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Diez datos sobre los animales más falsos que un directo de Milli Vanilli

A pesar de la labor de los famosos “documentales de La 2”, de Nacional Geographic y Félix Rodríguez de la Fuente, entre otros, lo cierto es que la mayoría de nosotros sabemos menos de los animales de lo que nos gustaría creer, y nos apoyamos en una serie de lugares comunes y creencias populares… que muchas veces son falsas. Y para muestra, un botón. O diez.

En esta lista encontraréis diez datos erróneos sobre diferentes criaturas que la cultura popular o el boca a boca se ha encargado de perpetuar, aunque sean falsas: ni los avestruces esconden la cabeza cuando intuyen una amenaza, ni a los ratones les gusta el queso, ni los peces son tan desmemoriados como nos hizo creer ‘Nemo’.

Disfruten de la lista y presuman de conocimientos de zoología ante los amiguetes.  

Los lemmings son suicidas

Seamos sinceros: la mayoría conocemos a los Lemmings por el famoso videojuego, en el que los pobres caminaban a un destino cruel sin pensárselo demasiado. Con el tiempo, se ha extendido la creencia de que estos entrañables bichitos carecen de sentido del peligro, “son como Lemmings”. Nada más lejos de la realidad: son animales normales sin ningún tipo de impulso suicida. Diríamos que hasta parecen riquiños.

A los ratones les gusta el queso

¿Qué sería del mundo de los dibujos animados sin esta convención? Pixie y Dixie, Tom y Jerry… todos tocaban las narices de sus respectivos enemigos gatunos a base de robar el queso de la cocina. Y en la vida real… estos animalitos prefieren alimentos con cierta concentración de azúcar, como fruta o grano. Además, su buen olfato hace que los intensos aromas que emiten los quesos les parezca algo repelente.

Los avestruces entierran la cabeza para ignorar el peligro

Los dibujos animados nos han enseñado que, en caso de peligro, un avestruz entierra su cuello en la arena o suelo. “Ojos que no ven, corazón que no siente”, deberán pensar. Por supuesto, estas gigantescas aves no son tan estúpidas, y no esconden el cuello, sino que salen corriendo a toda velocidad… o se lían a picotazos y patadas, según la amenaza.

Los peces son desmemoriados

Es algo que nos dicen a los más despistados, comparándonos con los pececillos que tenemos en casa, cuya memoria apenas dura unos 3 segundos, cómo nos dejó nítimamente claro ‘Nemo’. Si así fuera, sería sorprendente su supervivencia. Por suerte para ellos, los pececillos tienen una memoria que puede remontarse a varios meses en el pasado, y hasta pueden aprender algunos truquillos de un entrenador con paciencia.

Como ocurrió con la famosa Carpa Juanita del estanque del Museo de Curiosidades Marineras de Vilanova i la Geltrú. Su cuidador, don Francesc Roig, se tiró años para enseñarla a beber de un porrón. Y también a tomar sopa con cuchara.

Los murciélagos son ciegos…

… pero se orientan con su radar. Sí, pero no. Lo del radar es verdad. Pero sus ojos funcionan: son algo sensibles a la luz, pero ellos pueden verte perfectamente. Y tanto que lo hacen: de hecho tienen una excelente visión nocturna. La próxima vez que se cuele uno por la ventana (como le pasó a Bruce Wayne) haced la prueba.

Un año perruno equivale a siete años humanos

La cosa no es tan sencilla, ni mucho menos. Cada tipo de perro envejece de una manera, y los perros pequeños y medianos (menos de 25 kilos) lo hacen más despacio. Estos tardan 10 años en llegar a la vejez, con lo cual el ratio es de unos 5  de sus años por uno nuestro. Sin embargo, los perros grandes, la alcanzan mucho antes, con lo cual hay que calcular que variar la fórmula y considerar aumentar la cifra a unos 6 o 7 años.

 

Los camaleones cambian de color para adaptarse a su entorno

“El camaleón, cambia de colores según la ocasión”, que decía la canción. Pero la ocasión no la dicta el entorno, sino su salud, temperatura, luz y el humor que tengan. El camaleón pantera, por ejemplo, cambia a amarillo si se enfada o van a atacar: es una advertencia para que los otros camaleones. Hay otros que adquieren colores brillantes… para atraer a la hembra. Otros, adquieren un color negro cuando hace frío (para absorber mejor la luz del sol) o blanco si tienen calor (para reflejar esta misma luz). ¡Ah! Y la mayoría tiene una gama limitada de colores entre los que variar.

Los toros sólo ven el rojo

¿Siguen enseñando esto en el colegio? Es una falacia. Los toros no distinguen entre los colores, y si reaccionan ante el capote… es por los movimientos del propio torero, al sacudir la tela. La muleta es roja simplemente para disimular mejor la sangre en la última suerte, cuando el torero va a entrar a matar. Y porque así salen mejor las manchas en la lavadora.

Los camellos (y dromedarios) guardan agua en la joroba

Tiene sentido, ¿verdad? Estos animales almacenarían el preciado líquido en su lomo, permitiéndoles sobrevivir en el desierto. En este caso, tampoco es cierto: los camellos almacenen grasa, gracias a la cual pueden pasar hasta 3 semanas sin comer. Gracias a eso, y a su capacidad de enfriar su cuerpo y evitar la deshidratación durante largos períodos de tiempo, son capaces de aguantar la dura vida en esos inhóspitos parajes.

Los koalas son osos

¿A quién no le gustan los koalas? En realidad, a muchos de los que se han cruzado en su camino, puesto que estos osos pueden defenderse ferozmente. ¿Hemos dicho… osos? Pues no. Los koalas, a pesar de su graciosa forma que puede recordar a Bu-Bu, son marsupiales, y crecen en la bolsa de su madre (que, por cierto, se abre hacia abajo y no hacia arriba, como los canguros)

Y, por cierto…a los conejos tampoco les gustan las zanahorias.

Vía Todayifoundit, Craked y Cgprey.

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