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Derribando mitos: 9. Los humanos somos monógamos

“El amor es algo irreal, mientras el matrimonio es real. Cualquier confusión entre lo real y lo irreal conduce irremediablemente al desastre”.

Goethe

El matrimonio como concepto y la coletilla “para toda la vida” son instituciones recientes pero tan fuertemente arraigadas en casi todas las sociedades que tendemos a pensar que son “naturales”. Sin embargo, la misma idea de pareja es relativamente reciente, en torno a 10.000 años, y surge con el desarrollo de la agricultura, según los antropólogos Christopher Ryan y Cacilca Jethá, una pareja de psicólogos norteamericanos afincados en Barcelona, autores de Amanecer del Sexo: los orígenes prehistóricos de la sexualidad moderna (Harper Collins, aún sin traducir al español), que tiene todos los visos de convertirse en un clásico instantáneo sobre sexualidad humana.
El empeño en aplicar a nuestras relaciones cláusulas de “fidelidad” o “monogamia”, o de confundir el amor con el sexo, puede estar en el origen del ambiente de frustración sexual entre las parejas de occidente, donde las tasas de divorcio se disparan, aumenta el número de madres solteras y las parejas que optan por una relación clásica suelen estar atrapadas en uniones carentes de pasión y sexo. Según Ryan, “el matrimonio en occidente no funciona porque está en confrontación directa con la realidad de nuestras especies”.
Los ciento y pico siglos transcurridos desde la invención de la agricultura puede parecer un período largo pero apenas supone un 5% de nuestro recorrido como especie. Como es bien sabido, la agricultura introdujo la idea de propiedad entre los humanos, incluyendo la “propiedad de la sexualidad”, según el libro: “Los grupos nómadas apenas tenían propiedades, de modo que todo era compartido, incluyendo la comida, el cuidado de los niños, el refugio y la defensa. Tiene todo el sentido que la sexualidad también fuera compartido. ¿Qué importancia habría de tener entonces la sexualidad?”, responde Christopher Ryan en una entrevista en Salon.com.
La prueba definitiva de la antigua promiscuidad humana (ahora reprimida, no superada, recordemos) reside en el tamaño de los testículos humanos, un predictor de la promiscuidad de los mamíferos. En concreto, los testículos de los hombres son proporcionalmente menores a los de chimpancés y bonobos, ambos más promiscuos, pero mayores que los de los gorilas y los gibones, prácticamente monógamos.
La idea de la proporcionalidad entre el tamaño de los testículos y la variedad de parejas no es nueva. Ya la planteó otra pareja de psicólogos, David Barash y Judith Lipton, en “El mito de la monogamia”. Barash explica en un artículo la variabilidad entre las especies de primates: “Los gorilas machos compiten con sus cuerpos, no con su esperma. Una vez que el macho dominante ha conseguido el control de un harén de hembras, tiene bastante garantizado que será el único macho en copular con ellas”. El chimpancé, por el contrario, disfruta de “barra libre” de sexo, así que para garantizar que las crías son suyas -el triunfo de los genes que describía Richard Dawkins en “El gen egoísta”- necesita dotarse de unos testículos desmesurados.
¿Y los humanos? Entre dos tierras: buscamos pareja estable pero, una vez lograda, tendemos al adulterio. Además, como nuestros parientes más cercanos, los bonobos, utilizamos el sexo para motivos que van más allá de la reproducción, algo que nos convierte, según los autores de “Amanecer del sexo” en una suerte de “maníacos sexuales” a ojos de otras especies. He aquí algunos de los motivos por los que los humanos practicamos sexo:

“Por diversión, por placer, por dinero, para consolidar una amistad, para gratificación del ego, para relajarnos, para sellar una alianza política (piense en los matrimonios reales)” (extraído del Q&A de la página web del libro).

¿Es la receta para la integridad sexual recuperar la promiscuidad? Los autores se abstienen de dar ninguna receta al respecto. Tampoco abogan por la monogamia en serie (ir de pareja en pareja, a medida que se agota la pasión sexual), “pues nos sitúa  en un archipiélago de fracaso: islas aisladas de felicidad transitoria en un frío y oscuro mar de desencanto”.
Página web de “Sex at Dawn”. Ilustración: «Baile en el harén», de Giulio Rosati.
Otros mitos derribados:
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Derribando mitos: 2. Adicción a Internet (Eduardo Arcos)
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Derribando mitos: 4. El mundo está cada vez peor (Y esto no hay quien lo arregle)
Derribando mitos: 5. Sólo utilizamos el 10% de nuestro cerebro
Derribando mitos: 6. Una descargar equivale a una venta menos (Eduardo Arcos)
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Derribando mitos: 8. La homeopatía cura (Eduardo Arcos)

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