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Comer una hamburguesa afecta al calentamiento global tanto como conducir un coche 16 km.


No es ninguna sorpresa que el consumo de carne contribuye significativamente al calentamiento global. Según la ONU, la industria ganadera mundial es responsable de casi el 18% de las emisiones de gas invernadero, incluyendo las emisiones por la deforestación que produce. Sin embargo, los macro-datos no son útiles para gran parte de la gente si no se hacen micro y acercan el problema de una manera más concisa.
¿Sabes exactamente cuántas emisiones de carbono provienen de la hamburguesa que te comes cualquier día? Este dato y otros más aparecen bien reflejados en la nueva guía que ha publicado la EWG (Environmental Working Group) titulada The Meat Eater’s Guide to Climate and Health, que desglosa cada paso del proceso de fabricación de la carne y otros alimentos, desde la producción hasta la eliminación de residuos.
Esta guía permitirá a los expertos y a los consumidores entender fácilmente el impacto de su consumo de carne en el cambio climático que nos atenaza. El acto de comernos esa hamburguesa, por cierto, es equivalente a conducir un coche 10 millas (16 km), frente a comer un plato de lentejas, que sería como si dejáramos el coche aparcado en casa.


El informe muestra que si todos los estadounidenses, los que más contaminan y los que más comen, se quitaran de una hamburger un solo día a la semana durante un año, la reducción de las emisiones de carbono sería la misma que quitar ¡7,6 millones de automóviles de las carreteras!
Pero, si no comemos hamburguesas, ¿qué es lo que debe comer la gente para ser consecuente con el estado crítico de nuestro planeta? Tomando en consideración todas las etapas de la producción, elaboración, consumo y eliminación de residuos, el EWG (que no deja de ser un grupo de investigación) calculó el efecto sobre el clima para los 20 tipos diferentes de proteínas, como las de la carne, queso, mariscos, nueces o lentejas.
Utilizando los datos del Departamento de Agricultura norteamericano, la EWG tuvo en cuenta desde los fertilizantes, los plaguicidas y el agua utilizada para cultivar las cosechas que alimentan a los animales hasta la forma en que el producto se procesa, transporta y es cocinado. Y la conclusión es que la carne roja genera más del doble de las emisiones que la carne de cerdo, cuatro veces la de pollo, y más de 13 veces más que la de las proteínas vegetales.
Además, más del 90% de las emisiones de la carne proceden de su producción, en parte debido a que esta relaciona con los procesos digestivos que constantemente producen metano, requieren de alimentación más intensiva en energía y produce más estiércol, además de óxido nitroso, un gas 300 veces más potente que el dióxido de carbono.
Y a eso hay que sumarle el bendito queso, el de la loncha de la hamburguesa por un poquito más, que realmente es mucho. Básicamente el queso, que está tan rico, tiene la tercera cantidad más alta de las emisiones después de la carne de cordero y de la de ternera: 13,5 kg de carbono por cada 1 kg de queso que se consume. No por nada se hace con la leche de estos animales.

El informe pone de manifiesto que existen varias maneras para reducir las emisiones que producimos en un acto tan comúnmente repetido como es el comer carne. Y tampoco pide que todos nos convirtamos en vegetarianos, ni mucho menos. Lo que la EWG está tratando de decir con este estudio es que pequeños actos individuales de cada uno, como pedir en vez de una hamburguesa doble con queso una simple sin él, pueden ayudar al planeta más de lo que nos pensamos.
Y si uno decide hacerse la hamburguesa en casa, también debe actuar con cabeza. Por ejemplo, aconsejan comprar sólo lo que se va a comer, ya que cerca del 20% de las emisiones asociadas a la carne y productos lácteos proviene de los alimentos desechados.
Parece mentira, pero uno puede tener un gran impacto en nuestro plantea sólo comprando inteligentemente. Junto con la renuncia a la carne un día a la semana, el informe también aboga por dejar de consumir lácteos dos días por semana y en su lugar consumir alimentos a base de vegetales, mucho más sanos también para nuestra salud.
Porque no debemos olvidar que las grasas animales están estrechamente relacionadas con la obesidad, la diabetes y muchos tipos de cáncer. Bueno para el bolsillo, bueno para nosotros y, sobre todo, bueno para el planeta.

El informe, lleno de gráficos, trucos y consejos, aquí

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