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El trabajo del siglo XXI debería medirse por objetivos, no por horas

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  • 28.05.2013 |
  • 09:53 h.

Foto: Meeting Panorama (CC) Andrew Magill @ Flickr

El título de esta anotación proviene de un interesante artículo que Ilya Pozin dejó en Linkedin: Porqué los empleados no deberían tener horarios. Aparte de recomendar su lectura, me recordó un par de historias más que leí por ahí acerca de cuán obsoleta es la medida del trabajo hoy en día cuando se computan «horas» en vez de «objetivos». Cualquiera que haya trabajado alguna vez, o haya tenido empleados a su cargo, seguro que le ha dedicado algún que otro rato a meditar –o debatir encarnizadamente– sobre ello.

Aparte de estar de acuerdo en que hay ciertos trabajos que requieren un horario y otros que no (las alternativas ahí son complicadas), lo curioso es que en el resto del mundo laboral, donde en teoría se podría trabajar o teletrabajar de forma más flexible también hay un gran debate entre los que están a favor y en contra – algunos incluso a medio camino entre una cosa y la otra. Tampoco faltan los que prefieren no tener horarios o teletrabajar de vez en cuando… hasta que les toca ser jefes y contratar a alguien, momento en que exigen todo lo contrario (!)

Quienes están a favor de eliinar horarios y valorar principalmente los objetivos del trabajo suelen argumentar que esto permite trabajar más a gusto, ser más productivo y además conciliar trabajo, familia y ocio; también que supone un ahorro para la empresa (que puede incluso requerir menos espacio físico), que sirve para mejorar la confianza en los empleados, que evita distracciones inútiles y que favorece el trabajo en equipo.

Quienes están en contra, por otro lado, suelen considerar que no controlar la presencia u horarios de los trabajadores propicia que algunas «ovejas negras» no cumplan con la cantidad de trabajo (horas) que se le están pagando, o que se aprovechen de la situación; también creen que es mejor el contacto personal, por ejemplo en reuniones u otras situaciones de equipo. Además de eso, pretenden evitar injusticias como que «algunos trabajen más y otros menos».

El artículo de Pozin resume bien en cuatro puntos su opinión, que comparto al cien por cien: trabajar con horarios mata la productividad, crea desconfianza, es desmotivador (o no motiva en el sentido adecuado: cumplir los objetivos) y va en contra del trabajo en equipo. Simplemente estar en una silla no quiere decir que alguien «trabaje más» – el caso de los workalcoholics de baja productividad suele ser un buen ejemplo.

En mi experiencia en vidas anteriores tanto como «currante» como en el papel de coordinador de equipos siempre he intentado potenciar los objetivos y no los horarios o la presencia. Reconozcamos que las reuniones físicas tuvieron su época dorada, pero hoy en día en que se puede compartir y documentar mejor la información por otros medios, suelen ser absolutamente tóxicas.

Por poner algún ejemplo: está claro que si tienes que escribir unos artículos, crear una web o programar un componente de algún sistema lo mejor es que lo hagas donde y como sea más efectivo: en tu casa, en la cafetería o el bar de la piscina. Lo mismo le diría a un diseñador, a un comercial o a un abogado. Si quieres presentar una idea, puedes hacerlo de forma breve en un correo; para hacer brainstorming te vale hasta Whatsapp.

Desde hace años tenemos herramientas para trabajar desde cualquier lugar «como si estuvieras allí». Basta ser razonable, elegir unas horas en las que estar disponible si fuera necesario y estar conectado. Los tiempos en que era necesario medir el trabajo por horas ya pasaron: aquello estaba bien para las líneas de producción de las fábricas, pero no es aplicable a otro tipo de trabajos. Conceptos como pagar las «horas extra» suenan un tanto obsoletos cuando un «extra por objetivos» sería tal vez mucho más adecuado.

Entre las grandes ventajas que personalmente encuentro a trabajar por objetivos y sin horarios están poder organizarte mejor la logística del día a día, elegir tus mejores momentos de productividad a lo largo del día y poder combinar trabajo y ocio: por ejemplo yendo a visitar museos, tiendas, hacer deporte u otras actividades entre semana, cuando apenas hay nadie y resulta más cómodo. Además teletrabajar tiene otros pluses: detalles como no tener que usar el coche, poder comer en casa mejor y más barato o descansar a tutiplen (¡siesta!)

Cuando las empresas obligan a este tipo de cosas a la fuerza, obligando a la gente a trabajar por horarios –maldígase la «máquina de fichar»– pueden suceder cosas divertidas, y estas son las dos historias que mencionaba al principio:

Una de ellas es la historia de un tal Bob, un consultor norteamericano con un sueldazo de más de 100.000 dólares al año que descubrió una mina de oro: subcontratar su propio trabajo. El tío se pasaba el día en eBay y mirando fotos de gatos –sentado en su mesa en la oficina, eso sí– mientras coordinaba su trabajo de programación con unos chinos (literalmente) a quienes había descrito lo que necesitaba y cómo programar el código que necesitaba. Lo más curioso es que el trabajo estaba siempre completado a tiempo, la empresa no tenía ninguna queja, él cobraba su generoso salario, pagaba una parte espléndida a los chinos y todos contentos. ¿Qué hacer en un caso así?

El otro es no menos divertido: el operador pica-textos que automatizó su trabajo. Resulta que el hombre tenía un gran dilema: el trabajo para el que le habían contratado consistía en picar textos, validar datos, rellenar formularios… Todo lo evaluaba un software especial: a final de mes los trabajadores se repartían unos bonus por volumen, calidad, eficiencia… A él –que tenía espíritu de programador– se le ocurrió emplear algunos trucos y bases de datos para completar los datos auxiliares para recopilar los datos y validarlos mejor que nadie. ¿El resultado? Su trabajo era 99,9% perfecto y siempre ganaba los bonus y extras – aunque el pobre se sentía sucio por la forma en que lo había conseguido. Pero, lo más impresionante: trabajaba tan solo 8 horas a la semana en vez de 40 o 50 y hacía más trabajo que los demás. ¿Qué harías si fueras su jefe, darle un premio, despedirle o…?

{Foto: Meeting Panorama (CC) Andrew Magill @ Flickr}

Comentarios: 8

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Otra forma de decirnos que el sueldo debe ir ligado a la productividad.

Comentario Eduardo | mayo 28, 2013 | 4:18 pm

En este tema va a ser muy dificil cambiar la forma de pensar tradicional, por ejemplo en mi trabajo muchos compañeros y yo mismo nos decimos “para que me apuro a terminar la meta? de todos modos tengo que cumplir el horario a mi no me beneficia llegar pronto a una meta” Comparto una liga a tips para conservar el empleo que me parecieron buenas ideas. http://recorta.com/85b5ce

Comentario Jose Martinez (@zibertronics) | mayo 29, 2013 | 7:34 pm

Sólo he tenido un trabajo sin horarios y puedo decir que ha sido donde más provecho han sacado de mí y donde más a gusto he estado. El sueldo era fijo pero tenías que cumplir tus objetivos, independientemente de si lo hacías en casa, en la oficina o en el parque. El resultado es que todos los compañeros poníamos entusiasmo y los objetivos se alcanzaban antes de lo previsto. Cuando hacía falta reuniones quedábamos para desayunar con la jefa en una cafetería, para que nos sintíeramos más relajados y pudiéramos expresarnos abiertamente. ¡Cómo lo echo de menos!

Comentario Currante empedernido | mayo 31, 2013 | 11:31 am

Esto está muy bien si la relación laboral es equilibrada. Desgraciadamente no es así y, en la mayor parte de los casos, la empresa tiene más fuerza que el trabajador. Si no ponemos límites, el horario tiende a expandirse sin que por ello exista una compensación por parte de la empresa.

Por otro lado, es curioso que se presente el sistema de horario como anticuado, cuando su establecimiento fue un logro que eliminó (o limitó) la explotación en los tiempos en que se pagaba en función de (oh, vaya!) la producción. ¡Qué moderno todo esto!

Tampoco deja de ser curiosa la forma de definir la carga de trabajo en función de las necesidades de la empresa, pero no hacer lo recíproco: definir la compensación (salarial o no) en función de las necesidades del trabajador.

En resumen, tiene que existir un sistema que permita medir de forma lo más inequívocamente posible el equilibrio (o la falta de él) en las relaciones laborales. La productividad es un concepto difícil de medir, por subjetivo. El horario es claro y meridiano, no caben interpretaciones.

Comentario kchopein | junio 2, 2013 | 11:08 am

[…] artículo se publicó originalmente en Cooking Ideas, un blog de Vodafone sobre historias que «alimentan la mente de […]

[…] artículo se publicó originalmente en Cooking Ideas, un blog de Vodafone sobre historias que «alimentan la mente de […]

no creo que sea una buena idea para una gran multitud de trabajos que no tienen metas ni objetivos y que son por cierto los mas denostados por las empresas, como son los de mantenimiento y reparacion o trabajos en los que las metas no esta de tu mano cumplirlas o no, una cajera de un super.

Ademas de que las metas las marca la empresa y no existe una ley que les ponga maximos, cosa que al final sera aprobechada por los empresarios para mangonear a los trabajadores estipulando metas inalcanzables para no pagar un extra o un suplemento

Comentario garnok | agosto 18, 2013 | 5:01 pm

No estoy deacuerdo en varios puntos del artículo.

Para empezar poca gente tiene la capacidad de dedicación necesaria para trabajar únicamente por objetivos, de los que me he encontrado en mi vida laboral los podría contar con una mano.

La mayoría de veces que hemos intentado empezar a hacer teletrabajo ha acabado siendo un fracaso por falta de dedicación y responsabilidad.

Sobre lo de hacer brainstorming por wassap… en fin, me hace pensar que el tal Alvyn en su vida ha hecho un brainstorming en condiciones.

Comentario Aralmo | agosto 21, 2013 | 10:20 am

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