Logo Vodafone
  • Cooking Ideas
  • La supernova de Tycho, el óvulo sideral que fecundó la astronomía moderna

Compartir en:

La supernova de Tycho, el óvulo sideral que fecundó la astronomía moderna

Hace más de 4 siglos el astrónomo danés Tycho Brahe empezó a cuestionarse las creencias de su época cuando el 11 de noviembre de 1572 detectó lo que supuso era una nueva estrella brillante en la constelación Casiopea. La luz llegó a brillar tanto como Venus y pudo verse durante casi dos semanas a plena luz del día.

Pero a los 16 meses se borró del cielo. Brahe documentó que, al contrario que la Luna y los planetas, la posición de la luz no se movía en relación con las estrellas, algo que causó conmoción en una época en que se creía que los cielos eran inmutables. Acababa de descubrir la primera supernova de la historia de la observación espacial, a la que se bautizaría con su nombre, la supernova de Tycho.

Este insólito hecho inspiró a Tycho Brahe en el estudio de las estrellas, comenzando una carrera de observaciones que contribuyeron a que sea considerado como el padre de la astronomía moderna, marcando el punto de inflexión entre el pasado y el futuro en la investigación de los astros.

La luz directa de la supernova Tycho, en este caso la explosión termonuclear de una estrella enana blanca acompañada de un cuerpo celeste, pasó por la Tierra hace siglos. Pero en parte impactó en las nubes de polvo en las profundidades del espacio.

Ese «eco luminoso» ha sido observado por el satélite y observatorio de rayos-X Chandra, lanzado por la NASA en 1999.

La emisión de rayos X de baja energía se ha coloreado en rojo, la emisión de rayos X de energía intermedia está representada en verde, mientras que los rayos X más energéticos tienen un color azul, y muestran la onda de choque que se mueve a gran velocidad en el gas y que está constituida de electrones altamente energéticos.

Tan energéticos que se cree que estas partículas son propulsadas a velocidades 100 veces superiores que aquellas logradas por los aceleradores más potentes de la Tierra. La materia expulsada por la explosión se expande a unos 30 mil km por segundo y, después de más de 4 siglos, el diámetro del remanente supera los 20 años-luz.

La imagen que encabeza este post es una superposición de varias observaciones realizadas por el Chandra entre el 13 de abril y el 3 de mayo de 2009, con un tiempo total de exposición de 207 horas y 15 minutos. Sin embargo, se puede observar mejor la explosión de esta supernova superponiendo otras longitudes de onda.

Si a la imagen de rayos X del telescopio Chandra se le une una fotografía en infrarrojo obtenida por el Telescopio Espacial Spitzer, y una imagen óptica tomada por el telescopio hispano-alemán de Calar Alto, en Sierra de Los Filabres (Almería), el resultado es incluso más impactante.

Es entonces cuando uno puede comprender que cuando Tycho Brahe observó esa luz en el cielo, estaba realmente siendo testigo de su propia génesis, pues sin la explosión de supernovas no se habría formado un planeta como la Tierra, gracias al aporte de elementos químicos y materia prima para que se forme la vida. Al fin y al cabo, la muerte de una estrella supone el inevitable comienzo de la vida en el universo.

Fuente y fotos: Chandra

Compartir en: