Cooking Ideas - un blog para alimentar tu mente de ideas

Daniel Civantos

Actualmente soy editor, junto con mi sosias Iñaki Berazaluce, de los blogs Futuretech y Strambotic de La Información; aunque antes también dimos ampliamente la tabarra con Sonotone, el Desternillablog, la Cacharrería o Mundo Insólito, entre otros. Me acabo de dejar bigote.

El curioso renacimiento de las patatas chips que parecen quemadas

Seguro que alguna vez te has comprado una bolsa de patatas fritas y te has encontrado alguna de color marrón oscuro que parece haberse pasado un poco más de tiempo en el aceite. Sin embargo, te la comes y, lejos de ser carbonilla pura, resulta que está rica.

Ese sabor como de dulce “quemado” es el resultado de caramelizar los azúcares durante la fritura y se produce en patatas que han sido almacenadas demasiado tiempo a bajas temperaturas durante el período de invierno, por lo que han acumulado un exceso de azúcar.

Cuando una patata se cuece al horno o se fríe, el azúcar reacciona con los aminoácidos para producir ese hermoso color marrón dorado (reacción de Maillard es su nombre técnico); pero el exceso de azúcar da lugar a un marrón muy oscuro, de aspecto casi quemado. Y ese era precisamente el color de las patatas chips en su origen más temprano.

Todo lo que siempre quiso saber sobre las flatulencias en los aviones y nunca se atrevió a preguntar

¿Sabías que la gente se tira más ventosidades en los aviones que en tierra debido a los cambios en el volumen de los gases intestinales como resultado de la alteración de la presión en la cabina? Lo dice un equipo de gastroenterólogos daneses y británicos que ha elaborado ​​un documento científico sobre la flatulencia en los aviones después de que uno de ellos, Jacob Rosenberg, se inspirara en un eterno vuelo entre Copenhague y Tokio donde su avión terminó oliendo como el mismísimo Infierno.

En el estudio, publicado en el New Zealand Medical Journal y titulado “Flatulence on airplanes: just let it go”, dan una serie de claves de por qué, bajo su punto de vista médico, es mejor dejar salir los aires en los aviones, si uno no quiere incluso sufrir peligro de muerte. Pero este hecho, a su vez, está lleno de riesgos e incomodidades para el resto del pasaje

A pesar de que estos gases son una consecuencia invariable de la digestión y la gente la hace unas 10 veces al día, la primera razón que dan es la seguridad. Ya en 2006 se dio un caso de un avión de American Airlines que se vio obligado a aterrizar de emergencia en el aeropuerto de Nashville (Tennessee), cuando varios pasajeros del avión, que volaba de Washington a Dallas, comenzaron a sentir olor a fósforos quemados y se desató la alarma, por lo que el piloto decidió aterrizar de urgencia.

El extraño caso de los meteoritos de Getafe, los bólidos que resultaron ser escoria

Si ya es difícil registrar el impacto de un meteorito en un único lugar, más es que lo haga dos veces en el mismo sitio. A no ser que ese sitio sea la localidad madrileña de Getafe, el lugar donde los sueños venidos del cosmo se hacen realidad. Es el caso de un supuesto meteorito que el 20 de junio de 1994 cayó sobre un coche en marcha que circulaba por la carretera de Andalucía a la altura de este municipio madrileño, concretamente en el kilómetro 17 de la N-IV.

Según la crónica que hacía en su día el diario El País, “el meteorito atravesó el parabrisas del automóvil, fundiendo el cristal, golpeó en el salpicadero y el volante, doblándolo, y rebotó en el techo antes de quedar alojado en la bandeja trasera donde rompió el altavoz de la radio”.

El coche era un BMW propiedad de José Luis Martín y su conductor vivió para contarlo con sólo una escayola en su mano derecha, pues el asteroide le fracturó el hueso y los ligamentos del dedo meñique. El meteorito fue donado al Museo de Ciencias Naturales de Madrid y las investigaciones efectuadas en su día por el geólogo Jesús Martínez Frías verificaron inicialmente que la roca, de 1,5 kilogramos de peso, “era un fragmento meteorítico de una masa total de 50 kilos”.

El manzanillo de la muerte, un árbol bajo el que no puedes echarte ni una siesta

Normalmente, los carteles de “no tocar” se suelen poner para evitar hacer daño a las plantas. Pero en este caso es justamente al contrario, pues es el hombre el que puede salir muy mal parado.

Porque el “manzanillo de arena”, “manzanilla de playa” o Hippomane Mancinella es, sin duda, una de las plantas mas peligrosas del mundo. No por nada le llaman también “el árbol de la muerte”. Se trata de una especie con apariencia de manzano, nativo de la playas de las islas del Caribe y America Central, que es un peligro mortal, pues todo en él es puro veneno.

Tocar el tronco ocasiona graves quemaduras, comer los frutos conlleva una intoxicación mortal e incluso quemar su madera produce un humo tóxico. En caso de lluvia, tampoco es conveniente resguardarse bajo el árbol, ya que el agua que se escurre por las hojas se convierte en una lluvia ácida como si cayera ácido clorhídrico.

Ni siquiera se aconseja echarse una siesta debajo, pues expele un polen, sobre todo en las horas de mayor temperatura, que es sumamente cáustico y consume con facilidad la tela de algodón y otros materiales ligeros. Por lo tanto colocarse bajo la sombra de este árbol durante largo tiempo puede producir eczemas en la piel que pueden llegar a convertirse en quemaduras de primer y segundo grado.

De cómo el Rolex pasó de ser un simple reloj a convertirse en paradigma del prestigio

¿Cuántas marcas de relojes conoces? Seguramente que entre ellas esté Rolex, posiblemente el nombre más conocido y popular en cuanto a relojes de calidad en el mundo. Aunque fue fundada en 1903, hasta 1980 Rolex era una marca que lejos estaba de ser tan notable y cara como en la actualidad, pero que gracias a una simple cuestión de modas terminaría convirtiéndose en el reloj preferido de las clases con mayor poder adquisitivo.

Fue en aquel principio de los años ochenta cuando su reputación dio un salto astronómico al ser ampliamente publicitado como el reloj de pulsera de lujo del llamado movimiento “yuppie”, jóvenes ejecutivos y niños ricos que disfrutaban del consumo como una indicación de su nuevo estatus. Gente que se compraba cualquier reloj independientemente del precio, con tal de lucirlo bien gordo y brillante en su muñeca.

Tanto las personas que abrazaron esta filosofía como los que criticaron la imagen yuppie contribuyeron a la hora de convertir Rolex en una palabra familiar para el gran público. Y cuando los yuppies empezaron a comprar relojes, todas las cabezas se volvieron a Rolex, que a su vez provocó un aumento masivo de sus precios debido a la gran demanda.

Y así empezó a crecer la burbuja: un modelo en acero inoxidable DateJust que se vendía nuevo en EE.UU. por alrededor de 900 dólares en 1981, ascendió a 2.350 dólares para 1991, a pesar de sólo haberse producido cambios nominales en el producto.

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