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Los hospitales nos están poniendo enfermos por su gran impacto en el cambio climático

Actualmente en España existen 791 hospitales entre públicos y privados, que cuentan con un total de 158.566 camas instaladas. Dan trabajo de forma directa a medio millón de personas, realizan 80 millones de consultas al año e ingresan a 5 millones de pacientes. Pues bien, ese mismo lugar al que vas para que pongan remedio a tus males, por descabellado que parezca, es uno de los culpables de que haya cada vez más enfermos. Y no es porque quienes allí trabajan vayan por ahí propagando enfermedades, ni mucho menos. Los últimos estudios apuntan que estos centros emiten una gran cantidad de gases de efecto invernadero que perjudican gravemente el medioambiente.

Según un análisis publicado recientemente por Jodi Sherman, directora del departamento de sostenibilidad y salud pública de la Universidad de Yale, y Matthew Eckelman, profesor de ingeniería civil y ambiental en la Universidad de Northeastern, las emisiones de los hospitales y clínicas a la atmósfera están resultando sumamente perniciosas. Tanto es así que, a tenor de sus cálculos, esos mismos lugares a los que acudimos en busca de una cura serán los responsables de la pérdida de hasta 381.000 años de vida saludable en el futuro (es decir, años perdidos debido a problemas de salud, discapacidad o muerte prematura).

El estudio analiza el impacto que podrían provocar las emisiones que producen los centros sanitarios en el cambio climático y cómo esta situación contribuye a que aumente el riesgo de que la población mundial padezca enfermedades como la malaria, que se contabilicen más infecciones de piel y estomacales a causa de las inundaciones, que aumente la desnutrición a nivel mundial, que se produzcan brotes de diarrea y que los ciudadanos del mundo padezcan más enfermedades cardiovasculares.

Eso sí, en todo momento disculpan a los profesionales que trabajan en esos centros y que, a la postre, son colegas suyos. “Nos preocupan los pacientes que tenemos enfrente de nosotros”, apunta la profesora Jodi Sherman. “Es difícil para nosotros pensar cómo estamos perjudicando la salud de las personas que están lejos, tanto geográfica como temporalmente”. No obstante, la falta de perspectiva de quienes se preocupan por nuestra salud cuando nos encontramos frente a ellos no impide que haya profesionales de otros campos que sí que hayan pergeñado posibles alternativas para evitar que esta situación se prolongue.

Una de las soluciones que se barajan es el uso de energías alternativas, que además de permitir un ahorro de dinero, posibilitan que se aumente la eficiencia energética y que se utilicen menos combustibles fósiles. Así mismo, el uso de estas fuentes de energía también permitiría que los hospitales y centros médicos tuvieran energía en caso de que tuviera lugar algún desastre natural. De ser así, podrían seguir atendiendo pacientes en caso de que un huracán, un terremoto o un tsunami acabe por interrumpir el suministro energético. A estas medidas, algunos expertos suman el uso de materiales más adecuados para el aislamiento térmico y así sacar más partido a los recursos empleados, por ejemplo, para mantener una temperatura adecuada en el interior de los hospitales.

No obstante, y pese a que la mayoría de los expertos coinciden en el diagnóstico que dibujan Sherman y Eckelman en su investigación, lo cierto es que cuestionan los cálculos que estos han realizado. Son tantas las variables y las predicciones que se han de combinar en un análisis de este tipo que pueden surgir ciertas dudas. Pero lo cierto es que se han de tomar medidas para evitar que esos mismos lugares a los que acudimos para encontrar la cura a nuestras enfermedades dejen de contribuir a que enfermemos.

Una situación global y un paquete de medidas locales

Si bien el trabajo de estos investigadores se ha centrado en la situación que generan los hospitales estadounidenses, lo cierto es que la situación es similar en otras partes del mundo. Sin ir más lejos, en Europa y, concretamente, en España. De hecho, en materia de eficiencia energética la Unión Europea hace algún tiempo ya instó a los centros sanitarios a tomar medidas para reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Y lo cierto es que distintos hospitales españoles ya se han puesto manos a la obra para tratar de paliar el efecto pernicioso que su actividad estaba teniendo en el medioambiente.

Los hospitales españoles tienen una alta variabilidad de consumos en función del estado de las instalaciones y de su tipología. Un hospital puede consumir entre 20-60 mil kWh por cama, unas 20 toneladas medias de CO2, lo que implicaría entre 180 y 580 euros al mes: consume más una cama de hospital que un domicilio particular. Pero, a día de hoy, ya se ha puesto en marcha acciones para reducir el impacto: desde aquellos que han implementado planes que serán avalados por auditorías energéticas y revisiones periódicas, hasta aquellos otros que directamente han decidido dejar de lado el gasóleo para apostar por algo menos pernicioso como es el gas natural para que las calderas que se encargan de la climatización y del agua caliente puedan funcionar.

También se han optimizando los sistema de ventilación, un componente muy importante en un hospital dadas las especiales necesidades de desinfección y renovación del aire. Los motores de los ventiladores suponen una parte muy importante del consumo total energético del hospital.

Pero más allá de las medidas que puedan tomar los responsables de gestionar los centros hospitalarios, como ya advertía en un informe que hizo público algunos años atrás la Organización Mundial de la Salud, debe ser una cuestión en la que participen más agentes. Sin ir más lejos, las autoridades locales que deben, entre otras cosas, proveer a los ciudadanos y al personal sanitario que trabaja allí de medios de transporte públicos y respetuosos con el medioambiente para poder llegar al centro.

En definitiva, todos los implicados han de contribuir a que los hospitales sigan siendo única y exclusivamente lugares para buscar soluciones a los problemas de salud que sufren los ciudadanos, en lugar de contribuir a aumentar el riesgo de que se propaguen ciertas enfermedades a causa de agravar el cambio climático. Y para ello, todos nosotros tenemos que poner de nuestra parte y si en lugar de en coche podemos ir en autobús o en cualquier otro transporte público, mejor hagámoslo. Al fin y al cabo, todo suma a la hora de cuidar nuestro planeta y, con ello, también nuestra salud.


Con información de Popular Science, American Journal of Public Health, Redacción Médica y Observatorio de Salud y Cambio Climático. Las imágenes de este artículo, por orden de aparición, son propiedad de Pexels, Pixnio y Quartzla

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