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Descubren un desconocido chiste verde en una obra de Shakespeare

shakespeare cortada

A día de hoy, es casi imprescindible: series y películas cuelan, en alguna parte del guion, referencias a la cultura popular de nuestro tiempo. Sirvan como ejemplo el homenaje que le dedica ‘Cómo Conocí a Vuestra Madre’ a ‘Star Wars’, las mofas de ‘Los Simpson’ al pobre Harry Potter o la aparición estelar de la Miley Cyrus en ‘Padre de Familia’.

Sin embargo, aunque hasta los dibujos animados homenajean ahora las historias que logran ganarle la batalla al olvido y siguen estando de moda, la unión entre ficción y cultura popular es de todo menos nueva. Hasta el mismísimo William Shakespeare tiró de referencias populares y, en cierta ocasión, lo hizo para colar un chiste verde en una de sus obras. Esta jugada maestra del Bardo de Avon ha sido recientemente descubierta por Ross Duffin, un profesor de música de la Universidad de Cleveland, que ha puesto fin al misterio que habitaba en una de las líneas de la comedia ‘Trabajos de amor perdidos’.

Todo gira en torno a la palabra «concolinel», que según Duffin resulta ser una burla acerca del escaso tamaño del miembro viril de un noble. Situada al comienzo del Acto III de la obra, la misteriosa palabra revela el título de una canción francesa popular en tiempos del escritor inglés, utilizada en su caso para hacer una broma picantona.

concolinel

Un amor prohibido y una cosa pequeña

Escrita a finales de la década de 1590, ‘Trabajos de amor perdidos’ narra la historia del romance entre la francesa Jaquenetta y Costard, un sirviente del rey de Navarra que se atreve a pasarse por las vestiduras una prohibición del monarca: mientras él estuviera inmerso en sus asuntos académicos, nadie de su entorno podría mantener relaciones sexuales, ni si quiera estar en contacto con una mujer.

El secreto le dura poco tiempo a Costard, que es pillado ‘in fraganti’ con Jaquenetta. Ahí es donde entra en juego el noble que protagoniza la burla verde de Shakespeare. Don Adriano de Armado se enamora de Jaquenetta y le propone un trato al díscolo Costard: si acaba su relación con la joven y le deja vía libre, el sirviente del rey podrá recuperar su libertad.

El noble suele presumir de sus dotes amorosas, y su sirviente, Moth, no duda en burlarse de él (sin que se entere) y de sus presuntas habilidades en el lecho con sus amantes. Eso es precisamente lo que ocurre en el enigmático comienzo del tercer acto: el noble le pide a Moth que le proponga una canción para cautivar a Jaquenetta, a lo que el sirviente le responde con un simple y misterioso «concolinel».

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Como explica en una entrevista Duffin, el texto del tercer acto comienza con la palabra «canción». Fue así como el profesor descubrió que «concolinel» se refería a una: ‘Quand Colinet‘, el título (mal escrito por los copistas) de una composición francesa de finales del siglo XVI que sería la que Moth le canta a su señor.

De esa forma tan sutil, Shakespeare coló su chiste verde: la letra de la canción habla de un miembro “demasiado suave y demasiado pequeño”. El noble, que no entiende el francés, no se da cuenta de que su propio sirviente le acaba de golpear donde más duele (en el orgullo) al proponerle que le cante a su pretendienta gabacha un tema con el que reconozca, sin saberlo, sus carencias.

Duffin ha dado así por resuelto un misterio que llevaba siglos devanando los sesos de los numerosos académicos que estudian las obras del escritor inglés. Para demostrar su teoría, el investigador estadounidense ha señalado que la pronunciación de «concolinel» no solo se parece a la del título de la canción francesa, sino que el contenido de la letra casaría perfectamente con el de la obra.

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Por si deja alguna duda el hecho de que Shakespeare recurriera a una composición francesa, Duffin recuerda que a finales del siglo XVI y principios del XVII era muy común escuchar canciones llegadas de otros países, ya que los artistas procedentes del continente europeo solían desembarcar en las islas británicas y actuar allí.

‘Trabajos de un amor perdidos’ no es la única obra de Shakespeare que esconde en su interior una broma picante. En otras, el literato incluyó referencias sexuales encubiertas con el fin de animar al público, sin  llegar a escandalizar a la propia Isabel I – cuya fobia al matrimonio y a los asuntos de alcoba era más que conocida.

Hay ejemplos para elegir: en una de las escenas de Hamlet, el escritor juega con la palabra ‘nothing’ («nada», en español), que en la jerga isabelina hacía referencia a las partes íntimas de una mujer y en uno de los diálogos entre los protagonistas de ‘Mucho ruido, pocas nueces’ aparece el verbo «morir» como eufemismo de «orgasmo». Siglos más tarde, el catálogo de frases ‘shakespearianas’ que deberían incluir un «guiño, guiño» se ha visto ampliado con una cosa «demasiado suave y demasiado pequeña». Pues eso: guiño, guiño.

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Con información de Live Science, Red Orbit, Mentalfloss, Cahiers Science et Vie y Muse. Las imágenes de este artículo son propiedad, por orden de aparición, de Wikimedia Commons, The Bodleian First Folio, Tony Hisgett y Elliot Brown

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