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Trailers de libros, ¿la peor mejor idea de la industria editorial?

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Soy un gran fan de los trailers de películas, aunque por el motivo opuesto al que fueron creados: rara vez voy a ver una peli porque me haya gustado el tráiler pero he dejado de ver centenares de ellas “gracias” a esa promoción. Lo bueno del tráiler es que es muy difícil engañar al incauto: si los 40 segundos que me enseñas es lo mejor de las dos horas del original creo que me puedo ahorrar el resto.
A esta modalidad de tráiler desestimulante hay que sumar el tráiler revelador, aquel que te desmenuza la película, ahorrándote el tiempo y el dinero de ver el original.
Estoy a favor de los trailers, qué duda cabe.
La industria editorial tiene el miedo metido en el cuerpo: las novedades editoriales se acumulan en los almacenes, las ventas se estancan y sus clientes, nosotros, cada vez pasamos más tiempo enganchados en Internet, esta biblioteca infinita y gratuita. Pero si los que somos talluditos cada vez leemos menos (en papel), para gran parte de la muchachada de hoy en día un libro resulta más extraño que el botón e FFW de un radiocasete.
Para atraer a esta juventud descarriada (“mercado potencial”, le llaman) hacia la lectura se han inventado los trailers de libros: un pequeño videoclip que imita el formato del trailer cinematográfico con el que se pretende despertar el deseo de leer el libro, a ser posible pagando por él. Pero sucede que el tráiler de cine es connatural a su original, pues no es otra cosa que un corta-pega caótico. En el caso del tráiler de libro es necesario cambiar del formato texto al audiovisual. Y eso no resulta fácil.
Llevo varias semanas viendo trailers de libros en YouTube (y, por cierto, quitándome tiempo para leer unos cuantos tochos en papel que me esperan abajo) y me sucede lo mismo que con sus émulos: ninguno me ha despertado ni la más mínima curiosidad por leer el libro pero he decidido que el resto no los leeré jamás salvo motivo de fuerza mayor (aislado por la nieve en Palencia, prófugo de la Policía del Pensamiento de “1984”, qué se yo).
Por si fuera poco, existen dos riesgos añadidos: que el tráiler sea tan bueno (me sucedió con “Amberville”) que den ganas de seguir viendo más YouTubes del mismo autor o que el cliente target se haga la picha un lío y, como he visto en algún comentario, exprese su entusiasmo: “¡Qué guapo el trailer! A ver si estrenan ya la peli”. A fin de cuentas, ¿qué es un libro, sino el paso intermedio (y prescindible) entre un trailer y su película?
A continuación, una selección de trailers de libros:
“Cinco segundos”, de Javier González
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“Willy el tímido”, de Anthony Browne
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“La Atlántida histórica de Platón”, de Georgeos Díaz
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“La luz y la sombra en el vértice del tiempo”, de Marcelina Menéndez
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“El síndrome de Korsakoff”, de A. Fausto
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