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Las diez montañas más peligrosas del mundo

Escalar el Annapurna es el equivalente a jugar a la ruleta rusa al cara y cruz: una posibilidad me salva, la otra me liquida. 58 de los 142 escaladores que intentaron conquistar la montaña murieron en el intento, un ratio del 40,8%, brutal incluso para los estándares del himalayismo, donde la muerte del 10% de los montañeros es casi la ofrenda mínima de entrada de las expediciones a la montaña.

Los datos han sido recopilados por los montañeros Xavier Eguizitza y Antxón Iturriza, contabilizan el número total de ascensiones e intentonas realizadas hasta 2005 y los ha recogido Eduardo Hidalgo en su libro “Hedonismo sostenible” (Ed. Amargord). La intención de Hidalgo es advertir que un deporte considerado noble y saludable como el montañismo es de hecho muy peligroso, mucho más peligroso, por ejemplo, que consumir ciertas drogas recreativas:

“(…) con estas cifras en las manos, uno no puede dejar de preguntarse qué eslogan podría ser utilizado en una eventual campaña preventiva que tratase de disuadir a la gente de practicar el himalayismo. Si tenemos en cuenta que, en razón de las tasas de mortalidad asociadas al consumo de MDMA (recodemos: una muerte por cada 6,8 millones de dosis consumidas), se ha lanzado insistentemente el mensaje de que consumir éxtasis es como jugar a la ruleta rusa, ¿qué podría decirse al respecto del ascenso a ochomiles cuando, como hemos visto, en alguno de ellos casi se produce un accidente por cada dos intentos de hacer cumbre?”

Evidentemente, la intención de Hidalgo no es proponer que se prohíba el alpinismo sino, muy al contrario, exigir que se despenalice el consumo entre adultos de esas otras sustancias que las autoridades sanitarias consideran una amenaza para la “salud pública”. Después de demostrar que incluso deportes en apariencia menos peligrosos, como el esquí, son también varios órdenes de magnitud más nocivos para la salud de sus practicantes que el consumo de psicotrópicos, hace suyas las palabras del representante de Parques de Canadá, después de que siete niños murieran por un alud durante una excursión en 2003:

“Nos negamos a que el Gobierno nos organice la vida. Es una cuestión de elección personal y distintas personas tienen diferente tolerancia”.

Puedes comprar “Hedonismo sostenible, las drogas sin moralina” aquí mismo.

 

Comentarios: 9

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Trackback Bitacoras.com | Julio 8, 2011 | 5:44 pm

Comparar el peligro de ambas actividades por el número de muertes es simplista. Consumir drogas no sólo mata, sino que provoca en un numero sin determinar de personas alteraciones mentales que afectan de por vida. Consumir drogas, salvo en el caso de estilos de vida que pueden lidiar con sus consecuencias, altera la vida una persona más allá del momento del consumo.

Abogo por su legalización como mal menor, no por su inocuidad.

Comentario AlbertodeFco | Julio 8, 2011 | 6:20 pm

Alberto, en el mencionado libro no sólo se compara el número de muertes. Se comparan todos los indicadores sanitarios y sociales (mortalidad, morbilidad, potencial adictivo, potencial criminógeno, valores, daño a terceros, influencia en la infancia) en razón de los cuales determinadas sustancias como la MDMA (lo mismo daría si habláramos, por ejemplo, del cannabis o el LSD) han sido prohibidas.

Lo que viene a demostrar dicho libro es que los criterios en razón de los cuales esas y otras sustancias son declaradas ilícitas son completamente falaces; que, por los motivos que sean (excepto los sanitarios) ciertas conductas arriesgadas son aceptadas y hasta promovidas mientras que otras son denostadas, estigmatizadas y prohibidas.

Por lo demás, al igual que comentas tú, el libro, independientemente de los resultados de las comparaciones, lo que viene a recomendar es un modo más sensato, provechoso, beneficioso y sostenible de abordar legal, social y sanitariamente el fenómenoo del consumo de drogas, y en ningún momento hace alusión a la inocuidad de estas sustancias, ya sean el éxtasis, el cannabis o la heroína.

Gracias por tu comentario.

Comentario trecemonos | Julio 8, 2011 | 8:50 pm

Perdona que vuelva a insistir, Alberto, pero al respecto de las alteraciones mentales de por vida asociadas al consumo de drogas, permíteme que cite un párrafo del libro:

“Al respecto, mencion aparte merece, de hecho, la cuestion del dano cerebral asociado a la practica de una y otra actividad. En el caso de la MDMA, ya comentamos que no termina de quedar claro si realmente se producen lesiones cerebrales permanentes o si tan solo tienen lugar algunos deficits reversibles y de nula significacion clinica en areas como la memoria y que afectarian unicamente a la minoria de usuarios que realizan usos muy abusivos durante largos periodos de tiempo. Por el contrario, a nadie se le escapa que, entre aquellos que, transitando montes de alturas medias y bajas, sufren traumatismos craneoencefalicos, lesiones de medula espinal o politraumatismos (recordemos, el 22%, el 10 % y el 20%, respectivamente, de los sujetos rescatados por la PGHM en el Macizo del Mont Blanc), habra unos cuantos que se veran gravemente afectados; que, como ya hemos apuntado, tendran secuelas cronicas (quedaran paraplejicos, hemiplejicos o tetraplejicos, por ejemplo); y que, en algunos casos, no lo duden, sufriran danos cerebrales permanentes e irreversibles. Del mismo modo, como tambien hemos comentado anteriormente, son varias las investigaciones que han constatado, de forma irrefutable, la existencia de danos cerebrales irremisibles entre la minoria de montaneros que ascienden a las mas altas cotas del planeta65, y —esto lo decimos ahora— tambien en las no tan altas, ya que, recientemente, un estudio de Nicolas Fayed encontro lesiones cerebrales en alpinistas amateurs que habian ascendido a cimas como el Mont Blanc (4.810 metros). Lesiones (discretas atrofias cerebrales) que, por lo demas, cuando se repitieron las evaluaciones tres anos despues de la ascension, demostraron no haber remitido lo mas minimo”

Saludos cordiales.

Comentario trecemonos | Julio 8, 2011 | 8:52 pm

Parece que coincidimos en la esencia, es decir, el desastre que ha supuesto a todos los niveles la política de fiscalización internacional de estupefacientes y la imperiosa necesidad de abandonar las hostilidades para empuñar el sentido común y empezar a desatascar los embotellamientos legislativos que obstruyen el libre flujo de recursos energéticos por las cañerías del sistema.

Por lo demás, creo que en ningún sitio se ha mencionado que las drogas sean inocuas, hacerlo sería una insensatez, como lo es afirmar categóricamente que su función es matar y destrozar el cerebro. Durante muchos años hemos sido adiestrados en el miedo, pero creo que ya somos mayorcitos para cuestionar los parámetros del programa, esculpir nuestro propio criterio y reparar en que tal vez el problema no radique en unas sustancias que carecen por completo de moral: ni esconden malévolas intenciones ni ocultan entre sus átomos la piedra filosofal que resuelva de un plumazo todos los problemas que atenazan a la humanidad. Al igual que ningún viaje por tierra, mar o aire se encuentra exento de peligros, tampoco en las expediciones al interior tienes asegurado el billete de vuelta. Por eso mismo, para evitar accidentes, conviene extremar muy mucho las medidas de seguridad: informarse sobre la sustancia, sus efectos, mezclas y contraindicaciones, conocerse uno mismo y sus límites, calculando cuidadosamente las dosis, cuidando hasta el ínfimo detalle el espacio y la compañía para viajar. La arraigada mitificación de las drogas en el inconsciente colectivo concede inexistentes superpoderes a unas herramientas que sólo nosotros transformamos en elixir, en sacramento, en medicina, en vehículo, en juego, en arma o en veneno. Si os apetece leer más sobre el tema, hace unos días se desencadenó una encendida y prolongada discusión sobre el asunto en Menéame:

http://www.meneame.net/story/drogas-salvaron-deporte

Comentario delincuentis | Julio 9, 2011 | 2:33 am

Alberto, nada es inocuo, ni siquiera el agua.

Te interesaría también saber, que un tipo de drogas legales, las medicinas, causan más de 250.000 casos de enfermedades yatrégenas y/o reacciones adversas, sólo en España.

Lo que se discute es la ridiculez de que algunas sustancias estén prohibidas y otras no, atendiendo exclusivamente a razones socio-sanitarias.

El libro del Señor Hidalgo, lo que hace, es desmantelar una por una esas razones y para hacerlo, además, utiliza ejemplos de actividades que pueden ser cotidianas o “normales” para un sector de la población, que está más que convencido que el “deporte es vida” y que por lo tanto su vida es más buena y más segura que la de nadie.

Comentario Lady Xena | Julio 11, 2011 | 8:47 am

Con todos los respetos pero aquí se parte de un error. Y no referente a los datos sino a la interpretación que le estás dando. Es un error Iñaki cuando afirmas “58 de los 142 escaladores que intentaron conquistar la montaña murieron en el intento” De la misma manera que es un error cuando Eduardo Hidalgo dice: “¿qué podría decirse al respecto del ascenso a ochomiles cuando, como hemos visto, en alguno de ellos casi se produce un accidente por cada dos intentos de hacer cumbre?” Esos datos no dicen que 142 escaladores intentaron hacer cumbre. Hay cientos de himalayistas que han intentado hacer cumbre en el Annapurna. La cifra de 142 hace referencia a los que HAN CONSEGUIDO hollar la cumbre. – Decenasde escaladores intentan hacer cumbre cada año en esta montaña desde que en 1950 se escalara por primera vez. La mayoría no lo consiguen se dan media vuelta y vuelven a casa. Esos no aparecen en los datos. 142 lograron ascender hasta la cumbre desde la fecha mencionada anteriormente. 58 de los centenares que lo intentaron fallecieron en su intento. La ratio % de mortalidad hace referencia (como figura en el gráfico) a Ascensos/Defunciones y no (como tu comentas) Intentos de cumbre/defunciones. Nada que ver. Igual no tiene tanto sentido comparar escalar montañas-consumir drogas ahora. Un saludo.

Comentario manuelalcazar | Marzo 19, 2013 | 12:25 am

Como ya dijo Manuel en el comentario anterior, contar por un lado todas las defunciones, tanto los producidos tras haber hecho cumbre en la vuelta como las que se produjeron sin alcanzar la cumbre, pero por otro lado ponerlas en relación solamente con el conjunto de las ascensiones exitosas sin contar los intentos fracasados, no es válido para estimar el riesgo, al inflarlo drásticamente. Hasta serían posibles valores muy superiores al 100%.

A continuación el artículo se refiere al alpinismo en general, cuyos riegos obviamente suelen ser ordenes de magnitud inferiores en la inmensa mayoría de los casos que para estas diez montañas más letales, pero que sobre todo presenta una diferencia fundamental con las mencionadas riesgos de las drogas: Tomando éxtasis, el riesgo es el que es, el que arrojan las estadísticas, que es por lo que aquí se habla de ruleta rusa. En cambio, en la montaña los riesgos dependen en buena medida de uno mismo. Los accidentes recogidas en las estadísticas se deben en su inmensa mayoría a la imprudencia y el exceso de ambición de algunos, mientras los montañeros prudentes que son conscientes de sus limites y prefieren abandonar a tiempo cuando las cosas se complican corren un riesgo muy inferior.

Comentario Ansgar Seyfferth | Abril 21, 2013 | 9:47 pm

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