse sin que nadie pudiera interferir ni interceptar las comunicaciones, el derecho al anonimato, a no ser rastreado por empresas sin el consentimiento expreso y tantos otros.

Curiosamente, con el paso de los años hemos asistido asombrados a una especie de curiosa paradoja en la Internet actual.

Quienes pensaban que una de las principales preocupaciones de los usuarios de Internet sería proteger su privacidad vieron cómo a la gente en general no parecía preocuparles demasiado – al menos en la práctica. Incluso, al contrario, muchos propiciaban con sus actos volcar toda su intimidad en la Red, sin preocuparles demasiado lo que se pudiera hacer con ella.

No se trataba solo de que la gente enviara correos electrónicos personales sin cifrar que podían ser fácilmente interceptados: es que se publicaban decenas y cientos de datos íntimos sin la más mínima precaución en todo tipo de soportes: foros, diarios, páginas web, bases de datos de contactos y, más recientemente, redes sociales. ¿Hasta qué punto era consciente la gente de lo que estaba haciendo? Probablemente, no mucho.

La paradoja es en cierto modo equivalente a otras situaciones sorprendentes en otros ámbitos. Por ejemplo, mucha gente es muy recelosa de su privacidad pero, ¿quién hubiera pensado que también habría masas de individuos haciendo cola frente a los estudios de televisión para mostrar sus intimidades –literalmente– las 24 horas al día en un Gran Hermano frente a millones de televidentes?

En cierto modo, temíamos al Gran Hermano… pero ahora muchos se arrojan a sus brazos y los demás disfrutan con ello. Incluso los más concienciados vuelcan sus escritos y pensamientos más personales en la Red, sus fotos, sus vivencias diarias… y no ponen demasiado cuidado en evitar poder ser rastreados, a veces sin ser conscientes de que aunque que las grandes empresas del marketing –por no hablar de otras entidades, o incluso gobiernos– puedan hacer con todo ello. En cierto modo, simplemente da igual: a veces es incluso ventajoso hacerlo.

Hoy en día los millones de fotografías volcadas a Internet permiten a software especializado ubicar a cualquier persona por los rasgos de su cara gracias a los sistemas de reconocimiento facial – en el mismo Facebook, sin ir más lejos; sin duda lo mismo estará sucediendo con las imágenes de vídeo de las cámaras de vigilancia de los edificios y calles de las ciudades.

Una indagación ligeramente más profunda permite saber desde dónde se conecta alguien, por dónde navega y qué información lee o qué ficheros transfiere. Si tienes un teléfono inteligente con GPS o te gusta jugar al FourSquare, puedes rastrear (y ser rastreado) por los amigos con un par de clics y saber por dónde andan en cada instante. ¿Quién dijo que prefería que nadie supiera por dónde estaba? Hoy en día es casi más ventajoso estar localizable para ahorrar tiempo, hacer nuevos amigos o trabajar de forma óptima.

Tal vez la paradoja es que creíamos valorar más la privacidad que las ventajas que nos supone hoy en día compartir nuestra intimidad: un mayor contacto con los amigos y los seres queridos, la posibilidad de descubrir a gente nueva–y, lo más importante, ser descubiertos– o las ventajas del contacto instantáneo, permanente y en tiempo real con familiares y conocidos… en incluso con desconocidos, que de todo hay.

¿El siguiente paso? Ya hay quien está dispuesto a compartir lo más íntimo de lo íntimo: su código genético. Proyectos como 1000 Genomas y otros parecidos admiten, casi cual foro al que uno envía fotos, que se envíen perfiles genéticos completos para que los investigadores trabajen con ellos. Ya no se trata de compartir algunas curiosidades genéticas que otrora se habrían considerado íntimas, sino de enviar la secuencia genética completa que nos hace únicos.

Probablemente no se pueda llegar mucho más allá en esta apertura pública de nuestra intimidad, excepto quizá cuando la tecnología permita hacer volcados completos del cerebro en tiempo real y subirlos a alguna especie de dropbox.

Desde luego, los tiempos han cambiado mucho.

{Foto: My 1000 Friends (CC) Todd Huffman @ Flickr}

Comentarios: 8

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Trackback Bitacoras.com | diciembre 13, 2011 | 8:26 am

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Pingback La curiosa paradoja de la privacidad de la Internet actual | diciembre 13, 2011 | 11:08 am

Igual la privacidad es otro tabú que ha de caer como han caido otros a lo largo del siglo

El matrimonio era para toda la vida. El sexo solo era posible después del matrimonio. Hablar de sexo era una barbaridad. El sitio de la mujer era la cocina, era un ser débil y tenía que ser protegido. Para los indios te robaban el alma con una fotografía…

Todo eso eran tabús que han sido superados, es más, son considerados por la mayoría como absurdos .

¿Y si vemos como un problema lo que quizás sea otro tabú que hay que superar?

Comentario Eingel | diciembre 13, 2011 | 1:44 pm

Pues yo seré un antiguo, pero mi privacidad y mi intimidad, que no me las toquen. Me ampara el derecho además. Lo que hay en internet es mucha inconsciencia.

Comentario Petro I. | diciembre 13, 2011 | 9:42 pm

Mi privacidad es sagrada, mi intimidad prioritaria. El hecho de que haya una número importante de personas que se dedican a publicar sus miserias, no es óbice para pensar en un cambio de comportamiento. Desde la noche de los tiempos, hay gente dispuesta a contarlo todo, y gente que no quiere contar nada. Al ir aumentando y diversificándose los medios de comunicación, hay más procedimientos para la gente que quiere exhibirse, mientras los que no quieren permanecerán en el anonimato, sólo que esos no contabilizan porque no aparecen. De la cantidad innoble de clientes que tiene una red social como Facebook, para empezar entre inactivos y dados de baja que siguen contando ya te quitas un gran porcentaje. De los que quedan…¿cuantos muestran sus impudicias al mundo mundial? No a tus amigos, sino a desconocidos. No se en qué mundo os moveis, pero desde luego, yo que me dedico a esto y estoy rodeada de personas que se dedican a esto, el porcentaje de exhibicionistas es el mismo que antes de que existiera la internet. Sólo que ahora la media te proporciona infinitas posibilidades para la impudicia. Saludos PD: Todavía habemos personas que no disfrutamos con programas como Gran Hermano, más bien sentimos Gran Pena…Incluso sin cuenta en Facebook, porque consideras que tu popularidad no vale tu privacidad…ni tu intimidad. No hay nada como saber cómo funcionan las cosas para temerlas.

Comentario Filotecnóloga | diciembre 15, 2011 | 9:54 pm

[...] a navegar la incertidumbre del futuro – Mitos y paradojas de la Web 2.0   En la web: – La curiosa paradoja de la privacidad de la Internet actual – Las paradojas de Internet, por Juan Freire – Paradoja de la sociedad de la información [...]

Pingback Anónimo | diciembre 16, 2011 | 2:32 pm

En realidad según cómo analicemos la realidad, la paradoja puede no ser tal. Se parte de la base que la privacidad o la intimidad son un aspecto muy importante en la vida de las personas, pero quizás esa premisa sea equivocada. La privacidad, en los por lo menos 200.000 años de historia del Homo Sapiens, es un hecho relativamente reciente, sin duda vinculado a organizaciones sociales cada vez más modernas en las que la diferencia entre lo comunitario y lo privado se fué haciendo cada vez más notoria.

Pero si nos vamos lo suficientemente atrás en nuestra historia como especie, podemos encontrar que la privacidad era una característica mucho menos valorada que ahora. Nuestros ancestros Sapiens vivían en comunidades en las que la privacidad era algo completamente secundario e incluso hoy en día si analizamos comunidades humanas actuales que viven casi del mismo modo que vivíamos todos hace 20.000 años, veremos que la privacidad no significa nada.

Si analizamos el comportamiento de nuestras especies “primas” como chimpancés y bonobos, veremos que tampoco dan ninguna relevancia a la privacidad.

En definitiva creo que los Hombres somos biológicamente lo que somos y no podemos dejar de serlo. Pasaron los milenios y tuvimos que llegar al estado actual de las cosas para darnos cuenta que por muy tecnológicos que nos hayamos vuelto, seguimos siendo simios desnudos que necesitan el contacto con sus similares, mostrarse ante sus congéneres, como lo vinimos haciendo desde siempre.

Comentario Ricardo | marzo 14, 2012 | 1:31 pm

[...] obstante, esto puede que no sea un problema: debido a la paradoja de la privacidad a la que nos ha acostumbrado la tecnología, puede que precisamente lo preferido por la gente sea [...]

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