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¡Vivan las antípodas!

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Sólo el 25% de la superficie de nuestro planeta está cubierta por tierra emergida. Además, los continentes están repartidos desproporcionadamente entre ambos hemisferios: dos tercios están en el hemisferio norte y sólo un tercio en el sur, de modo que el 81% de la superficie de éste está cubierto de agua. Si a esto añadimos una dosis de azar geográfico (las antípodas de Australia están en mitad del Atlántico norte) resulta excepcional que una zona emergida se encuentre con otra al otro lado del planeta, en sus antípodas, tal y como muestra el mapa.

Pero hay unas cuantas excepciones: la zona central de la Península Ibérica coincide con la Isla Norte de Nueva Zelanda, mientras la Isla Sur ejerce de contrapunto de Galicia. El pueblo de Miraflores (Madrid) y Castlepoint (Nueva Zelanda) es uno de los cuatro pares de antípodas que ha recorrido la cámara del cineasta ruso Victor Kossakovsky en su pictórico documental ‘¡Vivan las antípodas!’, recientemente estrenado en España.

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La película comienza en la remota provincia argentina de Entre Ríos, donde dos hombres que mantienen un puente para que los coches puedan cruzar un río durante las crecidas se preguntan a dónde llegarían si se cayeran por un agujero que atravesara la Tierra, como Alicia cuando atravesó el espejo. Pues bien, llegarían a una ciudad hiperpoblada, delirante, contamida y, probablemente, incomprensible para su mentalidad de gauchos: Shanghai.

La pareja Villaguay – Shanghai es la más dispar de los cuatro pares que aparecen en el documental. De hecho, el antípoda vecino, Chile (Torres del Paine) parece que se hubiera proyectado al otro lado del mundo, a las orillas del lago Baikal, en Rusia. La vida de los granjeros chilenos y rusos parecen confrontadas por espejos levemente deformantes: frío, soledad, cielos inabarcables, silencio, viento.

El último de los pares vincula dos puntos de clima tropical: la Isla Grande de Hawai y Botsuana, en África meridional. En el calor que transmiten las imágenes se acaban las similitudes entre ambas antípodas: una familia africana ve una manada de elefantes abrevar mientras sus homólogos hawaianos juegan basket entre la lava (con un disco de ABBA).

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Una película susurrante, extraña, sosegante, bella y también extraña, como la vida misma. Cedo la palabra a María Bertoni, de Espectadores:

“La experiencia es gratificante por partida doble. Desde un punto de vista estético, gracias a la hermosa fotografía que captura rincones de los ocho paisajes y a una banda sonora rica en matices melódicos. En términos narrativos, porque la cámara sabe encontrar el equilibrio justo entre las características universales y regionales de nuestra condición humana.”

¡Vivan las Antípodas!’ se estrenó en Madrid el pasado 19 de marzo en la Filmoteca Nacional, dentro de la Muetra 3xDOC.

Con información de Espectadores y Escribiendo Cine.

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