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Déjame atravesar el pasillo sin documentos


La edad dorada de la «oficina sin papeles» que prometía el nuevo siglo ha fracasado estrepitosamente. En vez de recortarse el uso de papel, éste se ha disparado, culpa en parte a las mejoras de funcionamiento en impresoras y fotocopiadoras, culpa en parte de lo mucho que nos gusta el tacto de la celulosa.
Se estima que actualmente hasta dos de cada cinco páginas impresas en la oficina son para lo que se denomina uso «diario», como el correo electrónico, las páginas Web y los materiales de referencia que se imprimen para un uso único y puntual.
Hace unos días me sorprendía el anuncio de la impresora «PrePeat» de Sanwa Newtec. La marca japonesa ha diseñado una innovadora máquina que tiene el potencial de cambiar la industria del papel. Esta eco-impresora no requiere cartuchos de tinta, no tiene tóner y puede borrar el papel para ser reutilizado una y otra vez.
Para ello utiliza hojas de plástico PET regrabables, que son capaces de ser borradas para volverse a imprimir alrededor de 1000 veces cada una. Este papel, denominado Peat Paper, es sensible al calor que emite el cabezal de la impresora, que puede imprimir un nuevo documento en una hoja usada o borrar uno existente para dejar el soporte impoluto.


PrePeat no deja de ser una impresora térmica como tantas que nos acompañan desde el Pleistoceno de los fáxes; sin embargo, sí que se le reconoce el logro de borrar un mismo «papel» para utilizarlo varias veces. Pero a qué precio: unos 2,5 euros por papel couché, a los que hay que sumar los 4.000 euros de la impresora-borradora.
Hace un par de años Xerox también hizo sus pinitos en la erradicación del desperdicio de papel en las oficinas con una tecnología de impresión experimental que definió como de «papel borrable» y que permitían imprimir algo durante un sólo día, que era lo que la tinta tardaba en borrarse como por arte de birli-birloque.
Esta «impresora» creaba la imagen en un nuevo papel, que contenía moléculas codificadas que podían generar una huella después de ser expuestas a la luz ultravioleta emitida por una barra de impresión. Al cabo de 24 horas, las moléculas se reajustan automáticamente recuperando su estado original, dejando el papel en blanco. La aplicación de calor permitía también borrar los textos de manera instantánea y voluntaria.

La idea era buena, pero a día de hoy todavía esperamos verla en la calle. Desgraciadamente, ni el papel térmico de Sanwa (por su coste) ni el papel químico de Xerox (por su tardanza) pueden resolver los problemas de derroche de papel a día de hoy. Por eso la única opción que nos queda, aunque parezca una locura, es…borrar el papel con una goma de borrar, como se ha hecho toda la vida.
Es la radical idea de esta impresora-plotter del diseñador Hoyoung Lee, que utiliza un lápiz de grafito para imprimir y una goma Milán para borrar. Esto significa que en vez de costosos cartuchos, se puede utilizar cualquier lápiz medio gastado que tengamos a mano. Y sobre el soporte folio de toda la vida.
Cierto es que nos va a quedar todo como una lámina de Emilio Freixas, pero una vez terminado, la impresora puede pasar la goma con un cabezal de borrado, para terminar empujando las virutas de desecho hacia un compartimento inferior. Todo ayudado por la forma curva de la máquina, que permite limpiar, fijar y dar esplendor por insólita gravedad.

Vía Yanko

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