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Diez inventos de hace siglos que la ciencia no consigue explicar

Vivimos aferrados a la idea de que estamos inmersos en la época más avanzada de la historia de la humanidad y lo cierto es que, día a día, nos rodean inventos cada vez más sorprendentes: los coches sin conductor circulan ya por las calles, gigantescas estructuras de metal surcan los aires con millones de viajeros en su interior y, por tener, podemos tener todo el conocimiento el mundo al alcance de un solo clic. Si bien todo esto es cierto, en otros tiempos pretéritos también pulularon por este mundo mentes brillantes capaces de crear inventos que, aún a día de hoy, todavía no hemos sabido explicar. Adelantados a su tiempo que en pleno siglo XXI tienen a la ciencia contra las cuerdas. Quizá ahora no somos tan listos, ¿no?

Mecanismo de Anticitera

Por asombroso que nos parezca, los griegos ya fueron capaces de crear algo que bien podría ser del siglo XX: una especie de arcaico ordenador capaz de predecir la posición de los planetas y, de esta forma, calendarizar ciertos acontecimientos. Lo encontraron en el año 1901 cerca de la isla griega de Anticitera. Este avanzado y complejo invento se encontraba en las profundidades marinas. Tal fascinación despertó que nadie podía creer que aquel artefacto tan sofisticado hubiera sido diseñado 2000 años atrás. Fue necesario un siglo para tratar de descifrarlo, pues no fue hasta el año 2006 cuando se publicó una investigación que explicaba su funcionamiento. Eso sí, aún nadie sabe cómo surgió este invento y por qué no se supo nada de aquel avance tecnológico hasta que lo encontraron por casualidad hace apenas un siglo.

El fuego griego

Era el arma secreta que empleaba el Imperio Bizantino en sus batallas navales y la que le permitió durante siglos hacer frente a los múltiples ataques de los árabes que intentaban asaltar aquel territorio cristiano. Estos lo llamaban fuego romano, mientras que los cruzados que se dirigían a tierra santa lo llamaban fuego griego y los otomanos ’fuego bizantino’. Se trataba de una sustancia inflamable que era capaz de arder incluso sobre el agua y la única forma de apagarlo era asfixiándolo, ya fuera con orina, con esferas de esparto, arena o vinagre. Se trata de uno de los secretos militares mejores guardados de la historia, hasta el punto de que su fórmula no se conoce. Al cabo de los años los historiadores coinciden en señalar que el invento conocido como fuego griego estaría compuesto de nafta, azufre y cal viva, entre otros elementos químicos.

Acero de Damasco

Aunque son muchos los que creen haber dado con la fórmula para crear este acero con el que fundieron sus espadas los guerreros en el territorio de la actual Siria desde el siglo XII hasta el XVIII, lo cierto es que la técnica se perdió mucho tiempo atrás. Los más fascinante era su aleación, que daba lugar a una mezcla de dureza y flexibilidad. De hecho, con las armas fundidas así se podía cortar desde un trozo de fina seda hasta una roca sin que el filo sufriera daño alguno. Aunque a día de hoy existe una patente para fundir este acero con alto contenido de carbono, obra de unos investigadores de la Universidad Complutense de Madrid, lo cierto es que son muchos los que dudan que esa técnica sea la original del auténtico acero de Damasco.

Sismógrafo de Zhang Heng

Mil setencientos años antes de la fecha que data el primer sismógrafo europeo, el científico, astrónomo y escritor chino Zhan Heng, considerado por muchos como el Leonardo Da Vinci asiático, ya había inventado un artilugio capaz de detectar los movimientos de la Tierra. En el año 132 presentó un instrumento que consistía en un jarrón de bronce con distintas cabezas de dragón que apuntaban en las direcciones de los distintos puntos cardinales: norte, sur, este, oeste, noreste, noroeste, sureste y suroeste. En caso de que se produjese algún seísmo, una bola de bronce se desprendía de la boca de los dragones e iba a parar a los sapos que estaban situados debajo, indicando la dirección del punto en el que se había producido el movimiento. Las crónicas de la época apuntan que este sismógrafo era tan preciso como cualquier invento de la actualidad. Puesto que el aparato original no se conserva, y que la mayoría de reproducciones son simplemente estéticas, son todavía muchas las dudas que existen acerca de su funcionamiento.

La Gran Pirámide de Guiza

La pirámide que mandó construir el faraón de la dinastía Keops, la cuarta del Antiguo Egipto, y que calculan se terminó de construir en torno al año 2560 antes de Cristo, constituye uno de los enigmas más complejos a los que se han enfrentado los investigadores de todo el mundo. Después de resolver cómo fueron capaces de mover los más de 2 millones de bloques de piedra que la componen, surgió un nuevo misterio: la cavidad interior. Hasta la fecha habían identificado un total de tres cámaras interiores grandes y una serie de pasajes. El más grande es la Gran Galería que cuenta con 47 metros de largo y 8 metros de ancho. Pues bien, ahora han identificado otra galería con las mismas dimensiones situada justo encima, un hallazgo que tiene desconcertados a los investigadores.

Tuberías de Baingong

Si algún día tienes la oportunidad de visitar el Tíbet, deberás también aprovechar el viaje para ver la ciudad de Delingha, al borde de la cuenca de Qaidam, y quedar fascinado con su principal atractivo turístico. Se trata de unas cañerías fundidas hace 150.000 años según los últimos estudios, y que recorren tres cuevas excavadas en una pirámide para guiar hasta un lago salado situado en el otro extremo. Alrededor del mismo se pueden encontrar estas cañerías que aún encierran varios misterios: cómo pudieron ser instaladas, para qué servían e incluso quién llegó a ponerlas ahí, teniendo en cuenta que los primeros moradores de la región llegaron hace 30.000 años. Una de las teorías más plausibles es que pudieran ser raíces de árboles fosilizadas, pues los científicos encontraron materia vegetal y también lo que parecían anillos de crecimiento. Y es que bajo ciertas temperaturas y bajo ciertas condiciones químicas, las raíces de los árboles pueden sufrir diagénesis (transformación del suelo en roca) y otros procesos que pueden producir formaciones de hierro.

El cristal flexible

Son muchos los historiadores romanos que en sus obras reflejaron la leyenda de que un comerciante se presentó ante el emperador para presentarle un recipiente de vidrio donde se podía beber y que era indestructible. Para comprobar la efectividad de este invento, cuentan las crónicas, el emperador lo lanzó al suelo y, efectivamente, el recipiente no sufrió ni un rasguño. No obstante, muchos dudan de que realmente existiese ese material puesto que jamás apareció una pieza de él en ningún hallazgo arqueológico. Eso sí, es importante saber que la técnica de soplado de vídrio comenzó en el siglo I después de Cristo y que los romanos fueron capaces de llevarla un paso más allá.

Fortaleza de Sacsayhuamán

A las afueras de la ciudad de Cuzco, en Perú, se encuentran estas fortificaciones realizadas con cantos de piedra, de entre 25 y 200 toneladas de peso, que parecen haber sido talladas de forma minuciosa para ser colocadas una sobre otra. Muchas han sido las hipótesis en torno a cómo los incas pudieron realizar tal obra de arquitectura. Desde un supuesto líquido elaborado con una planta que permitía ablandar las piedras, hasta haber sido movidas y colocadas por más de 1000 trabajadores. Pero por muchas maquetas que hayan realizado investigadores de todo el mundo, todavía no han conseguido dar con la técnica que utilizaron los habitantes de aquella región para realizar esa construcción ceremonial.

Baterías de Bagdad

Cuando los trabajadores del Departamento Estatal Iraquí del Ferrocarril encontraron unos pequeños jarrones de arcilla en el yacimiento con el que se toparon cerca de la aldea de Kujut Rabua, ni siquiera podían imaginar lo que tenían ante ellos. Las investigaciones posteriores hallaron en su interior un tubo de cobre, de alrededor de 9 centímetros, fijado a la boca del recipiente con asfalto y, en el interior, una barra de hierro. Aquel aparente jarrón, totalmente inofensivo, cuyo origen situaban entre el año 248 a. C. y el año 226 d. C. es considerado por muchos nada más y nada menos que una pila eléctrica arcaica, ya que al llenar el recipiente con vinagre o alguna otra solución electrolítica, es capaz de producir hasta 1,1 voltios.

Pilar de hierro de Delhi

Situado en el Complejo Qutb, declarado patrimonio de la humanidad, este pilar que tiene una altura de 7,21 metros es una de las piezas claves de la historia de la siderurgia y demuestra los amplios conocimientos que atesoraban los hindúes sobre la técnica de fundición del hierro. Fue mandado construir por el rey Chandra en honor a una deidad en el siglo IV y, aunque a simple vista pueda pasar desapercibido, lo cierto es que por esta obra parece no pasar el tiempo. Nadie sabe aún cómo se las ingeniaron sus creadores para fundir el hierro, pero lo cierto es que no le afecta lo más mínimo la corrosión. Aunque los científicos han podido averiguar los elementos que lo componen no aciertan a descifrar el motivo por el cuál se mantiene intacto pese, incluso, a las inclemencias meteorológicas.


Con información de Nature, ElConfidencial, AllThatIsInteresting, EPrints, ConfucioMag, BBC, Ancient Origins (y 2), La Brújula Verde, Smith College y The Hindu. Las imágenes de este artículos son propiedad de Youtube, Wikipedia y Pixabay.

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