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Identificando a los verdaderos buenos jugadores con análisis de redes sociales


Después de que ayer España fuera apisonada por un queso suizo, se me viene a la mente si realmente nuestra «roja» está formada por los mejores jugadores. Y si realmente los mejores jugadores hacen al mejor equipo.
El debate sobre qué jugador es mejor que otro es, posiblemente, el tema de conversación más manido en toda la sociedad occidental. Desde que uno es niño, hasta que se convierte en viejo, la eterna pregunta, o la eterna afirmación (Fulanito es el mejor), persigue las charlas de fútbol.
Luis Amaral, profesor de la Universidad Northwestern, creció en su Portugal natal observando y hablando de fútbol con sus amigos y debatiendo apasionadamente sobre que jugadores eran «los mejores». Pero, siempre ha sido sólo una cuestión de opinión.
A diferencia del baloncesto, donde cada jugador tiene estadísticas hasta de los pasos que da, no hay una gran cantidad de información estadística que detalla cómo cada jugador de fútbol contribuye a un partido. Los datos se hacen a nivel global, pues «lo importante es el equipo».
Por eso Luis Amaral ha combinado su amor por el fútbol con las habilidades de cálculo de su equipo de investigación para cuantificar y clasificar el éxito de los jugadores de fútbol basándose en una medida objetiva de resultados en lugar de la opinión de tasca habitual.
Para encontrar una forma cuantitativa de clasificar a los jugadores, utilizó un software para extraer información de las estadísticas por jugada del sitio web de la EuroCopa 2008 y, junto a Jordi Duch, profesor asistente de Matemáticas Aplicadas y Ciencias de la Computación en la Universitat Rovira i Virgili, utilizaron los datos para medir el rendimiento de los jugadores mediante la generalización de los métodos de análisis de redes sociales.


Definieron una red en la que los elementos de la malla eran los jugadores. Las conexiones entre los jugadores tienen forma de los pases de balón entre unos y otros, así como las relaciones de las redes sociales se basan en los mensajes entre unos y otros. Además, se puede añadir un elemento más en esta red, que es gol, el éxito, el fin último. El equipo de Amaral trazó el flujo de la pelota entre los jugadores en la red, así como información sobre el disparo y se analizaron los resultados.
Según los investigadores, las formas y las veces en que un equipo toca la pelota y ésta termina en un tiro bajo los palos es lo que determina lo bueno que es un equipo. Y, por tanto, cuantas más veces la pelota pasa por un determinado jugador para terminar en un tiro, eso es lo que determina que sea el mejor jugador.
Al final, los mejores jugadores que obtuvieron para la Eurocopa de 2008 fueron exactamente los mismos que habían sido nombrados por consenso por los expertos en fútbol de aquellos años, uniendo de esta forma la subjetividad de las charlas y la opinión futbolera con los datos científicos extraídos de un ordenador.
Este enfoque podría ser útil en otros contextos donde la cuantificación de las contribuciones de cada miembro del equipo es importante. Las empresas podrían utilizarlo para clasificar y evaluar el desempeño de los empleados que trabajan juntos en un proyecto de equipo, por ejemplo.
Aunque lo principal es marcar el gol (que el marrón salga adelante), ni siquiera está claro cómo asignar puntos positivos a los miembros individuales del equipo. De ahí que la forma de determinar quién ha currado mejor, quién es el mejor jugador del equipo de oficina se base, simplemente, en una cuestión de opinión. Y no de números.
Nos sabemos si el equipo de Amaral, y sobre todo Jordi Duch, estarán con una sonrisa cómplice instalada en sus labios después de ver lo que hizo ayer España en el Mundial. Aunque tocaron la pelota casi infinitas veces, ésta nunca llegó a gol. El fin no se alcanzó; el trabajo no salió. Y nuestros «mejores jugadores» se convirtieron, por números y por opinión, en unos paquetes de tomo y lomo.

El estudio, con todos sus detalles, aquí.

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