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Los ‘alérgicos al Wifi’ no tienen refugio en España

La electrosensibilidad o “alergia al wifi” es una supuesta enfermedad que dicen padecer personas a lo ancho del globo, y que provoca graves reacciones ante las onda electromagnéticas producidas por algunos aparatos eléctricos. Científicos, médicos (y seguramente alguna teleoperadora) tratan de esclarecer aún si se trata de una dolencia real o es el invento colectivo de unos cuantos avispados con pocas ganas de trabajar y mucha imaginación.

En Estados Unidos, ya existe al menos una pequeña comunidad donde sus miembros han escapado del mundanal ruido urbano para vivir una vida libre de wireless y ondas de teléfonos móviles.

En España, el debate también está abierto (y en punto muerto) y existen personas afectadas que tratan de demostrar que se trata de una afección real. ¿Tenemos nosotros adónde huir?

La respuesta es no. En todo el mundo existen más de cinco mil millones de líneas telefónicas activas; más otros tantos puntos de acceso inalámbrico, sin contar ondas de radio, satélites y demás monstruos tecnológicos, resulta difícil encontrar un lugar en el planeta virgen de las radiaciones electromagnéticas.

La ciencia tampoco se pone de acuerdo sobre si se trata de una enfermedad real. Existen multitud de estudios tratando de demostrar una y otra opinión, sin resultados concluyentes. En la red, los fanáticos tecnológicos enseñan los dientes a las huestes colectivos preocupados cada vez que se menciona el tema. La Organización Mundial de la Salud (OMS) no reconoce su existencia, con lo que no existen protocolos sanitarios para tratarla. Es más, la mayoría de médicos identifican los síntomas de los pacientes con otras afecciones como el estrés o la ansiedad.

Suecia, por contra, ha sido el primer país en reconocer la electrosensibilidad como una enfermedad crónica y en emplear métodos para su tratamiento. A nivel europeo la preocupación por los posibles efectos de las ondas se tradujo en mayo en una resolución del Consejo de Europa en el que insta a sus países miembros a controlar y legislar para reducir la exposición a cualquier tipo de radiación electromagnética.

En Virginia (EEUU), en la región montañosa conocida como las Allegheny Mountains, el pequeño pueblo de Green Bank (143 habitantes) constituye un territorio relativamente libre de radiación. Se sitúa en un espacio de 33.000 kilómetros cuadrados bajo control gubernamental conocido como US Radio Quiet Zone (un espacio libre de ondas de radio), utilizado para el desarrollo de estudios científicos y operaciones militares.

Hasta aquí han acudido los afectados por la Hipersensibilidad Electromagnética, (EHS en sus siglas en inglés), para buscar una vida mejor. Esta dolencia, que dicen afecta al 5% de la población norteamericana, produce irritación cutánea, malestar, migrañas, espasmos musculares y dolor crónico ante la presencia de aparatos capaces de generar radiación electromagnética. Los variados síntomas pueden ir a peor con el tiempo, de forma que algunas personas terminan por no soportar ni la cercanía de un mando a distancia.

La paradoja de vivir en un entorno donde sientes que los mismos aparatos de tu hogar están afectando a tu calidad de vida (los casos más extremos aseguran sentirse en “peligro de muerte”) es lo que llevó a muchos a refugiarse en las llamadas ‘Faraday Cage’; habitáculos de tamaño variable en forma de caja, recubiertos de varias capas de malla de metal, que en principio reducen el impacto de radiación electromagnética. Pero como nadie aguanta mucho pasando el tiempo en una pecera de metal, la localidad de Green Bank constituyó la solución perfecta.

¿Y en España?

En España, la situación no parece más halagüeña. Por el momento sólo una mujer, Minerva Palomar, ha conseguido que un juez le conceda la incapacidad permanente debido a este problema, y sólo después de largas deliberaciones en tribunales para demostrarlo. Existe un único médico en nuestro país que se atreve a diagnosticar la enfermedad, el doctor Joaquim Fernández Solá, del Hospital Clínic de Barcelona. El problema, según afirma el especialista, es que “la tendencia en medicina cuando hay una nueva enfermedad es no aceptarla y pensar que es cosa del paciente, que se la ha inventado”.

Ya conocemos el supuesto mal, pero ¿adónde puedes huir si vives en España? Lamentablemente para quienes no pueden ver un teléfono móvil, no tenemos (todavía) ninguna comunidad que haya colocado el cartel de “libre de radiación”. Seamos honestos, ni los ingenuos residentes de Green Bank se encuentran en lo que llamaríamos un ‘nivel 0’ de ondas. Puedes tratar de huir del router wifi del vecino, no comprar televisión, calentar tu casa con gas… que no podrás esconderte del satélite situado a 160 kilómetros por encima de tu cabeza.

Sí podemos minimizar el problema. En nuestro país existen infinidad de pueblos abandonados deseosos de que alguien se instale un día y vuelva a recorrer sus despobladas calles. Los puedes ver aquí. Por lo menos serviría para huir de las más de 20 redes wifi que te rodean en todo momento en ciudad (si vives en un bloque de viviendas, podéis comprobarlo). Problemas desesperados requieren medidas desesperadas ¿no?

La noticia, vista en bbc.co.uk y relacionada en abc. El fantástico mapa de los pueblos de España es de pueblosabandonados.es

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