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Houston, tenemos un remedio: el audaz plan de rescate que podría haber salvado el Columbia

rescate

Entre el 16 de enero y el 1 de febrero de 2003 se cocinó a fuego lento el último gran drama de la aeronáutica espacial. En el despegue del transbordador Columbia, un trozo de espuma de aislamiento del tanque externo de combustible se desprendía y golpeaba, a una velocidad superior a los 800 kilómetros por hora, la parte inferior del ala izquierda de la aeronave.

Cómo terminó esta historia es algo de sobra conocido: tras quince días en los que la NASA no hizo nada por evitar la tragedia – a pesar de descubrir el percance en un vídeo -, el Columbia se desintegraba el 1 de febrero de 2003 al entrar en contacto con la atmósfera como consecuencia de la rotura de un panel del ala durante el despegue. Algunos restos del transbordador llegaron hasta la superficie terrestre, aunque apenas ha llegado a aparecer el 40% de una nave cuyo valor era por entonces de 2.000 millones de dólares. Los siete tripulantes del Columbia murieron cuando estaban regresando de su misión.

https://www.youtube.com/watch?v=WD2AS9wxA98

Tras la tragedia, la NASA estuvo dos años sin enviar astronautas al espacio. Además, el Congreso estadounidense le encargó a la agencia un completo informe para determinar las causas del accidente que conmocionó al mundo. Uno de los anexos de ese documento plantea cómo la NASA hubiera podido rescatar a la tripulación del Columbia si hubiese sido capaz de prever lo delicado de la situación. Así, todo lo que viene a continuación es la narración del rescate que podría haber sido y no fue.

Un rescate de ciencia ficción

¿Habría sido posible? ¿Los siete astronautas del Columbia podrían estar ahora con sus familias recordando todo aquello como un susto? La respuesta a ambas preguntas es afirmativa, aunque para ello la NASA hubiera tenido que afrontar el mayor reto de su historia.

Cuando arrancó la misión del Columbia, el transbordador Atlantis empezó a ser preparado para una misión que comenzaba el 1 de marzo. De esta forma, había una nave disponible para acudir al espacio a rescatar a la tripulación de otra que, tras el desprendimiento de la espuma aislante, nadie sabía cómo volvería a casa.

A pesar de disponer del Atlantis, el plan de rescate planteado en el informe es una verdadera carrera contrarreloj y el más mínimo fallo hubiera supuesto un fracaso de magnitudes catastróficas. El primer paso que debía dar la agencia estadounidense era saber en cuánto tiempo podría preparar la operación y cuánto aguantaría la tripulación del Columbia.

La gran dificultad para que los siete astronautas esperaran la llegada del Atlantis no era la falta de agua, comida u oxígeno, sino la acumulación de dióxido de carbono. El CO2 exhalado por la tripulación es filtrado por unos depósitos de hidróxido de litio (LiOH) para cristalizar el compuesto tóxico. El Columbia disponía de 69 de estos depósitos, lo que se traduce en un plazo de 30 días hasta que los niveles de CO2 en el interior de la nave superaran el 3,5% del aire, porcentaje que los científicos establecieron como límite para que los astronautas pudieran realizar una vida más o menos normal de 16 horas de actividad y 8 de sueño sin consecuencias graves para su salud, aunque sí con dolores de cabeza y fatiga.

Columbia2003

Las botellas con hidróxido de litio estaban, por lo tanto, disponibles hasta el 15 de febrero. Por su parte, la NASA no podía poner en marcha este plan de rescate hasta que no tuviera las imágenes del desprendimiento y el lanzamiento y las analizase, es decir, hasta el tercer día de la misión, el 18 de enero.

Entonces la NASA se enfrentaba a su primera carrera: 28 días para preparar el Atlantis con las garantías suficientes para enviar a una tripulación a rescatar a los integrantes del Columbia. Tareas que, en condiciones normales, se suelen realizar en plazos de meses, se tenían que completar, como mucho, en dos semanas. Pocos iban a dormir a pierna suelta en la agencia estadounidense.

También era necesario acelerar la preparación de la propia tripulación del Atlantis. Ellos también suponían un problema, ya que el transbordador no podía ir en busca de los astronautas lleno de gente. Los transbordadores de la NASA estaban diseñados para llevar en su interior a entre cinco y siete astronautas. Obviamente, el Atlantis necesitaba su propia tripulación, pero la justa como para que en la nave de rescate cupieran, además, los siete integrantes del equipo del Columbia.

El informe estipula que la tripulación del Atlantis hubiera sido de cuatro personas: dos para pilotar la nave y otras dos para llevar a cabo las labores de rescate. Aún así, en caso de éxito, el transbordador iba a traer a nuestro planeta a once personas, todo un récord de tripulantes en una nave de este tipo, en la que sin lugar a dudas el viaje iba a estar apretado.

Día 25: la hora de la verdad

El Atlantis tenía tres espacios horarios posibles, en dos días distintos, para llegar hasta el Columbia. En concreto, los días 9 y 10 de febrero (días 25 y 26 de la misión de la aeronave accidentada). El problema es que esas ventanas temporales eran nocturnas, así que, en caso de que el Atlantis sufriera un percance como el del Columbia – no solo el Atlantis no estaba exento de riesgos, sino que, además, al haber sido preparado en tiempo récord, hubiera sido bastante probable que algo no estuviera en su sitio- no podría verse nada y, en tal caso, podría ser la misión más ridícula y fatal de la NASA en los últimos tiempos.

Suponiendo que todo esto hubiera ido bien, la tripulación del Columbia tendría que recuperar cierta actividad para colocar la aeronave boca abajo respecto a la Tierra. El día 9, el Atlantis despegaba para colocarse justo debajo de la nave accidentada y en perpendicular, a una distancia de unos seis metros. Después de tantas carreras y de asumir tantos riesgos, por fin había comenzado el rescate.

tlantis y Columbia en el rescate

A estas alturas del plan, ya estábamos ante un momento histórico, porque nunca dos transbordadores han estado en órbita a la vez. Hitos aparte, dos de los cuatro astronautas del Atlantis eran los encargados de llevar una escala hasta el Columbia, para que dos astronautas de la nave accidentada bajaran hasta su pasaporte de vuelta a casa. Una vez en el Atlantis, era el momento de quitarse los trajes para que los encargados de las labores de rescate los llevaran de vuelta al Columbia y que otros dos miembros de la tripulación repitiesen el proceso.

Siete astronautas quitándose y poniéndose el traje, en un entorno sin gravedad y sin contar con ayuda especializada, es una tarea que lleva unas 8 o 9 horas, según el informe, ya que hay que tener en cuenta el tiempo que la tripulación del Columbia llevaba inhalando demasiado CO2  y que, además, su actividad durante los últimos veinte días había sido, simplemente, esperar. Una vez que los once hombres del espacio estaban a salvo en el Atlantis, comenzaba la ansiada – a la vez que peligrosa – maniobra de descenso hasta la superficie terrestre.

Obviamente, todo esto se encuentra a medio camino entre la ciencia ficción y la especulación pura y dura. Pero, sin lugar a dudas, habría sido todo un hito espacial, un logro que hubiera dejado boquiabierto al mundo entero y que, probablemente, habría salvado siete vidas.

Tripulación Columbia

Con información de Ars Technica, NASA y Wikipedia

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