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“Si mientes, te crecerá la nariz”: diez bulos irrisorios que los padres cuentan a sus hijos

Mentiras

Nadie dijo que fuera fácil educar a un niño. Por ello, y aunque no nos gustaría probar de la misma medicina, a veces hay que contarles alguna mentira piadosa con la que hacerles entrar en razón o no fusilar su ilusión. Es lo que pasa, por ejemplo, con (‘¡SPOILER!’) la verdadera naturaleza de los Reyes Magos. Sin embargo, hay mentiras verdaderamente increíbles y que, vistas con la perspectiva de un adulto, resultan un tanto histriónicas. Hoy te presentamos diez de ellas (verídicas) para que abras los ojos llenos de asombro o apuntes ideas que usar con tus retoños:

calamares-fritos

“Mis padres me hacían comer calamares diciéndome que eran aritos de cebolla italiana”

Uno de los grandes dramas de los padres es dar de comer pescado y verdura a sus hijos. Cualquier treta vale: rebozar, echar al pasapuré… O inventarse esotéricos nombres que sin duda harán las delicias de los más pequeños. Así, unos calamares pueden resultar desagradables, pero si decimos que son “aros de cebolla italiana”, entonces la cosa mejora mucho: hay fritanga clásica de por medio, hay deglución.

Pilas

“No venden pilas de recambio para este juguete”

Estás harto del sonido que hace ese juguete a pilas que le regalaron a tu hijo en su último cumpleaños. Un día, milagrosamente, se agotan (no, no intentes quitárselas antes de tiempo porque se va a dar cuenta). El heredero, que todavía no tiene edad suficiente para ir al supermercado, te pedirá unas nuevas. Tú dirás que imposible, que se han agotado o que para ese modelo en concreto no hay repuestos. Mientras, cruzarás los dedos para que se lo crea. A volver a dormir la siesta tranquilo.

Helado

“Si suena música en el carrito de los helados es que se han quedado sin helado”

Algo tan yanqui como este elemento, que ha conocido una nueva vida en España con los ‘food trucks’, no podía faltar en mentiras a niños, ávidos por zamparse cualquier cosa con azúcar. Normalmente, suena música de forma continua. ¿Por qué no aprovecharse de ello para mantenerles el estómago vacío antes de llegar a casa y darles de cenar calamares disfrazados de aros de cebolla italiana? Sencillo: si hay música es que se han agotado los productos. Otro día será.

Coca-Cola

“Esto no es Coca-Cola, es agua negra. No te va a gustar”

Si antes no queríamos niños empalagados antes de la hora de la cena, ahora no los queremos con cafeína y sin dormir en toda la noche (o con el estómago lleno de gases y una noche con traca fallera). Para ahorrarnos un más que probable disgusto, nada mejor que hablar mal de uno de los refrescos más bebidos en todo el mundo. De mayores, ya tendrán tiempo para tomarlo cuando quieran.

Terremoto

“Mi madre me dijo que hay un terremoto cuando un planeta lucha contra otro”

Esta progenitora decidió tirar de mitos indígenas para evitar, por desconocimiento o para no extenderse demasiado en la explicación, la teoría de las placas tectónicas. Desde luego, la teoría del choque de planetas es mucho más entretenida que la realidad. Afortunadamente, todavía existen centros educativos, donde los niños reciben la información más detallada posible sobre los terremotos. Esperemos que nadie se enfrente a los profesores con estas extravagantes teorías.

Snacks y cerveza

“Mi padre me decía que Papá Noel estaba cansado de leche y galletas y que yo conseguiría regalos extra si dejaba Doritos y una cerveza”

O, si eres de los Reyes Magos, la explicación de a dónde van a parar las copitas de anís que dejas la noche de antes en la mesa del comedor y los trozos de roscón desaparecidos. Cada padre tiene sus apetencias preferidas para picotear de noche, pero desde luego pocos optan por esa opción salada y cervecera que renos o camellos jamás se tomarían. ¿Qué te apetece después de colocar regalos? Padres del mundo, pedid: sois los reyes de vuestras casas.

No hablar

“La gente habla 10.000 palabras por mes. Si alcanzas el límite, no puedes hablar hasta que comience el nuevo mes”

Un truco para aquellos niños que son demasiado charlatanes y te tienen la cabeza frita. Conseguirás que callen, pero quizás le provoques un trauma por ponerse a pensar en cuántas palabras les quedan. Esta mentira hay que aplicarla con mesura, que no es cuestión de crear niños introvertidos y taciturnos.

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“Cuando era pequeño, mi padre me decía que ‘Pulp Fiction’ era un documental sobre naranjas porque él no quería que la viera”

La fruta puede ser un horror para los niños y un aliado para los padres, según la ocasión. Por eso, no sufras si a tu hijo no le gusta el postre natural, porque ese pequeño defecto se puede volver en tu beneficio para excusas tan extravagantes como estas. Cuando algo incomoda en la tele, nada mejor que decir que se trata de un aburrido documental sobre cosas que nunca se comerían. Desfilando a la cama sin necesidad de decírselo.

Orejas

“Cuando mientes, tus orejas se vuelven rojas”

Que no tiene por qué ser así, a menos que te ruborices cuando no digas la verdad. Esta es la versión semáforo de la clásica leyenda urbana sobre las narices, que la cultura popular nos legó con ‘Pinocho’ (¿alguien ha leído el cuento original?). Si después de dar este consejo escuchas a tu hijo decir algo raro y, acto seguido, taparse las orejas, comprobarás que ha funcionado. Una máquina de decir la verdad.

Espinacas

“Si comes espinacas podrás levantar la casa”

Y terminamos con otro referente de la cultura popular: Popeye. La falsa creencia de que las espinacas tenían mucho hierro ha llevado al forzudo personaje a convertirse en argumento de autoridad en más de una y dos comidas. Si a tu hijo le da por investigar y encuentra los cimientos de la casa, descubrirá que todo es mentira, así que procura no usar demasiado esta trola. Mientras tanto, comerán sano.

Imágenes de Shutterstock

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