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La desaparición de las mujeres con el rostro tatuado de Myanmar


Myanmar, antigua Birmania, es el hogar de más de 300 etnias diferentes. Los tatuajes han ocupado siempre un lugar destacado en sus culturas individuales y colectivas. Pero todo termina por borrarse si pasa el tiempo suficiente.
Durante muchas generaciones, las mujeres de los pueblos de la provincia de Chin se han tatuado el rostro completamente como un símbolo de fuerza y ​​belleza. De acuerdo con los ancianos, la práctica del tatuaje en la cara de las mujeres comenzó hace mucho tiempo, para evitar que fueran raptadas por los reyes birmanos, que habían oído hablar de la belleza de las mujeres y adolescentes Chin.
Cuenta la leyenda que, hace mucho tiempo, un rey birmano viajaba por su reino cuando se encontró con una bella joven que pertenecía a la etnia Chin. Tan prendado quedó que la cortejó y la llevó con él; pero poco tiempo después se cansó dejándola abandonada en un bosque. Sin embargo, corrió la voz de su hallazgo.

Durante años, los reyes birmanos llegaban a los pueblos de toda la provincia y sólo debían elegir a las chicas que querían llevarse con ellos. Sin medios para defenderse, los ancianos del pueblo, que también eran mujeres, comenzaron a tatuar los rostros de las niñas, eliminando así su belleza. Primero lo hicieron con carbón, pero la lluvia deslucía este maquillaje; así que decidieron tatuar permanentemente la cara de sus hijas.
Aunque todo comenzó como una manera de hacer a las mujeres menos atractivas, los tatuajes en la cara se fueron convirtiendo gradualmente en un símbolo de la belleza femenina que mostraba la dureza de su raza. Las mujeres tatuadas comenzaron a considerarse a sí mismas hermosas, y los hombres empezaron a rechazar para el matrimonio a las que no lo estuvieran.
Las mujeres de algunas tribus se hacían tatuajes diferentes, y aunque no se vea muy atractivo para nosotros los occidentales, eran muy apreciados en las sociedades tribales de la provincia de Chin, en Birmania.

En el proceso de tatuaje, las niñas de 11 a 15 años tenían que ser sujetadas por otros habitantes del pueblo con el fin de poder aguantar el dolor insoportable. La tinta utilizada proviene de una planta especial que algunas tribus mezclaban con los riñones de un búfalo, y era clavada en la piel con un instrumento parecido a una aguja de pino.
La mayoría de las chicas asistían aterrorizadas al proceso y muchas no podían abrir los ojos o hablar durante una semana, debido a la hinchazón. Pero era algo por lo que tenían que pasar a ser consideradas hermosas.
El ritual fue oficialmente prohibido por el régimen socialista birmano en la década de 1960 y los tatuajes se hicieron cada vez más raros, sobre todo tras el paso de los misioneros cristianos para convertir a las comunidades animistas. Hoy en día ya no se ven chicas jóvenes tatuadas. Ya sólo quedan con vida un puñado de ancianas que llevan los tatuajes que una vez les pusieron por ser jóvenes y bellas. Cuando mueran, la antigua tradición morirá con ellas.
Estas mujeres son las últimas de su estirpe y han sido inmortalizadas por el fotografo y escritor aleman Uwe Parkitny, que ha documentado la tradición entre estos grupos de mujeres en los últimos diez años en un libro titulado «Blood face«, para que su historia perdure en el tiempo como lo hicieron sus tatuajes.

Fotos de Thaung HtutAndrzej Olszewski y Jean-Marie Hullot
Más fotos en FlickRiver 
Vía Things Asia.

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