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Filosofía etílica: con unas copas de más, nos volvemos fríos y calculadores

borrachos

Hay que ver lo que cambia una persona cuando lleva unas cuantas copas de más. Los hay que, siendo tímidos por el día, le dan a la sin hueso el sábado por la noche. Los que, al conocer al chico o chica de sus sueños en una discoteca, necesitan un poco de alcohol para acercarse y saludar. O aquellos que, con un cubata en la mano, terminan resolviendo dilemas morales.

Precisamente, éste ha sido el caso de las 102 personas que acabaron, en un bar francés, convertidas en ratas de laboratorio.

Dirigido por Laurent Bègue y Aaron Duke, investigadores de psicología de la Universidad Pierre Mendès-France y de la Universidad de Yale, el experimento demostró que cuando nos emborrachamos, nos volvemos más prácticos y menos sensibles al dolor ajeno. En otras palabras, nos volvemos más utilitarios.

vaso vacío

Una filosofía, el utilitarismo, que siguen aquellos que con sus decisiones buscan el mayor bienestar posible. Para entenderla se suele recurrir a dos dilemas, que se han labrado cierta fama entre los expertos. Hablamos del dilema del tranvía y del dilema del puente peatonal.

Imagina que eres el maquinista de un tranvía que viaja a 240 kilómetros por hora y sin frenos. Delante de ti, en la vía, hay cinco peatones que caminan de espaldas al tren. De repente te das cuenta de que la vía está a punto de bifurcarse, pero en esta segunda también hay un ciudadano despistado caminando. Como conductor, tienes que decidir si dejas que el tranvía siga por la vía de las cinco personas – y, por tanto, atropellarlas – o haces que se desvíe y acabe con la vida del peatón despistado. ¿Qué hacer?

Antes de responder, cambiemos de escenario. Imagina ahora que te hallas en un puente. De pronto, un tren descontrolado pasa por debajo de la pasarela y en la vía se encuentran cinco trabajadores de ferrocarril. La única forma de detener el tren es lanzar un objeto pesado que sirva como muro de contención. Y qué casualidad: hay a tu lado un hombre gordo.

tren

Las personas ebrias que participaron en el estudio tuvieron que hacer frente a estos dos problemas y, lejos de preocuparse por la vida del peatón despistado y del señor obeso, eligieron las opciones que salvaban a los viandantes y trabajadores.

Dos decisiones que llevaron a los investigadores a concluir que, cuanto más alcohol haya consumido una persona, menos le importa matar a alguien para salvar a muchos, y ello ocurriría porque, estando achispados, podríamos ser menos sensibles a lo que le sucede a una persona que se halla en el lado menos malo del dilema. “Una explicación razonable sería que los efectos del alcohol harían decrecer la sensibilidad emocional hacia el dolor de una persona”, señala Aaron Duke en una entrevista.

Con el experimento, los psicólogos no pretendían demostrar lo filosóficos que nos podemos volver cuando acabamos como una cuba, sino investigar cómo tomamos una decisión en esas circunstancias. Admiten, eso sí, que el descubrimiento no se debe tomar al pie de la letra: la muestra es demasiado pequeña y los sujetos podrían haber interpretado de forma simplista los problemas.

peter drunk

En cualquier caso, en internet podemos descubrir muchos achispados que sí se consideran unos auténticos filósofos con unas cuantas cervezas. En Tumblr, por ejemplo, encontramos disertaciones tales como «los vegetales son plantas; la cerveza es, en su mayor parte, plantas (y agua). Por tanto, la cerveza es un vegetal».

O «me gasto más dinero cuando estoy borracho, por lo que no debería comprar mientras estoy borracho o no debería tener dinero cuando estoy borracho. Ergo, el alcohol debería ser gratis». Reflexiones que parecen producirse sólo un sábado por la noche.

¡Salud!

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Con información de The Atlantic, Azucarera, Blogs EITB, y Research Gate

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