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Cuatro clases magistrales que no querrás perderte

Garcilaso

Enseñar no es tarea fácil. No solo hay que lograr colocar unos conocimientos y habilidades en las mentes de otras personas guiándoles con hacia el conocimiento, sino que también hay que ser capaz de motivar y hacer que aquello que se está intentando enseñar sea atractivo y guste, para que el conocimiento llegue más rápido y se quede más tiempo en nuestros cerebros.


Randy Paush y la última lección

Cuando los médicos te diagnostican un cáncer terminal y te quedan pocos meses de vida, ¿qué mejor que dar una última gran lección ante tus alumnos y compañeros de universidad? Enseñar con los ojos de quien está ante las puertas de la muerte cuáles son las lecciones más importantes de la vida. En 2007 Randy Pauch ofreció la emotiva  charla, no exenta de humor, “The Last Lecture: Achieving Your Childhood Dreams (La última lección: consiguiendo tus sueños de la infancia) con la que, sin planteárselo, hizo historia. Su vídeo tiene más de 16 millones de visitas en YouTube y el libro The Last Lecture (2008) que se escribió posteriormente ahí ha sido un best seller traducido a más de 32 idiomas. Pausch fue considerada como una de las 100 personas más influyentes según la revista Time. Estas son algunas de sus más memorables citas:

Las paredes de ladrillo están ahí por una razón. Las paredes de ladrillo no están ahí para dejarnos fuera, las paredes de ladrillo están ahí para darnos la posibilidad de demostrar lo mucho que queremos algo. Las paredes de ladrillos están ahí para parar a la gente que no lo quieren lo suficiente. Están ahí para parar a la otra gente!”

“Experiencia es lo que consigues cuando no obtuviste lo que querías”.

“Nunca pierdas el espíritu soñador infantil. Es muy importante. Es lo que nos mueve”.

“El mejor regalo que le puede dar un educador a cualquiera es que llegue a ser auto-crítico”.

“Ignorad lo que dice la gente y prestad atención a lo que hacen. Valen más las acciones que las palabras”.

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Enrique Legaspi: Twitter para los tímidos

Hacer que todos tus alumnos participen en clase no es fácil, y menos aún cuando son adolescentes y viven esa etapa de la vida tan complicada. Los hay a quienes les encanta tomar la palabra y participan activamente en clase, pero la mayoría son tomados por la timidez y la inseguridad e intentan pasar desapercibidos en los debates.

Para animar a que todos sus alumnos participen en igualdad, Enrique Legaspi, profesor del colegio, Hollenbeck Middle School en el Este de Los Ángeles, tuvo la idea de aliarse con la herramienta de moda que la mayoría de los chavales utilizan, de modo que e integró Twitter en sus clases y conectarlo a un proyector. Así, los alumnos tímidos, mediante sus teléfonos móviles o los ordenadores de clase, envían sus twitts con respuestas y comentarios acerca de lo que se está comentando en clase y les ayuda a sentirse más integrados.

“Para muchos de ellos, lo único que hice fue ayudarles a encontrar su voz en clase”, afirma Legaspi. “Tengo muchos alumnos que no participan en las clases o comparten lo que está en su mente, por lo que Twitter se convirtió en el medio con el que podían hacerlo”.

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José y el Gin-Tonic

Hacer prácticas de laboratorio con productos que no atraen nada a los estudiantes es frustrante, tanto para el profesor como para los alumnos. Así que, ¿cómo hacer la clase de Química Analítica más interesante? Analizando cosas que los jóvenes conozcan muy bien y les gusten. Por ejemplo, el gin-tonic.

José, profesor de la Universidad de Murcia, cuenta en su blog (historia novelada) cómo logró que sus alumnos mostraran interés en las prácticas sobre fluorescencia preparando unos gin-tonics y explicando cómo la espirituosa bebida conseguía adquirir ese tono fluoerescente en las profundidades de las discotecas los sábados por la noche.

Una práctica en la que todos participaron activamente y mostraron gran interés, aunque luego no pudieran tomarse los gin-tonics.

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Jennifer Roberts: Mirar un cuadro fijamente durante 3 horas

Jennifer Roberts es profesora de Historia del Are y la Arquitectura en Harvard y ha encontrado la manera de evitar que sus alumnos se distraigan y aprendan a concentrarse: Les hace escoger una pintura, escultura u otra obra de arte y les hace mirarla fijamente y con atención durante tres horas.

A simple vista puede parecer el más cruel de los castigos, pero con esta técnica, los jóvenes confiesan que logran ver cosas y desarrollar ideas que de otra manera serían incapaces de lograr y las obras de arte adquieren otra dimensión.

“Lo que me gusta de esta tarea es que echa por tierra la creencia de que te aburres si miras con atención a algo durante tanto tiempo”, cuenta un profesor de Psicología de la Universidad de Virginia. Además, según los expertos, es un ejercicio muy bueno para entrenar al cerebro que tan malacostumbrado está a los desvíos de atención producidos por los teléfonos móviles e internet. Ya somos incapaces de prestar atención como antes, y los alumnos agradecen esta práctica.

 

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