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Bill el muñeco, la primera estrella de la televisión

Doña Rogelia, Monchito, Rockefeller… Los muñecos de ventrílocuo lograron, hace ya algunos años, conquistar millones de hogares y convertirse en auténticas estrellas de la televisión. Sin embargo, estos solo fueron los sucesores de la que, en realidad, fue la primera ‘celebrity’ surgida a través de la llamada “caja tonta”. Bill, que es como se llama nuestro protagonista, fue el primero de todos ellos que triunfó, a su manera, en la pequeña pantalla. Y no solo eso: fue también el primer objeto que se pudo ver a través de ella.

Para conocer su historia nos tenemos que remontar al año 1924. Por aquel entonces se estaban realizando los primeros experimentos para retransmitir imágenes en directo con éxito y que estas se pudieran visionar a través de una pantalla. En un principio, el objetivo era mucho más modesto que el de emitir un programa desde un plató y que llegara a las casas de todo un país: los padres del medio empezaron conformándose con transmitir una imagen entre dos habitaciones de un laboratorio de Londres. 

Uno de ellos era el ingeniero escocés John Logie Baird, que un año antes ya había construido la que se considera la primera televisión analógica, usando una sombrerera vieja, unas agujas de coser, bombillas de bicicleta, una caja de té, lacre y pegamento. Se trataba de un sistema que transmitía señales eléctricas a través de ondas de radio, que serían las que transportarían la imagen en movimiento. La luz reflejada por el protagonista de la película era captada por una lente, y mediante unas células fotoeléctricas de selenio se convertía en puntos capaces de llegar hasta un receptor, en el que se recreaba finalmente la imagen tomada.

Sin embargo, había un problema: las células fotoeléctricas encargadas de ello eran aún muy débiles. Por este motivo, no podían transmitir rostros humanos, debido a las pocas diferencias de contraste en la superficie de la cara. La cámara debía colocarse en una habitación totalmente oscura. Una luz muy brillante iluminaba al actor que debía ir maquillado de manera que se resaltasen las diferentes tonalidades de su cara. Según el brillo de cada una de la partes de la imagen, la célula emitiría mayor o menor cantidad de corriente, es por esto que las imágenes tenían grandes contrastes.

Así, se planteaba un gran problema: ¿cómo hacer los experimentos para comprobar si todo funcionaba correctamente? A John Logie Baird se le ocurrió usar la cabeza de un muñeco de ventrílocuo: Stooky Bill.

La superficie de Bill o Stooky Bill (‘stooky’ es una palabra escocesa con la que se nombra al estuco del que estaba hecha la cabeza) se pintó con un material muy brillante y, además, ofrecía los contrastes que permitirían comprobar el funcionamiento del sistema. Para ello, Baird se sentó delante de un particular escáner y comenzó a mover la cabeza de su creación y a abrirle y cerrarle la boca, como si estuviera hablando. En otra sala, sus compañeros pudieron comprobar que el sistema de transmisión funcionaba.

Hubo otra razón para no usar humanos en aquellos primeros experimentos: las luces para iluminar el objeto y ‘escanearlo’ eran muy potentes y emitían mucho calor, algo un poco insoportable (aunque en 1925, un año después de los primeros experimentos, todo el proceso se pudo llevar a cabo con rostros reconocibles de humanos). De hecho, con el tiempo, el pelo de Bill se chamuscó y la pintura de la cara se rajó. Por fortuna, Stooky Bill está guardado en un museo británico y también existen réplicas, como esta:

Dos años más tarde, en 1926, se hicieron las primeras retransmisiones de televisión en las que Bill actuó para el público. Por desgracia, a día de hoy no se conserva ninguna grabación de aquellos días de gloria para Bill, aunque sí existen fotografías de aquellos momentos de estrellato televisivo.

Se sabe que la emisión era una imagen de 30 líneas verticales y en escala de grises, a 12,5 fotogramas por segundo (los primeros experimentos fueron a tan solo cinco). En una crónica, el diario ‘The Times’ dijo: “La imagen transmitida era difícil de ver y a menudo borrosa, pero suficiente para sostener que el ‘televisor’, que es como Baird ha llamado a su aparato, sea capaz de transmitir y reproducir instantáneamente detalles de movimientos, y otros detalles como el movimiento de la expresión facial”.

En 1990, un experimento del británico Channel 4 fantaseó con cómo podían haber sido aquellas primeras retransmisiones. En ellas, Baird hacía como que hablaba con Bill y este le respondía. El ingeniero le contaba que la televisión permitiría a la gente verse como nunca antes lo habían hecho. Y no solo eso: David Hall, el artista que creó esta ficción, le dio un formato de imagen equivalente al de aquel de 1925.

Los logros de Baird

Si importante fue Bill, la cabeza que le daba órdenes a su boca no lo fue menos. Después de triunfar con su muñeco, John Logie Baird y su compañía, la Baird Television Development Company, consiguieron en 1927 la primera transmisión de televisión a larga distancia, entre Londres y Glasgow (705 kilómetros), y en 1928 la primera transatlántica. También este año lograron la primera difusión en colores primarios. Para ello retransmitieron la imagen de una niña que se cambiaba diferentes sombreros ante el sistema de emisión. En 1929, su sistema de 240 líneas hacía la imagen mucho más nítida, aunque un actor debía usar toneladas de maquillaje de tonalidades claras y oscuras para que su imagen fuera transmitida con todo el contraste posible.

Por sus méritos en aquella época, en 2002 fue considerado uno de los británicos más importantes de la historia según una encuesta realizada por la BBC entre sus conciudadanos. Por su parte, la Biblioteca Nacional de Escocia lo introdujo en su ‘Hall of Fame’ de científicos y lo nombró uno de los diez más importantes de la historia de la región. Y todo ello gracias a que pudo desarrollar la televisión con los beneficios que obtuvo de otro de sus inventos: unos calcetines impermeables para los soldados en las trincheras.

Por cierto, en algunas de aquellas primeras exhibiciones con paneles incandescentes, Bill no estuvo solo: a su lado hubo otro muñeco de ventrílocuo, que se llamaba James. Y aunque no tuvieron la misma carrera que Lena Dunham, Tina Fey o Steve Carell, James y Bill han sido considerados los primeros actores de la televisión. Para algo fueron los pioneros del medio.

Con información de Wikipedia (1, 2, 3), Science Museum, Luxoline y Abc. Imágenes de Science Museum, Wikipedia (1 y 2).

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