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El comportamiento de los peatones en grupo demuestra que nos movemos como borregos por intentar socializar


El hombre con prisas conoce muy bien el suplicio que supone atravesar a pie grandes masas de gente, pongamos por ejemplo, en el centro de una ciudad en plena navidad.
Calles ocupadas por falanges helénicas de personas que transita en paralelo agarradas de los brazos, familias enteras que por su número marcan el ritmo del flujo peatonal, choques al menor escorzo por la imposibilidad de reacción… La gente en grupo no sabemos andar con eficacia. Y es uno de los grandes problemas urbanísticos a los que se enfrentan los técnicos para el desarrollo de las ciudades.
La mayoría de los modelos actuales de desplazamiento de gente asume que los individuos actúan de forma independiente, simplemente tratando de llegar a su destino sin colisiones. Pero eso es el ideal, que nadie tuviera que esperar a nadie.
Utilizando grabaciones de vídeo en las zonas urbanas, el equipo de Guy Theraulaz, un investigador del Centro de Cognición Animal de la Universidad de Toulouse, demostró que el 50-70 % de los peatones no se mueven solos, sino en pequeños grupos de 2 a 4 personas.


Para ello analizaron el movimiento de aproximadamente 1.500 grupos de peatones en condiciones naturales. El estudio de la organización espacial dentro de estos grupos puso de manifiesto que sus integrantes caminan, cuando el espacio se lo permite, distribuidos de lado a lado (modelo infantería romana navideña), formando una línea perpendicular a la dirección de la marcha.
A medida que aumenta la densidad del grupo, también son capaces de cambiar a formas más complejas para optimizar el hacinamiento, distribuyéndose unos detrás de otros. Así, se pueden adoptar formas en V en grupos de tres y formas en U para grupos de 4.
Sin embargo, estas configuraciones se producen naturalmente para facilitar la comunicación dentro del grupo; pero también reduce la velocidad del mismo, por su forma no aerodinámica y porque los de delante tienen que reducir su marcha para escuchar al/los de detrás.
Estas configuraciones cóncavas simplemente hacen del caminar hacia delante un ejercicio más tedioso y complican las maniobras para evitar impactos con otras personas. Según los investigadores franceses, en una escala multitudinaria esto conduce a una reducción de la fluidez del tráfico alrededor de 17%, en comparación con una situación donde los peatones se mueven independientemente, sin hablar con los demás.
Este nuevo modelo de dinámica de grupo en vez de dinámica individual puede ayudar a los planificadores de desarrollo urbano a construir espacios públicos más amigables, al centrarse en un aspecto ignorado en gran medida del comportamiento de las masas: la necesidad de socializar cuando andamos en compañía de gente.
Quizá si nos moviéramos con la boca callada y en forma de V o U invertida, como las bandadas de pájaros (uno delante tirando y en silencio, mientras los demás le siguen) llegaríamos antes a nuestro destino. Aunque, desde luego sería mucho más aburrido.
Por ello propongo recuperar el modelo tradicional de paseo y andar como los hacían nuestros padres: los hombres delante haciendo grupete y las mujeres detrás, con su sección. Entre ellos, ese colchón de espacio que da la distancia necesaria para no escucharse mientras se ponen verdes y que podrían utilizar las unidades individuales externas para zigzaguear y adelantar la formación sin problemas. Y todos contentos.

El estudio: El comportamiento de los peatones a la hora de caminar en grupos sociales y su impacto sobre la dinámica de multitudes.

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