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Goyas vs. Oscars: 10 diferencias entre ambas ceremonias

Premios Óscar

Este sábado se celebra la gran fiesta de nuestro cine. Los Goya llegan a su trigesimoprimera edición y muchos telespectadores estarán pendientes del televisor a partir de las 22.00 horas. A algunos, probablemente, poco les importe cuál de las películas nominadas termine arrasando en lo que al palmarés se refiere: prefieren echarse unas risas tuiteando en directo, mientras los más cinéfilos aplaudirán algunas decisiones y algunos, también, se echarán las manos a la cabeza al hacer comparaciones con la gran ceremonia del séptimo arte, los premios Óscar, que se celebra a final de mes. ¿Quieres saber cuáles son algunas diferencias entre ambas galas del cine? Sigue leyendo.

Menos categorías

En los Goya se entregan 28 estatuillas más el Goya de honor (del que hablaremos luego). En los Óscar, tan solo 24. Esto se debe, entre otros motivos, a que nosotros premiamos a más actores (seis, entre principales, secundarios y revelación), a más directores (dirección novel y dirección a secas) y una película extranjera más (iberoamericana y europea). ¿Alguien se atrevería a recortar el número de candidaturas? No: en 2007 se planteó que los cortometrajes salieran de los premios y los cortometrajistas protestaron de tal manera que hubo que rectificar enseguida. Probablemente, con menos categorías la gala duraría menos (una de las principales quejas todos los años), pero parece que por ahora no será posible.

Un evento aparte para el Goya de honor

El Goya de honor suele llevarse muchos minutos de esa gala. En Hollywood, tal vez por aligerar o por darle todo el protagonismo al homenajeado en un evento único, retiraron hace unos años ese galardón del gran día para entregarlo en una ceremonia aparte y, además, a más personas. Aquí, a lo máximo que se ha llegado es a hacer otro reconocimiento durante la fiesta de nominados.

Discursos cortos

La longitud de los discursos de agradecimiento siempre ha sido un problema para mantener el ritmo de ambas ceremonias. Pero existen soluciones: lanza indirectas para que imiten a presidentes como Cheryl Boone Isaacs, que el año pasado, en apenas dos minutos, hizo una llamada a la diversidad en Hollywood y a otra cosa, mariposa. O haz como Joe Pesci, que empleó solo tres segundos en agradecer su Óscar como actor secundario por ‘Uno de los nuestros’: “Es un honor, gracias”, dijo simplemente. Y se fue. Aquí, la cosa se puede alargar a los ocho o nueve minutos, y eso solo se lo podemos permitir a un Goya de honor.

Un ‘photocall’ repleto de gente

En 2016 el guionista y director Borja Cobeaga, nominado al Goya por la historia de ‘Negociador’, se encontró con una singular situación: no le dejaron pasar por la popular alfombra roja y lo mismo sucedió a muchos, por no decir a todos los nominados técnicos, con el consiguiente cabreo de ALMA (el sindicato de guionistas). El entonces presidente de la Academia, Antonio Resines, prometió que cambiaría la situación. Por tanto, habrá que ver si este año hacen como los estadounidenses: por la puerta del Dolby Theatre desfilan todos los nominados, e incluso figurantes bien vestidos para rellenar lugares vacíos a lo largo de la alfombra.

Dani Rovira, ¿nuestro Billy Crystal?

Es la primera vez que Jimmy Kimmel (1967), toda una autoridad del ‘late night’ televisivo en Estados Unidos, presenta esta gala, aunque hizo lo mismo en los Emmy de 2012 y 2016. Tal y como está la situación política en Estados Unidos, no sería de extrañar que este comediante de ya larga carrera haga chistes sobre ello, al más puro estilo Billy Crystal que presentó la ceremonia hasta en nueve ocasiones (el récord lo tiene Bob Hope, que lo hizo hasta diecinueve veces). En cambio, ya sabemos que Dani Rovira, con más experiencia en esto de presentar ceremonias de premios cinematográficos que incluso Ellen DeGeneres (son sus terceros Goya consecutivos), avisó de que no habría referencias políticas en su guión. ¿Cumplirá al final con lo dicho?

Compraventa de estatuillas, prohibida

En España se puede vender un Goya, como ya intentó Eduardo Bajo Ulloa cuando llevó al Cash Converter el que tenía por el guión de ‘Alas de mariposa’. Algo que no se podría hacer con un Óscar: desde 1950, cada ganador firma una especie de contrato por el cual se compromete a que, si quisiera vender la estatuilla dorada, la compradora prioritaria sería la Academia y por el precio de 1 dólar (poco más de 90 céntimos de euro). Lo que sí se pueden comprar son los Óscar otorgados antes de esa norma. O rebuscar en el mercado negro… Después de lo que ha pasado con el cabezón de don Francisco, la Academia española se ha planteado añadir una cláusula como esa a las bases de los premios.

Variedad

Las críticas del año pasado a la ceremonia de los Óscar por la falta de nominados negros han hecho que este año haya más variedad racial entre los que optan a un premio. De hecho, la principal rival de ‘La La Land’ es ‘Moonlight’, la historia de un adolescente negro homosexual en la Florida de los años 80. En los Goya, las críticas del año pasado se han repetido este año: la mayoría de las nominaciones las acaparan películas producidas por las grandes televisiones y que han pasado por los grandes festivales de cine, mientras que hay poco espacio para proyectos independientes o de bajo presupuesto, así como para mujeres directoras y guionistas. 

Cenas organizadas por todo lo alto

Después de la gala de los Óscar hay una cena de esas que dejan a todos con la boca abierta, organizada por uno de los gobernadores de la Academia, es decir, uno de los miembros de la junta directiva. Él o ella es la persona responsable de que todo esté a la perfección (con mucha ayuda, claro): decoración, caviar, botellas de champán, canapés con la figura del tío Óscar… Son más de 1.500 invitados, entre ganadores, nominados y participantes. En España no hay tanto dispendio, aunque sí un cóctel y fiestas varias.

La hora de la realidad virtual

Los nuevos formatos también tienen cabida en la meca del cine. Por ejemplo, ‘Pearl’ es un corto de Google que tiene el honor de haberse convertido en el primero para realidad virtual que ha recibido una nominación al Óscar. Ahora queda preguntarse cuándo será la oportunidad de que suceda lo mismo en España. Estudios e ideas tenemos y solo haría falta que cumplieran con las bases, tanto para largos como para cortos: estreno en salas comerciales, haber recibido premio en un festival… ¿Tal vez el año que viene?

Los premios de ‘Timecode’

Después de llevarse la Palma de Oro al mejor cortometraje en el Festival de Cannes, ‘Timecode’, del español Juanjo Giménez, opta al mismo reconocimiento en los Óscar y en los Goya, en la categoría de cortometraje de ficción. ¿Se llevará el gato al agua también en estas dos ediciones? No es tan difícil, sobre todo cuando recientemente se llevó el Gaudí de la Academia del Cine Catalán. Probablemente esta historia de dos vigilantes de seguridad con una forma muy particular de comunicarse entre sí se lleve el Goya a casa. Otra cosa es que ponga una pica en un mercado tan difícil como el norteamericano, aunque también tiene muchas posibilidades. Solo podremos saberlo el próximo domingo 26 de febrero a partir de las 2.30 horas de la madrugada en España, cuando comiencen los Óscars en el Dolby Theatre de Hollywood.

Imagen de lincolnblues.

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