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¿A quién pertenece el yoga?


Grabado de una persona en postura de meditación, de 5.000 años de antigüedad.
Millones de personas en todo el mundo empiezan su día haciendo Suria Namaskar, el saludo al sol, una secuencia de doce posturas en movimiento que libera al cuerpo de la rigidez de la noche. Pero el saludo al sol es más que una sucesión de posturas (asanas), sino que incluye una actitud devocional hacia el astro rey, considerado una deidad (Suria) por la mitología hindú. Otro tanto sucede con el Om que abre y cierra las sesiones de yoga, y otras muchas posturas, nombradas como deidades del inabarcable olimpo hindú (330 millones de dioses, según las últimas estadísticas).
La comunidad hindú de EEUU, 2,5 millones de personas, ha iniciado una campaña para que el yoga recupere sus raíces con el hinduismo. “Take yoga back” busca un doble objetivo:
– Hacer conscientes a los practicantes de yoga en aquel país (cifrados en 15 millones de personas y que genera un lucrativo negocio de 6.000 millones de dólares al año) de que el yoga pertenece a la tradición hinduista.
– Concienciar al público de que el hatha yoga -la modalidad física del yoga- es sólo una de las ocho vías del raja yoga, una disciplina que abarca todos los aspectos de la vida, incluyendo la salud (ayurveda), la rectitud moral, respiración (pranayana) y meditación. El cumplimiento de todos los preceptos conducen al moksha (liberación). “Enfocarse exclusivamente en el yoga físico sin la espiritualidad es rudimentario y deficiente”, dice Aseem Shukla, uno de los impulsores de la campaña.
Hay que aclarar que en ningún momento se pretende persuadir a yogis y yoginis a que se conviertan al hinduismo.
La campaña hindú ha desatado un enconado debate entre los practicantes del yoga en aquel país. Entre los practicantes del yoga hay cristianos, budistas, musulmanes, judíos y agnósticos, muchos de los cuales consideran la intención de la campaña una intrusión por parte de los hindúes, amén de una apropiación de una práctica que no pertenece a ninguna cultura o religión, por más que haya nacido en el valle del Indo. Una polémica del mismo tinte se desató recientemente por el intento de Bikram Yoga -un notorio “culpable” de la desacralización del yoga- de patentar una serie de posturas.
El famoso autor new-age Deepak Chopra, estadounidense de origen indio, cree que la reclamación es errónea desde su propio origen, en tanto el yoga precede al hinduismo y entronca sus raíces en la filosofía védica, que antecede a aquel varios siglos. La réplica de Shukla es un ataque ad hominem en toda regla hacia Chopra, al que acusa de haber montado un imperio basado en “deconstruir y reempacar la filosofía hindú sin llamarla hindú”. El interesante intercambio entre Chopra y Shukla tuvo lugar en las páginas de Newsweek y continúa ahora en NYT.

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