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Del pósit a la plastilina: diez inventos mediocres que se convirtieron en imprescindibles de chiripa

Los usamos día sí, día también, y están presentes a lo largo y ancho de nuestro mundo. Son objetos con los que el trabajo, el entretenimiento e incluso la alimentación o la salud no serían lo mismo, productos que debieron salir de la mente de un genio en un momento de inspiración sin igual. Sin embargo, no todas las historias son así de perfectas y bonitas: grandes inventos como el pósit, la plastilina o incluso el plástico de burbujas nacieron casi por error. Fueron creados con un objetivo y fueron fallidos. Sin embargo, el ser humano les encontró una utilidad aún mejor. Pasen y vean la grandeza del ingenio humano a la hora de remendar errores y convertirlos en aciertos:

Plástico de burbujas

Utilizado para embalar productos frágiles, su popularidad es tal que existen incluso webs y aplicaciones que simulan esa placentera explosión de burbujitas. Ese sonido que sirve para acabar con el estrés no tiene mucho que ver con su verdadero origen. El film alveolar (así se llama en realidad este producto) nació a finales de los años 50. Sus creadores, Alfred Fielding y Marc Chavannes, unieron dos cortinas de ducha dejando entre una y otra una capa de aire, lo que ahora serían las burbujas. Su intención no era otra que crear un material acolchado con el que empapelar paredes. El producto, claro, no tuvo éxito. Sus creadores intentaron darle salida como plástico protector de invernaderos, pero la idea tampoco cuajó. Finalmente, terminó convirtiéndose en el plástico de embalaje por excelencia. Todo, gracias a IBM, que recurrió a este invento fallido para proteger las piezas de sus primeros ordenadores personales.

Muelle de juguete

Su nombre oficial es Slinky y ha sido copiado hasta la saciedad. Sin embargo, este juguete metálico nacido en la década de los años 40 del pasado siglo tiene poco de juguete. Al menos, en su origen. Creado por el ingeniero Richard James, el objetivo no era otro que utilizarlo para dar algo de estabilidad a los objetos instalados en el interior de los barcos, evitando así golpes, caídas y otros accidentes provocados por el oleaje. Sin embargo, uno de ellos se escapó y James pudo observar cómo parecía tener vida. Así, en la Navidad de 1945 comenzó a comercializar esta espiral metálica como lo que realmente es: un juguete maravilloso.

‘Frisbee’

En 1871, William Russel Frisbie fundó su propia compañía de tartas, la Frisbie Pie Company. Aunque esto parezca tener poco que ver con el popular disco volador que hace las delicias tanto de humanos como de canes, es el punto de partida de su singular historia: las tartas se vendían sobre una suerte de platos metálicos con el nombre de la empresa grabado. Tras fabricar platos y tartas en masa, el singular recipiente tuvo éxito entre los estudiantes de la Universidad de Yale como entretenimiento. ¿Cómo? Lanzándolos para que volaran. Y así nació, casi por casualidad, uno de los juegos más populares del mundo.

Sierra mecánica

El uso original de esta herramienta tampoco tiene mucho que ver con eso de ir al bosque a talar árboles. De hecho, el invento de Bernhard Heine en 1830 tenía como objetivo cortar otra cosa más humana, por así decirlo: Heine era un médico alemán que desarrolló la primera sierra mecánica para partir huesos, nada más y nada menos. No sería hasta los años 20 cuando esta cuchilla con cadenas llegara al ámbito forestal. Por doloroso que parezca, su aspecto médico supuso todo un avance, ya que este instrumento inauguró una nueva era en el campo de la ortopedia, convirtiéndola en una especialidad, ya que facilitó mucho el trabajo de cortar a través del duro hueso sin el impacto del martillo y el cincel; o sin las sacudidas de la sierra de mano tradicional, lo que permitía a los cirujanos seccionar sin provocar el astillamiento de los huesos. Toda una consideración en una época donde la anestesia todavía no se había descubierto.

Plastilina

La plastilina es uno de esos inventos que tampoco cuajó mucho con su objetivo inicial y que, casi por arte de magia, terminó encontrando su lugar en este mundo. En la década de los años 30 del pasado siglo, los propietarios de la empresa de jabón Kutol crearon una masa hecha con harina, agua, ácido bórico y aceite de silicona, cuya función no era otra que limpiar el hollín del papel pintado de las paredes de los hogares. Sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial, el papel pintado fue sustituido por los de vinilo que se limpiaba fácilmente con agua y jabón, por lo que la masa dejó de usarse. Hasta que a partir de 1954 se comercializó con otro nombre y otra función: había nacido Play-Doh, un producto rediseñado que pasó a comercializarse como un juguete en las escuelas de Cincinnati y que hoy en día es considerado uno de los mejores juguetes del siglo.

Colutorio

Aunque ya hace dos milenios que el ser humano se preocupa por mantener a raya el mal aliento con distintos productos naturales, una de las marcas más populares de colutorio de la actualidad nació como un invento totalmente distinto. Listerine fue comercializado en su origen, allá por 1879, como una solución para fregar el suelo. Más tarde se vendió como un antiséptico quirúrgico (fue nombrado así en honor a Joseph Lister, que contribuyó a reducir en gran medida el número de muertes por infecciones contraídas en el quirófano) y, ante el escaso éxito del producto, se hizo un intento más: Listerine pasó a ser un enjuague bucal de fama que ha llegado a nuestros días.

7 Up

Si la Coca Cola original es famosa por haber sido creada como un jarabe, su hermana gaseosa 7 Up no se diferencia mucho. Su nombre, de hecho, era el de Bib-Label Lithiated Lemon-Lime Soda, una bebida que contenía litio y que se vendía como remedio para levantar el ánimo gracias a la presencia de este elemento de la tabla periódica. De hecho, el nombre cambió con el tiempo y hacía referencia a esta función, ya que el 7 no es sino el número atómico del litio y ‘up’ podría indicar esa ‘subida’ del estado de ánimo. Sin embargo, el litio ingerido en grandes cantidades tiene efectos tóxicos y dejó de emplearse con fines médicos. Obviamente, también desapareció de bebidas como esta, que tuvo que reinventarse como refresco carbonatado de amplio espectro.

Pañuelos de papel

En este caso, se podría decir que el material fue inventado antes de tener un uso. La celulosa de la que están hechos los popularmente conocidos como clínex fue utilizada en la Primera Guerra Mundial como protección para las máscaras de gas. ¿Y a partir de ahí? El fabricante intentó comercializar ese material de distintas maneras: primero, como un producto de higiene femenina; más tarde, como toallitas desmaquillantes. Ninguno tuvo éxito y, finalmente, la marca Kleenex se convirtió en la creadora de los pañuelos de papel que hoy reciben ese mismo nombre de forma genérica.

Pósit

El del pósit fue un invento en dos tiempos. A finales de la década de los 60 del pasado siglo, 3M deshechó un adhesivo creado por el químico Spencer Silver por su escaso poder de sujeción. Sin embargo, unos años más tarde, su compañero Art Fry recurrió a ese invento para solucionar un problema cotidiano: el marcapáginas que usaba en el libro de cánticos del coro de su iglesia siempre se caía. ¿Y si recurriera a una especie de cinta adhesiva despegable con facilidad y que no estropeara las páginas del libro? Recordando el invento de su colega, Fry dio a luz el pósit.

Medicamentos en desarrollo

Hasta ahora hemos visto los numerosos casos de inventos que nacieron con un fin para luego evolucionar y encajar con éxito en la sociedad, pero aún hay más: la ciencia demuestra que estas paradójicas situaciones continuarán sucediendo. Sin ir más lejos, recientemente investigadores de la Universidad de Lancaster han identificado la utilidad que tendría un medicamento, desarrollado en principio para luchar contra la diabetes, a la hora de revertir las pérdidas de memoria vinculadas con el alzhéimer. Al menos, en las pruebas con ratones. Sin duda, aún queda mucho por descubrir, y probablemente algunos de los futuros inventos tengan lugar de pura casualidad.


Con información de Forbes, Time, WFDF, Chainsaw Carving History, The Huffington Post, Freakonomics, The New York Times, Kleenex, Muy Interesante y BGR. Imágenes de Edwige, Pixabay (y 2), Eugene Peretz, Kleenex, Giorgio Montersino y audrey_sel.

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