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Poner las calorías en el menú de un restaurante no hace que comamos más sano

hamburguesa

La Navidad ya está a la vuelta de la esquina, y en esta época, además de los regalos y las fiestas con los amigos, las cenas familiares son una tradición ineludible. Cenas en las que no faltan las cigalas, el solomillo, los polvorones o el turrón y que nos dejan, al acabar las fiestas, con unos cuantos kilos de más.

Ante este panorama culinario, hay quienes caen en la tentación y deciden disfrutar de tales manjares, mientras que otros, valientes donde los haya, intentan controlar todo lo que se llevan a la boca. Deleitarse sí que se deleitan con el jamón, las gulas o el mazapán, aunque lo hacen siempre contando las calorías. Un hábito que, aunque parezca sano, no funciona.

«La vida no está hecha para contar calorías». Lo dice el anuncio de mayonesa y también Emily Oster, profesora de economía de la Universidad de Brown (Estados Unidos), que hace poco escribió un ensayo explicando por qué mostrarle a los consumidores las calorías que tiene el menú del restaurante chino de la esquina o el sándwich de la máquina de ‘vending’ no cambiará sus costumbres culinarias. Saberlo no les hará comer más sano.

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La profesora se puso a investigar cuando, a finales de noviembre, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés) aprobó una normativa que obliga a los restaurantes estadounidenses, establecimientos de venta de alimentos y máquinas expendedoras a comunicar a sus clientes el número de calorías que contiene un determinado menú o producto alimenticio.

Según la economista, hay varias investigaciones que demuestran que enseñarle a un consumidor las calorías que se metería en el cuerpo si escoge una hamburguesa o un perrito caliente no cambiaría su apetito (ni su decisión). Resulta que, antes de la aprobación de dicha norma, ya había ciudades y estados en los que mostrar el número de calorías a los clientes era costumbre local.

calorías starbucks

En 2010, un grupo de investigadores del Instituto Nacional de Investigación Económica (NBER por sus siglas en inglés), comprobó que, al conocer el dato, el número de calorías que se llevaba un cliente en un Starbucks caía, de media, un 6% en cada compra. Pero no en los ‘frapuccinos’, ‘moccas’ o ‘lates’, sino en las ‘cookies’, las ‘cheesecakes’ o los sándwiches que vende la cadena de cafeterías. Escaso consuelo, teniendo en cuenta que las bebidas tienencon cantidades calóricas no mucho más bajas.

Un año después, un equipo de científicos de la Escuela de Salud Pública de Filadelfia observó el comportamiento de compra que solían tener los clientes que visitaban un restaurante de servicio completo (aquel en el que te sientas y el camarero toma nota).

Colocando el número de calorías que contenían los menús en algunos de los restaurantes analizados, los investigadores descubrieron que los consumidores que contaban con la información nutricional consumian 155 calorías menos. Dentro de este grupo, el 49% de los consumidores con estudios universitarios confesó que se había dejado influir por las calorías, algo que solo afectó a un 9% de los que contaban solo con el graduado escolar.

Según Oster, tales investigaciones demuestran que, al final, las etiquetas sólo servirán en aquellos lugares con clientes con estudios y bolsillos llenos.

restaurante americano

Si bien no todos los nutricionistas están de acuerdo con las palabras de la economista, sí comparten la opinión de que no es necesario contar calorías para perder o, simplemente, mantenernos en nuestro peso. De acuerdo con el nutricionista estadounidense Jonny Bowden, la gente cuenta calorías porque resulta mucho más fácil que entender los efectos que tienen los alimentos en nuestro cuerpo.

“La comida produce efectos hormonales en nuestro cuerpo. Algunos dicen ‘guarda esa grasa’, otros ‘gasta ese azúcar’ y otros ‘construye ese músculo”, señala. “Los estudios muestran que las dietas basadas en la misma cantidad de calorías, pero con diferentes proporciones de grasas, proteínas y carbohidratos, dan diferentes cantidades de pérdidas de peso”.

De ahí que recomienden que no tengamos miedo a ingerir calorías, porque existen toda una variedad de alimentos que requieren más energía que otros para la digestión y el metabolismo. Y si no se queman, ya se consumirán en el gimnasio. Como cada año, toca disfrutar de los placeres navideños (y luego ya vendrán los propósitos de Año Nuevo…)

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Con información de Five Thirty Eight, FDA, y Web MD

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