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Nada es tan real, como la vida misma

La vida es tan compleja, que es tan cierto decir que internet y las redes sociales son sólo un reflejo de la vida real, y al mismo tiempo se puede opinar que todo es mentira. Un contrasentido que uso para definir la enorme paradoja con la que convivimos siempre que hablamos de percibir la realidad, el mundo que nos rodea, la vida, a través de un medio.

Y la red y el social media, con o sin marketing, es un medio como cualquier otro. Para unos sectores de la población puede ser el principal y hasta el único, y para otros no existir más allá de la compra de unos billetes de avión.

Pero eso ha pasado siempre. Y como en una deliciosa novela de Harry S. Keeler, llamada «Las Gafas del Sr. Cagliostro«, las cosas pueden ser reales o no, sólo dependiendo del cristal con el que las miramos. El problema llega cuando más que ver la vida a través de un determinado medio, lo que hacemos es vivir en el medio… ¿Existe la realidad en internet?

Todos hemos aprendido en el colegio, como la imagen de un objeto sumergido en un líquido, por aquellas cosas de la refracción de la luz entre medios de distinta densidad como son el agua y el aire, se distorsiona. Y cuando en comunicación hablamos de medios, tenemos que ser conscientes que igual que el lápiz en el vaso de agua, la realidad nos llega modificada de una u otra forma.

Me explicó María Pallier, directora del programa Metrópolis de TVE, que el documental puro, no existe. Que todo lo que se muestra en un medio, realizado por una persona, es en definitiva, ficción. Ni siquiera si colocas una cámara fija en un punto y grabas durante horas, puede ser considerado realidad pura y dura. La cámara estará colocada en un determinado ángulo, con una exposición concreta, una profundidad de campo… todas esas decisiones condicionan lo que el espectador ve, y probablemente no serían las mismas si el realizador o el operador de cámara fueran otras personas. Todo lo que nos cuenta alguien, tiene su impronta, y por tanto, es reflejo de cómo ve él la realidad. Ahora imagina lo que pasa en la sección de informativos, en los que sí que hay que intervenir en la historia que cuentas. Basta leer la misma noticia en dos periódicos.

Así pues, no se puede afirmar que la web social, por estar en manos supuestamente de los usuarios libremente, representen un reflejo de la realidad y que las marcas deben acatar sus veredictos.

¿Acaso los usuarios no modifican su opinión a favor o en contra influenciados por su percepción personal? ¿Y qué herramienta usa el marketing para modificar esa percepción, si no es la publicidad y los medios?

Terminaba el post de la semana pasada preguntando si no conocías a alguien encantador en las redes sociales que en la vida real fuera un perfecto imbécil. Y si eso es así con gente que conoces en la vida real, con la que vives experiencias reales y reconoces sus cara y sus gestos, imagina en un foro, o en un muro en el que para empezar, no puedes ni asegurar que esa usuaria, llamada Marisol, no sea en realidad, Manolo.

Hay un proverbio africano que dice: «Para educar a un niño hace falta toda la tribu«. Me pregunto, si ahora que dejamos de recordar cosas porque podemos encontrarlas en internet en el acto , y confiamos más en nuestro medio social que en las voces autorizadas, no nos estaremos convirtiendo en una tribu, en el peor sentido de la palabra, eso sí, con una imagen irreal de tecnológicamente avanzada.

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