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Cómo se siente experimentar con nueva tecnología después de 25 años en la cárcel

**Michael Santos** pasó 25 años en una cárcel de Estados Unidos. En 1987, cuando empezó a servir su sentencia, usaba un teléfono gris, grande y pesado fabricado por Motorola, un *pager* y un ordenador de IBM con DOS (nada de Windows) que probablemente tenía 128 o 256 kilobytes de memoria RAM.

Santos salió de la cárcel hace cinco meses y [cuenta en **Quora**](http://www.quora.com/Prisons/What-is-it-like-to-be-exposed-to-new-technology-after-a-20%2B-year-prison-sentence?__pmsg__=+ek5HTzdFVHNMR2M3Z2RGVkVqak06YS5hcHAudmlldy5wbXNnLmFsbC5Mb2dnZWRJbkZyb21MaW5rOltbNDk2OTc2XSwge31d) cuáles han sido sus dificultades y cómo se siente experimentar con la tecnología disponible hoy, después de tantos años de estar privada de ella.

Lo primero que menciona es la dificultad de recordar tantas contraseñas diferentes. Aunque quisiera usar una para todo, su esposa le recuerda los problemas de seguridad que eso implica, incluyendo el robo de identidad (dice haber conocido a varias personas que encerraron en la cárcel por eso). Le gusta **Quora** porque el sistema le permite contestar preguntas y «repartir conocimiento» sobre estar confinado en una celda. Con el desconocimiento del funcionamiento de internet, redes sociales de uso general como Facebook o Twitter representan un reto en entendimiento para Michael Santos por lo que prefiere redes con fines mucho más específicos.

También le cuesta entender lo que significa usar un navegador. Aunque sabe que con una aplicación puede acceder a una web, le cuesta entender que a ese software se le llama navegador y el por qué. De hecho le cuesta diferenciar entre navegador y Google, porque las dos cosas sirven para llegar a direcciones web. Desconoce qué es un servidor o toda la infraestructura detrás de lo que hace que funcione internet.

Además comenta que su esposa, al salir de la cárcel le compró un **iPhone 4S**, un **iMac** y una **MacBook Pro**. Al ser todo de **Apple**, Santos imaginaba que todo se interconectaría automáticamente y funcionaría bien. ¿El problema? La esposa es un usuario de Windows y prefiere *software* de Microsoft, que es lo que conoce y es con lo que ella puede ayudarlo cuando tenga problemas. Por lo cual esa comunicación entre dispositivos se dificulta. De hecho le ha costado lograr hacer cosas simples como enviar emails y sincronización entre dispositivos. Es curioso, pero son problemas que deberían tener soluciones simples por encima de la compañía que esté haciendo las aplicaciones y sobre todo, «interoperación» total, es decir, poder usar software de una compañía con el hardware de otra sin limitantes. Claro que eso amenazaría el modelo actual de crear ecosistemas cerrados por parte de Google, Apple, Microsoft, etcétera.

Una persona que estuvo 25 años en la cárcel poco tiene o debería de entender de ecosistemas cerrados.

Hoy Michael Santos intenta ganarse la vida como orador motivacional, no, no es la mejor decisión del mundo, pero podría ser mucho peor. También ha escrito un libro llamado *[Earning Freedom](http://michaelsantos.com/earning-freedom/)* donde cuenta sus experiencias durante todos esos años como prisionero por un crimen de distribución de cocaína. Se ha abierto un [Twitter](https://twitter.com/#!/michaelgsantos) y contesta relativamente bien. Es claro que hay personas atrás de Santos manejando su presencia online y tratando de transformarlo en una marca de éxito. Pero también es cierto que no es todos los días que vemos que una persona sale de la cárcel y hace este tipo de cosas.

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