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Tripas de pescado, impuestos a la orina y payasos suicidas: aquellos romanos y sus locas rutinas

Sestercios, túnicas vaporosas, gladiadores, conquistas… El mundo de los romanos estaba lleno de hábitos y curiosidades que se extendieron por la cultura y la forma de vida de gran parte de los pueblos de la actual Europa, el norte de África y parte de Asia. Aunque hasta nuestras clases de Historia apenas nos han llegado las grandes gestas y los nombres de los emperadores, la vida en la antigua Roma era tan asombrosa (o más) como la de nuestras ciudades actuales. ¿Sabías que tenían más de 200 días de fiestas al año, salsas hechas con casquería de pescado o cortes de pelo más que peligrosos? Estas eran algunas de las situaciones diarias con las que tenían que lidiar tanto patricios como plebeyos en tiempos del antiguo imperio romano:

Un impuesto a la soltería

Con el nombre de ‘uxorium’ se conocía un tipo de gravamen que debían pagar los hombres que llegaban a la sesentena y no se habían casado. Además, tenían que desposarse con las viudas de soldados fallecidos en combate. Este ‘uxorium’ estaba recogido en una ley que se promulgó en tiempos del emperador Octavio Augusto y que también impedía, por si todo esto no fuera suficiente desgracia, que los solteros y los casados sin hijos pudieran heredar.

Las mujeres no podían beber alcohol

Los romanos demostraron ser unos machistas de cuidado. No solo es que las mujeres tuvieran prohibido el vino (a no ser que estuviera cocido o fabricado con pasas para eliminar el alcohol), sino que sus esposos tenían el derecho a besarlas (o acercar sus labios a la boca por lo menos) para oler su aliento y comprobar si lo habían hecho. Uno de los castigos más ‘ligeros’ era encerrarla en una habitación de la casa. Ya que estos besos podían contagiar herpes, el emperador Tiberio prohibió la práctica.

El primer escrache, protagonizado por féminas

Llegó un momento en que las mujeres romanas dejaron de cruzarse de brazos. Tras la derrota de los romanos en Cannas a manos de Aníbal (216 a.C.) y al entrar en una época de crisis, se prohibió que las mujeres tuvieran joyas muy valiosas, ropas de colores vivos e incluso moverse por la ciudad en carruajes. Las mujeres acudieron cual marabunta el 195 a.C. al foro romano y comenzaron a presionar a magistrados y demás prohombres para desterrar la prohibición, pues la situación económica había mejorado. Durante días estuvieron así en el foro, sin moverse, hasta que consiguieron su objetivo.

Aires de fiesta

El calendario romano tenía 200 días festivos anuales. En la capital del imperio se programaban espectáculos públicos, bien teatro o bien actos que se celebraban en los circos. También había fiestas religiosas. En total, cada uno o dos días de asueto equivalían a uno laborable. Y por supuesto, nada de trabajar más allá de estos últimos. De hecho, de tantas actividades públicas viene parte de la expresión pan y circo, como crítica a las autoridades que querían ganarse el aprecio de las masas.

La mosca que salvó una casa

El famoso poeta Virgilio, cuya obra nos ha llegado hasta hoy, hizo una triquiñuela para evitar quedarse sin casa. El autor de la ‘Eneida’ pagó todo un funeral para una mosca de la que dijo que era su mascota. Hubo plañideras, invitados famosos de la época, poemas escritos para la ocasión e incluso un mausoleo para una criatura tan pequeña. Había truco: Virgilio sabía que se iba a promulgar un decreto por el cual se confiscarían algunas propiedades para entregar a soldados veteranos, excepto si esos terrenos tenían tumbas. De esta forma, el escritor se quedó con sus tierras.

Peluqueros con nervios de acero

En aquella época, el llamado ‘tonsor’ era el encargado de arreglar el pelo y la barba de los hombres. Los había privados y con local y otros que trabajaban en la calle. Estos últimos estaban sometidos a una gran presión, ya que si alguien los empujaba, había un accidente o, en definitiva, se distraían con algo podían herir a sus clientes. Los cortes con cuchillas y tijeras eran tan frecuentes que en tiempos de Octavio Augusto se multaba a quienes los hacían. El escritor y militar Plinio el Viejo tenía incluso una receta para la cataplasma sobre la herida: telarañas mezcladas con aceite y vinagre.

Aceite de oliva por el cuerpo

Y no para broncearse precisamente. La pulcritud que demostraban los hombres con pelo y barba no se traducía a la hora de hablar del jabón: los romanos usaban el preciado oro verde para limpiarse el cuerpo. Tras un tiempo, se lo quitaban con un estrígil, un rascador como el de la imagen. Se lo aplicaban cada día en brazos y piernas para quitar la suciedad del trabajo y cada ocho días por todo el cuerpo para ir al mercado. Debido a esto, las grandes urbes tenían mucha peste, aunque los gobernantes pedían que la gente fuera limpia, como veremos a continuación.

Baños comunitarios y muy sofisticados

Ahora se ven muchos baños públicos en las grandes ciudades, algo que no sorprendería a un antiguo romano si viajara en el tiempo, porque en su época lo más usual era hacer las necesidades en letrinas públicas: solo los más ricos tenían retrete en casa. Dichas letrinas tenían una corriente de agua que llegaba desde los acueductos para evacuar en todo momento residuos y olores pestilentes. Por si esto fuera poco, las leyes pedían que la gente fuera pulcra: limpieza de los canales frente a las casas para que los vehículos se movieran sin problemas, prohibición de tirar excrementos a la calle. Y hasta un ‘impuesto sobre la orina’ conocido como ‘Vectigal urinae’. Fue en el siglo I d.C. cuando el emperador Tito Flavio Vespasiano decidió gravar con un nuevo tributo a las empresas y personas que se dedicaban a recoger todo el líquido miccionado por el pueblo romano en los urinarios públicos.

Ricos intestinos de pescado

El ‘garum’ o garo era la mayonesa o el kétchup de la antigua Roma: era la salsa por excelencia, que se añadía a cualquier plato y, según cuentan, incluso al agua o el vino. Se curaba en salmuera (en factorías como esta en el yacimiento gaditano de Baelo Claudia), se dejaba secar al sol durante varios meses… Según cuenta el periodista Javier Ramos en ‘Eso no estaba en mi libro de historia de Roma’, un litro de ‘garum’ de Cartagena (Murcia) valía 180 piezas de plata. ¿Y de qué estaba hecho este manjar? De lo que menos podrías esperar: gargantas e intestinos de pescados como el atún, el esturión y la caballa. Para los más escrupulosos, había otras salsas cocinadas con aceite, vinagre, pasas o miel, como las de hoy en día.

Los payasos romanos

Según el historiador Tito Livio, la tragicomedia (de origen griego) fue importada a Roma en el 391 a.C. Normalmente se configuraba por medio de improvisaciones satíricas y populares que mezclaban todo tipo de bromas y chascarrillos, tanto en prosa como en verso, según el ingenio y atrevimiento de quien la representara. Los romanos siguieron la tradición en la que se presentaba una obra teatral (seria) y los payasos aparecían en los intermedios, o al final, interpretando su propia versión cómica de la obra.

Dentro de los payasos romanos se hicieron famosos Cicirro, que usaba una máscara con cresta de gallo y actuaba como tal (cacareando y batiendo brazos a guisa de alas) y Estúpido, que llevaba un traje de parches y un gorro puntiagudo. Pero sobre todo fue famoso Filemón, querido por todo el pueblo. Es conocida su anécdota: el emperador obligaba a los cristianos a hacer sacrificios a los dioses y, si el cristiano se negaba, era sentenciado a muerte. Un cristiano le pagó a Filemón para que fuera al templo y ofreciera por él sacrificio y, estando a punto de hacerlo, el payaso, que también era cristiano, se negó a realizarlo. Con pesar de todo el pueblo Filemón fue ejecutado y hoy, por su inquebrantable fe y valentía, es reconocido como santo: San Filemón. También ejecutaron a Cicirro. Los primeros (y algunos dicen últimos) cómicos cristianos. Estúpido, paradójicamente, parece que se libró.

Plata o plomo

Y terminamos hablando del final del imperio, o de las teorías que circulan en torno a él. El plomo se utilizó para las cañerías de la distribución de agua. Era maleable y no se corroía, así que no había problemas para que grandes cantidades de agua pasaran por este tipo de tubos. Incluso se usaba en cazuelas, en polvos faciales o para preservar el vino. Sin embargo, lo que no sabían los romanos es que el plomo, dentro del cuerpo humano, puede provocar graves daños en cerebro y riñones. Los arqueólogos han descubierto en los huesos de aquella época mucha contaminación de plomo y cobre e incluso existe la teoría de que pudo influir en la demencia de emperadores como Calígula o Nerón.

Con información de ‘Eso no estaba en mi libro de historia de Roma’ (editorial Almuzara), Wikipedia (1, 2)e Historias de la Historia. Imágenes de Greg_Men, Wikipedia (1, 2, 3, 4, 5, 6), Pixabay (1, 2) y Dennis Jarvis.

En el mundo hay historias tan curiosas como las de los romanos:

Vehículos cremallera, las máquinas que cambian los carriles a su antojo

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