Logo Vodafone
  • Cooking Ideas
  • El Puente de los Franceses y el destino del mundo: un ejercicio de historia-ficción

Compartir en:

El Puente de los Franceses y el destino del mundo: un ejercicio de historia-ficción

captain-america-vs-hitler

13 de noviembre de 1936. Las tropas franquistas comandadas por el teniente coronel Asensio avanzan por la Casa de Campo de Madrid. Su objetivo es el Puente de los Franceses: si consigue tomar este punto la defensa de Madrid en el Parque del Oeste perderá uno de sus vértices fundamentales y los sublevados podrán entrar en la capital. Frente a ellos están desplegados los guardias de asalto del comandante Carlos Romero Giménez, militar con experiencia en la guerra de Marruecos y de profundas convicciones republicanas que es muy popular y respetado por sus hombres.

A las 12:45 de ese día el comandante envía un mensaje al cuartel general diciendo que no necesitan apoyos, sólo bombas de mano. Pero a las 15:00 h y al parapetarse de un tiroteo tras unos sacos terreros el comandante hace zig en lugar de zag y una bala de 7 mm. de los regulares de Asensio le revienta el pecho. A las 17:00 la situación es desesperada en el Puente de los Franceses-Puente Nuevo. Se da la orden de volar los puentes, pero el caos y la caída de la noche lo impiden. Los regulares aprovechan el desplome de moral y están a punto de tomar el paso; la llegada de los primeros Brigadistas Internacionales apoyados por milicias anarquistas lo impide por poco, pero el ataque continúa los días siguientes y el 15 los franquistas cruzan el Manzanares a la altura de la Ciudad Universitaria. 

carte-franco

Sus suministros en esta zona dependen de la Pasarela de la Muerte, un pontón ferozmente batido por ametralladoras desde el Puente de los Franceses. El 17 un feroz ataque provoca la huida en pánico de los anarquistas en el Parque del Oeste; privados de su adorado jefe los Guardias de Asalto ceden, y el Puente de os Franceses cae. Casualmente los generales Miaja y Rojo están visitando las posiciones de la Cárcel Modelo y corren pistola en mano a detener la desbandada de los milicianos. Suena una descarga, y los jefes de la Defensa de Madrid caen muertos. Hay caos en las filas republicanas: nadie sabe quién manda, lo que acelera el colapso. Los regulares y los moros entran, como estaba previsto, por la calle Princesa hacia la Plaza de España mientras algunos legionarios corren a liberar a los miles de presos facciosos de la Cárcel Modelo, que son armados y se unen a los atacantes. Madrid cae: los fascistas han pasado. El resto de la zona republicana apenas presenta una resistencia nominal. El 31 de diciembre de 1936, Día de la Raza, Franco anuncia que la guerra ha terminado. Los vencedores celebran la victoria comiendo las uvas a los sones de 12 cañonazos.

Pero la historia no se detiene por ello.

En esta hipótesis la Guerra Civil española ha durado apenas unos meses en lugar de tres años. Esto ahorra decenas, centenares de miles de vidas de caídos en combate, pero también de paseados y represaliados. Hay represión, por supuesto, pero el nivel de saña que alcanza es muy inferior a la real, al igual que el nivel de culto a la personalidad del nuevo dictador. Hay presos y fusilados, pero el colapso de la defensa republicana no da tiempo material a que el bando franquista demonice a sus adversarios, ni a que los comunistas adquieran la primacía en el bando republicano. La destrucción material es relativamente reducida: ha sido un golpe de estado casi limpio que será estudiado con detalle por academias militares en todo el mundo. En 1937 Franco se encuentra con una España unida y no muy machacada, un ejército fogueado que ha luchado (y vencido) en alianza con alemanes e italianos y todo el futuro por delante.

¿Qué pasa ahora?

Con una España mucho menos dañada por la Guerra Civil cabe sospechar que las cosas en 1939 y sobre todo 1940/41 podrían haber sido diferentes. Y no sólo en España, sino en el ámbito mundial, porque por proximidad ideológica y simpatíael régimen franquista de entonces estaba muy próximo al Eje Berlín-Roma-Tokio. De hecho España cambió su estatus de ‘Neutral’ a ‘No Beligerante’ en la guerra cuando la caída de Francia se vio como inminente, en lo que entonces se interpretó como un paso previo a su participación alineada con la Alemania nazi. Igual que Mussolini declaró la guerra a Francia poco antes de su derrota final para hacerse con algunas porciones de territorio en los Alpes es muy probable que una España menos dañada por la Guerra Civil hubiese entrado de lleno en la Segunda Guerra Mundial en el bando alemán. 

hess-1924-goebbles hitler

A favor habrían estado las sempiternas ambiciones imperiales de la derecha española en el norte de África, la excitante posibilidad de recuperar Gibraltar, e incluso de plantear la recuperación de partes del Rosellón o el País Vasco francés. También la estimulante idea de participar en la creación del Nuevo Orden Mundial que Alemania estaba imponiendo por entonces a sangre y fuego. En la cúpula franquista existían fuertes pulsiones ideológicas a favor de Alemania; la mayor debilidad de un Franco que no habría contado con tres años de guerra para reforzar su poder omnímodo habría dado alas al bando capitaneado por gente como Serrano Súñer y el general Muñoz Grandes, fervorosos pro-nazis. Los generales sobornados por el Reino Unido, como Aranda, hubiesen tenido serias dificultades para parar la decisión. En la reunión Franco-Hitler en Hendaya, en octubre de 1940, se acuerda la entrada de España en la guerra como aliada de Alemania con todos los honores. El primer paso, el lanzamiento de la Operación Félix.

2dag

Félix era un plan diseñado por el Estado Mayor alemán para conquistar Gibraltar, cerrando así la llave del Mediterráneo a los ingleses y estrangulando su economía al cortar un vínculo vital del Imperio Británico. Con la plena cooperación de una España plenamente recuperada de sus problemas internos y la entusiasta cooperación de su gobierno (y de Portugal), Félix era un paseo militar: Gibraltar cayó en mayo de 1941. La segunda fase de la operación era más complicada y había sido cuidadosamente preparada: fuerzas de la Kriegsmarine y de la Armada española habían tomado posiciones para bloquear la prevista respuesta británica.

Denominada Operación Pilgrim/Puma, si Gibraltar caía Churchill había previsto un desembarco fulminante de una brigada reforzada transportada por cuatro buques rápidos en alguna isla del Atlántico: Azones, Madeira o las Canarias, que pudiese servir a la armada británica como base para no perder por completo el control del Estrecho y limitar a una marina nazi con bases en la Península. Pero con toda la fachada occidental del Atlántico en manos alemanas o de sus aliados la misión estaba destinada al fracaso: el grupo fue interceptado y destruido por una emboscada de submarinos y fuerzas de superficie del Eje. El Estrecho queda en manos de los regímenes fascistas y el Mediterráneo amenaza con convertirse en un lago bajo su control directo o indirecto, con la única excepción de Egipto.

Los restos de la flota británica en el Mediterráneo se apresuran a retirarse. El canal de Suez pierde su importancia estratégica y las islas griegas como Creta se transforman en incordios, que no amenazas. La poderosa flota italiana controla sin problemas el Mediterráneo central. Las comunicaciones entre Londres y la India ahora dependen de la ruta del Cabo de Buena Esperanza, mucho más larga y vulnerable a la interdicción. Sobre todo ahora que el Eje cuenta con la Península ibérica como base desde la que lanzar ataques tanto aéreos como marítimos en el Atlántico. Los submarinos también tienen bases desde las que proyectarse sobre las comunicaciones entre el Reino Unido y los Estados Unidos: desde puertos en Galicia y Portugal los ‘wolf packs’ convierten la Batalla del Atlántico en una verdadera e insostenible carnicería.

1335290855_portada

Pero, sobre todo, la perspectiva estratégica de Hitler cambia. El Mediterráneo es la clave, el ‘blando bajo vientre de Europa’ que había dejado dicho Churchill en la Primera Guerra Mundial. Aplastar a los británicos en Egipto y abrirse camino desde allí hacia Oriente Medio y sus reservas de petróleo es una perspectiva embriagadora para los alemanes. Y mucho más sencillo como primer paso que enfrentarse directamente a la URSS en ese momento. Con el Reino Unido al borde de la inanición, el Imperio Británico partido por la mitad y el Mediterráneo convertido en la práctica en Mare Nostrum nazi las perspectivas de victoria en Europa son halagüeñas. Después vendrá acabar con Stalin, que de momento está vinculado por el Pacto de No Agresión y, aterrorizado por las victorias alemanas, se comporta como un corderito.

¿Se ganó entonces la Segunda Guerra Mundial en las afueras de Madrid? ¿Pudo la defensa del Puente de los Franceses cambiar el destino de Europa, y del mundo?

La verdad es que es poco probable. Además de los imponderables que convierten cualquier ejercicio de historia paralelaen poco más que un juego hay otros factores que hacen que el destino final de la contienda estuviese predestinado, sobre todo uno: los Estados Unidos. La situación en Europa hubiese influido muy poco en las decisiones del gobierno japonés, ya que por mucha prisa que se hubiese dado Hitler en conquistar Mesopotamia y los campos de petróleo de Irán no hubiese podido llegar a tiempo de ofrecer salvaguardas a Japón. El bloqueo estadounidense de petróleo del 1 de agosto de 1941 ponía a los japoneses en una posición desesperada (un año de reservas, dos para la flota), y no es realista pensar que los nazis hubiesen podido ofrecerles el alivio preciso en 1942. La ecuación en el Lejano Oriente no habría cambiado incluso aunque Gran Bretaña hubiese caído. Pearl Harbor se habría producido igualmente, y con el ataque, la entrada de los EE UU en la guerra.

Hitlers-Britain-2002

Igualmente Hitler hubiese terminado por atacar a la URSS más tarde o más temprano: los imperativos de su ideología así se lo exigían. Y aunque la Estrategia Mediterránea le hubiese proporcionado el petróleo y los minerales que la industria bélica alemana necesitaba el retraso habría dado tiempo a Stalin a reforzarse también. Incluso un Reino Unido invadido por los alemanes y gobernado por el títere nazi Oswald Mosley no les hubiese supuesto ventajas, sólo inconvenientes: más costa a cubrir por las murallas de la Fortaleza Europa, ya que Churchill y el rey se hubiesen retirado a Canadá con la flota y continuado la lucha. Ingleses Libres al estilo de las tropas de De Gaulle, esperando regresar con los estadounidenses en un desembarco mucho más complicado en lo técnico pero inevitable.

Cogida entre la URSS y EEUU una Europa nazi habría resistido más tiempo, pero no cabe dudar de que a la larga el resultado habría sido el mismo: la entrada de las tropas soviéticas en Berlín, un desembarco estadounidense en Europa Occidental, el Götterdämmerung completo. Quizá con mayor número de víctimas (aún), con la casi segura finalización del exterminio judío e incluso con la espantosa posibilidad de ataques atómicos en suelo europeo, pero con un final muy difícil de modificar. Las armas-maravilla (wunderwaffe) de los nazis no hubiesen podido evitarlo, porque en última instancia la única arma capaz de dar la vuelta a la contienda estaba en manos de los aliados.

El mayor cambio habría estado en la propia España, que hubiese formado parte del bando perdedor en un entorno europeo. El destino del país habría quedado ligado al destino de Europa tras la contienda en lugar de estar casi medio siglo separado. El devenir político habría sido sin duda muy diferente, con una democracia de estilo occidental plenamente homologable ya desde los años 50 y con un desarrollo económico apoyado por los fondos para la reconstrucción. A cambio la destrucción hubiese podido ser mucho mayor que la provocada por la Guerra Civil. Lo que es cierto es que las acciones de un puñado de hombres en los primeros días de noviembre de 1936 en Madrid tuvieron un impacto en el destino del país, y quizá del mundo.

Casi verdad:

Compartir en: